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Jueves 03 de Mayo de 2012

Un reto que exige diseño y recursos

Aunque son tres las áreas policiales que pasan a la esfera directa del poder político, la mirada más atenta centra el foco en la ex Drogas Peligrosas.

Aunque son tres las áreas policiales que pasan a la esfera directa del poder político, la mirada más atenta centra el foco en la ex Drogas Peligrosas. La narcocriminalidad ha escalado en la provincia como factor de la violencia urbana y de la preocupación pública. Y a la vez nunca esta dirección policial ha sido capaz de despejar persistentes incógnitas sobre su desenvolvimiento.

Lo que el gobierno parece buscar es eliminar interferencias entre la orden operativa impartida a la policía y su ejecución en el territorio. A la vez, ajustar las operaciones a una estrategia basada en la información colectada en la comunidad y estadística elaborada por el área de Análisis Criminal. Y sepultar el criterio de definir el quehacer en base a “datos de calle” que orientan a menudo acciones contra el tráfico barrial de manera espasmódica y no pocas veces oscura.

Es una tarea empinada y por hacerse. Conectar la persecución de delitos que se cruzan, como ocurre con el narcotráfico y la trata, es un intento complejo. Las autoridades saben que para ello deben poner el mayor esfuerzo en recursos humanos, inteligencia criminal y logística. Hace unos días, en este diario, un penalista de buena sintonía con la administración socialista, Alberto Binder, señalaba que el negocio de la droga trepa a raíz de ingresos que permiten pagar movilidad, información y asesoramiento profesional. Para desbaratar esa dinámica, decía Binder, hay que contar con lo mismo. Además actuar rápido.

El desafío también pasa, justamente, por delimitar dos campos confundidos: el del delito y el del que debe perseguirlo. Un control civil, en base a información construida con idoneidad por actores de distintas carteras que recogen lo que pasa en el territorio es un primer paso para producir algo distinto. El debate de la reforma tributaria es una buena ocasión para sentar prioridades frente a un reto que, para afrontarlo en serio, requiere recursos mayúsculos.

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