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Sábado 16 de Junio de 2012

Un servicio de odontología sostenido ad honórem y con el apoyo solidario

Funciona en La Tablada desde 2005. Trabajan odontólogos que donan su tiempo al barrio. Un proyecto de "educación para la salud"

"Este es un proyecto de educación para la salud, de contención y prevención". Así definen dos odontólogas recién recibidas el trabajo que realizan en el Centro Comunitario El Progreso, de Grandoli 3765, en pleno barrio La Tablada. Puede afirmarse que, además, la tarea tiene un fuerte compromiso solidario: los profesionales trabajan ad honórem. Una iniciativa que nació en 2005 del odontólogo Roberto Nannini, se afianzó en el barrio y se sostiene con el aporte de distintos actores. Y por si fuera poco es un vínculo que permite estrechar la práctica profesional con las necesidades sociales.

En este centro comunitario de la zona sur funciona un servicio de odontología, algo no siempre común en los barrios más vulnerables de la ciudad. Se sostiene fundamentalmente con el trabajo de los profesionales de la salud que asisten a personas de todas las edades, de pocos recursos económicos. Lo hacen sin cobrar un peso por su tarea. También con el aporte de distintas organizaciones gubernamentales y ONGs.

Lo que abonan los pacientes que asisten es ínfimo, simbólico, una tarifa que fijaron en el centro para las diferentes atenciones y que sirve para solventar los gastos, el mantenimiento del lugar. Aunque nadie se queda sin atención por falta de dinero.

Lema. El proyecto, que arrancó en 2005, fue ideado por el odontólogo Roberto Nannini, bajo un lema que define el espíritu de la idea: "Por una sonrisa digna". Es que —como sostiene el profesional— mantener esta sonrisa es tan importante como cuidar la salud bucal.

Al proyecto se sumaron tres odontólogas recién recibidas, que alternan su ejercicio particular con este de carácter social y solidario. Son Luisina Piasco, Marina Grossi y Lorena Reinhart. Las tres son muy jóvenes, no pasan los 30 años cada una.

"Quería entrar en contacto con la odontología por fuera de lo que es la facultad, aprender", dice Luisina Piasco sobre los motivos que la llevaron a trabajar en el centro. A la vez que asegura que fue "una buena oportunidad para trabajar junto a un odontólogo con experiencia, como Nannini".

Y agrega: "He aprendido un montón, todo esto me sirve mucho. Empecé para estar en contacto con diferentes pacientes, y luego me fui dando cuenta, con la cantidad de gente que asiste, que además empieza a darse la confianza, de quienes te eligen para atenderse con una o con otra, eso te hace sentir satisfecha".

La joven estudió en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), vive en Santa Teresa (ubicada a 50 km de Rosario), donde comenzó de a poco con su consultorio particular; pero se las arregla para ofrecer su tiempo y viajar todas las semanas a ejercer la odontología en el centro comunitario de Tablada.

También Marina Grossi arrancó con su profesión y se hace tiempo para trabajar en el servicio barrial. "La idea es que todos nos llevemos algo, que las personas se beneficien y accedan a una atención que no podrían de otra manera. Pero para nosotras también es un aprendizaje, porque acá todo se flexibiliza. En la facultad te enseñan lineamientos generales para todos, pero acá cuando te ponés en contacto con la gente tenés que abrirte para todos lados, para ver cómo solucionar un problema con los recursos que tenés".

El entorno.Para las jóvenes profesionales, el trabajo en el centro comunitario es "de educación para la salud, también de contención". Cuentan que en lo cotidiano no sólo deben atender el problema de salud puntual del paciente, "sino ver el entorno para resolver el problema a más largo plazo, donde entra entonces un trabajo preventivo".

Flavia Campos vive en el barrio y es la secretaria del centro. Es un nexo clave entre el servicio y la comunidad. Organiza los turnos y oficia de ayudante con los profesionales. "Vienen personas de todas las edades a atenderse, ya desde el año, año y medio las mamás traen a sus hijos para hacer consultas", cuenta la joven que también ofrece su tiempo.

Donación. Para sostenerse, el servicio odontológico se vale de la ayuda que consiguen de distintos actores. La última es una "unidad odontológica completa" que les donó la asociación de los Agentes de Propaganda Médica (APM). La donación les permite "ampliar y mejorar en calidad el servicio de atención al barrio", según expresan los profesionales del centro.

"Cambiamos por uno nuevo este que teníamos y que está en perfectas condiciones. Sabíamos que el servicio lo necesitaba, por eso lo donamos", cuentan satisfechos por el aporte los secretarios de Economía y Acción Social de APM, Oscar Pardo y Oscar Sampietro, respectivamente.

Al servicio se suman además dos jóvenes mecánicos dentales y estudiantes de odontología en la UNR: Sabrina Campos y Fredy Castillo. Son los encargados de contribuir con las prótesis y distintos arreglos. Hace poco el centro consiguió un subsidio de Desarrollo Social de la Nación para comprar un horno de cromo. Algo que les facilitará realizar prótesis de mejor calidad, por ejemplo.

La Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) no queda afuera de este emprendimiento colectivo: es un referente científico necesario para sostenerlo.

Si algo queda claro cuando se conoce de cerca la dinámica de cómo funciona este servicio de odontología de Tablada es que nada es sencillo, todo se hace con mucha constancia y ganas, pero sobre todo tejiendo los lazos necesarios para hacer palpable el derecho a la salud.

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