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Domingo 04 de Mayo de 2008

Un socialismo de alta velocidad

El salto político que pegó el socialismo en 20 años fue extraordinario. De tener una solitaria banca en el Concejo de Rosario pasó a gobernar una de las provincias más importantes del país. Incluso la fórmula presidencial que integró junto a la dirigente Elisa Carrió salió segunda en las últimas elecciones.

El salto político que pegó el socialismo en 20 años fue extraordinario. De tener una solitaria banca en el Concejo de Rosario pasó a gobernar una de las provincias más importantes del país. Incluso la fórmula presidencial que integró junto a la dirigente Elisa Carrió salió segunda en las últimas elecciones. Esto le ha dado al Partido Socialista visibilidad nacional, lo cual lo obliga a posicionarse sobre muchos temas que antes eludía de manera elegante. Pero este alto grado de exposición pública también tiene sus riesgos, ya que desnuda de manera cruda las incoherencias en el discurso. Y en el caso del proyecto del tren de alta velocidad Retiro-Rosario-Córdoba la posición (¿?) del socialismo como mínimo desorienta.

El propio discurso del gobernador Binner giró 180 grados en sólo tres meses. El 16 de enero pasado el mandatario santafesino participó en la Casa Rosada de la firma del decreto de adjudicación de esta megaobra. En el acto sólo hubo dos discursos: el de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el del propio Binner, en representación del trío de mandatarios de las provincias por donde pasará el tren bala (que conforma junto a Scioli, de Buenos Aires; y Schiaretti, de Córdoba). “Hace mucho venimos hablando del ferrocarril en situación de retroceso y empezar a hablar de la recuperación es un hecho trascendente para la Argentina que viene”, elogió el gobernador socialista durante la ceremonia. Y agregó: “Recuperar los ferrocarriles es un gran avance, ya que el colapso ferroviario se sufre en la cantidad de accidentes con carga de vidas humanas que se ven a diario en las rutas. En un territorio tan dilatado, es un hecho auspicioso que se empiece a pensar en reflotar el ferrocarril”. Tres meses después -cacerolazo, lock out y piquete agrario mediante-, Binner decidió bajarse del tren bala antes de que arranque al señalar que no es una prioridad para el país: “Habría que pensar en los trenes de carga en primer lugar, para aliviar el tránsito de camiones por las rutas”.

Como si no fueran del mismo partido, el intendente Lifschitz, en cambio, sigue mostrándose como un férreo defensor de este proyecto. Sus frases sobre el tema no dejan lugar a dudas: “Para Rosario es una enorme noticia”, “personalmente siempre apoyé la construcción del tren de alta velocidad”, “es una obra estratégica para Rosario”, “este proyecto le va a cambiar la cara a la ciudad y producirá un enorme impacto”... Y, para rematar, el jefe comunal dijo la semana pasada: “Estoy de acuerdo con la presidenta de la Nación (y en desacuerdo con Binner, le faltó decir) en el sentido que este proyecto no es contradictorio con las prioridades que tiene el país”. Y comparó esta iniciativa con el puente a Victoria al señalar que “esa obra también generó polémicas y denuncias, pero fue clave para la región”.

Pero si de denuncias habla Lifschitz, las más graves las presentaron justamente quienes hace pocos meses compartían listas con el propio socialismo y que en la actualidad siguen siendo teóricamente sus socios políticos. Así, la “obra estratégica” de Lifschitz es para Elisa Carrió “el símbolo de la corrupción del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner”. “Es una claro negociado, escandaloso, una humillación para los argentinos que viajan como ganado”, abundó, al tiempo que su fuerza impugnó la obra ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, la Oficina Anticorrupción y la propia Justicia.

El diputado provincial del socialismo Sergio Liberati también se mostró más cercano a Carrió que a Lifschitz al calificar el emprendimiento del tren bala de “obsceno y poco transparente”. Usando una terminología más suave, el ministro de Obras Públicas de Binner, Hugo Storero, sentenció: “Esta obra es un despropósito, no es prioritaria”.

Más político, como siempre, el ministro de Gobierno santafesino, Antonio Bonfatti (el hombre de mayor confianza de Binner), dijo: “Es una obra de gran magnitud, pero uno piensa cuántas cosas se podrían hacer con ese dinero”.
 
Un poquito de claridad y cohesión interna en el discurso no le vendría nada mal al socialismo. ¿O la estrategia deliberada es jugar a dos bandas en temas conflictivos de la actualidad nacional?

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