El Mundo
Martes 04 de Octubre de 2016

Un plebiscito que abusó de la buena voluntadde los colombianos

El plebiscito colombiano empezó mal con la pregunta sometida a consideración del votante: "¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?". ¿A título de qué la doble adjetivación, sino para forzar una respuesta favorable?

El plebiscito colombiano empezó mal con la pregunta sometida a consideración del votante: "¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?". ¿A título de qué la doble adjetivación, sino para forzar una respuesta favorable? ¿Qué clase de monstruo estaría contra una "paz estable y duradera"? La respuesta oficial a esta objeción fue que refiere al nombre del acuerdo con las Farc: "Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera". Una respuesta debilísima, porque en ese caso debería haberse entrecomillado el texto y aclarado su origen con un llamado al pie.

Pero el tono manipulador fue mucho más allá.Hubo un coro amplio que pretendía presentar a los duros guerrilleros, con incontables muertos a sus espaldas, como devotos de la paz. Dejar el verde olivo por la guayabera y soltar bellos discursos fue suficiente para ganarse al público extranjero, pero no funcionó en Colombia, al contrario. Esta tónica manipuladora también se hizo evidente en que el líder máximo del "No", Alvaro Uribe, dos veces presidente y titular de un partido, Centro Democrático, que es el principal de la oposición, sólo apareció citado como furioso belicista en la cobertura de medios internacionales y agencias de noticias. Ni una línea de las extensas propuestas del Centro Democrático superadoras del acuerdo de La Habana. Uribe debía ser el belicista anticomunista caricatural. Dar a conocer esas propuestas rompía esa caricatura. La noche del domingo, con la victoria del "No" en el bolsillo, Uribe publicó un comunicado que no se corresponde en absoluto con esa construcción maniquea. "Pedimos que no haya violencia, que se le dé protección a las Farc y que cesen todos los delitos, incluidos el narcotráfico y la extorsión", pidió. Ayer agregó la propuesta de una amnistía. Pero hasta el domingo a la noche no habían sido publicadas fuera de Colombia las mayores objeciones de de Uribe al acuerdo: la falta de sanción penal real para los guerrilleros que cometieron delitos de guerra y el "regalo" de 10 bancas en el Congreso hasta 2026.

La otra figura a escuchar es el ex presidente Andrés Pastrana, él sí ampliamente presente en los medios, pero que no tiene ni una fracción del peso político y electoral de Uribe. Es un político forzado al retiro desde que se jugó todo su capital por un acuerdo de paz con las Farc durante su presidencia, entre 1998 y 2002. Marulanda y sus hombres aprovecharon la negociación para reforzar su poder militar y no cedieron en nada. Pastrana advirtió ahora que las Farc usarían sus enormes recursos del narcotráfico para hacer política. Fue otro punto que al parecer empujó al "No".

La arrogancia de las Farc y sus aliados —Piedad Córdoba, el régimen chavista con Telesur, Cuba— ciertamente no deben haber ayudado a crear un clima de reconciliación. La omnipresente "corrección política" ha pintado para públicos lejanos a los guerrilleros como chicos empujados a la guerra por la violencia de la sociedad de clases. Pero la sociedad colombiana no "compró" esa imagen almibarada de las Farc. Quiere la paz, pero no es estúpida.

Comentarios