Opinión
Lunes 29 de Agosto de 2016

Un punto de infl exión para la inseguridad

Un "punto de inflexión" es un término matemático, pero en el periodismo se utiliza esta expresión cuando se quiere hacer referencia a un punto de cambio, cuando se produce un hecho que de repente hace que todo se modifique, que todo se transforme tan profundamente que nada vuelve a ser lo mismo.
Ya hace un largo tiempo que uno se pregunta cuál será el suceso que se convertirá en el punto de inflexión a partir del cual comenzará a cambiar la grave situación de inseguridad que padece Rosario. ¿Qué otro hecho sangriento debe ocurrir para que los poderes públicos tomen real conciencia del problema de la violencia o simplemente se vean acorralados por la presión social y no tengan otra alternativa que asumir que no hay más margen para seguir mirando para otro lado?
Estamos ante una cuestión medular, como es la obligación del Estado de garantizar la seguridad de las personas. Por ende, la crítica situación actual requiere de soluciones y medidas profundas. Y para ello se necesitan gobernantes y funcionarios con conocimiento, decisión y convicción.
No hay que ser muy sagaz para darse cuenta que una parte importante del problema está en la propia policía provincial, que nunca fue sometida a una amplia reforma por parte de los sucesivos gobiernos. Es que más allá de la valorable voluntad individual de muchos de sus efectivos, la policía santafesina padece el mal endémico de la corrupción, la desidia y la falta de capacitación.
Un cóctel de ingredientes que sumado a los ineficaces planes de seguridad y los problemas de equipamiento, infraestructura y condiciones laborales da como resultado una policía con grados alarmantes de inoperancia para proteger y cuidar a los habitantes de la ciudad y la provincia. Y en otra medida el problema también está en el Poder Judicial.
Nadie es ingenuo y exige que la seguridad sea absoluta, que los hechos delictivos se reduzcan a cero. nadie que esté en sus cabales pide ese imposible. Simplemente, por establecer sólo un parámetro concreto, Rosario cambiaría radicalmente, al menos en lo que al tema seguridad pública se refiere, si tuviera los índices delictivos de Córdoba capital, una ciudad con la que comparte características similares. Y en esta comparación los datos son contundentes: Rosario tiene una tasa de homicidios del 18,6 cada 100 mil habitantes, mientras que la ciudad de Córdoba apenas del 6,4.
Durante esta última década mientras Rosario padecía la debacle de su seguridad, ocurrieron algunos hechos criminales, entre cientos que enlutaron a la ciudad, que aparentaban tener las suficientes condiciones para transformarse en el punto de inflexión, en el punto de no retorno que haría cambiar el rumbo de las cosas.
Así, hace más de cuatro años atrás, ese punto de inflexión parecía que había llegado tras la conmoción que produjo el triple asesinato de Villa Moreno, cuando tres jóvenes militantes sociales fueron acribillados con armas de guerra en la madrugada del 1° de enero de 2012 a manos de una banda narcocriminal. Pero no fue así, incluso la situación de inseguridad se siguió agravando.
Luego algunos pensaron que ese "antes y después" quedaría marcado por el asesinato el 15 de agosto de 2014 de Mariano Bertini, hijo del empresario Rubén Bertini, producto de una violenta entradera ocurrida en su casa del barrio Echesortu. El gran impacto público que tuvo ese crimen daba la sensación de que iba a obligar a las autoridades a realizar cambios profundos y en serio en el tema de la seguridad, pero otra vez eso no sucedió.
El 24 de agosto del año pasado, el asesinato en un asalto del arquitecto Sandro Procopio, hermano del periodista Pablo Procopio, también parecía que se iba a transformar en el punto de no retorno. Pero todo siguió igual.
La semana pasada, tras una sucesión de asesinatos, la ciudad dijo "basta", advirtió que su paciencia se agotó, manifestó su hartazgo. La marcha del último jueves para exigir seguridad y justicia, a diferencia de todas las que le precedieron, fue masiva, imposible de invisibilizar. Y ahora, sí ahora nuevamente, por qué no, uno vuelve a preguntarse: ¿será éste finalmente el punto de inflexión, el punto que fuerce a las autoridades provinciales de los tres poderes y también al gobierno nacional a realizar cambios sustanciales en la seguridad de los habitantes de esta ciudad? Rosario está expectante de que llegue la respuesta

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