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Sábado 29 de Septiembre de 2012

Un plan para el chico, su familia y su tierra

"Las pocas escuelas rurales que quedan deben ser asistidas por una política nacional o provincial. Hay subsidios desde la Presidencia y partidas para que tengamos materiales, los chicos tengan bicicletas o contemos con internet, pero falta un proyecto serio que aborde la problemática rural, intente que el chico se quede en el lugar y pueda estudiar. Es necesario integrar a la familia para que no se disperse, quien trabaje en el campo y sus hijos tienen que estar cerca, con salud y formación digna", afirma Carlos Barrera, profesor de la Escuela Rural Nº 711 Manuel Alberti, del paraje Los Tres Reyes, de San Agustín a unos 35 kilómetros de la capital santafesina.

"Al desaparecer fuentes de trabajo en el campo, por el boom de la soja, la población rural que vivía del trabajo de la tierra se marchó. Se perdieron muchas fuentes de trabajo en la Pampa Húmeda; el maíz y la cría de ganado requerían más control, pero ya ni se necesita alambrar, alcanza con sembrar, fumigar y recolectar", resalta el educador que preside la Asociación de Maestros Rurales de Santa Fe.

"Tras el cierre de muchas escuelas, en Santa Fe —describe— funcionan una 700 instituciones educativas rurales, con un promedio de dos docentes cada una. También hay experiencias como las norte en base a la familia agrícola, fomentadas por la Iglesia, pero falta desarrollo en lo público".

"La escuela debe ser una casa y brindar educación de calidad. Pero los docentes también están agobiados por cuestiones administrativas y contables. Nuestro trabajo es educar, sin embargo debemos responder por boletas, recibos, partidas especiales, compras", advierte.

Por otra parte, resalta que "es fundamental que haya currículas para el sector rural y que se formen docentes para esa modalidad. Hay que trabajar la diversidad de edades y con distintas capacidades. En la escuela no debe ser problema la cantidad de alumnos, sino la complejidad de los grupos".

Además, explicó que "el sueldo básico es el mismo y se modifica el cobro por antigüedad y por zona, de acuerdo a la lejanía del lugar donde se traslada". "Al quedar pocas escuelas hay más posibilidad de deserción. En la nuestra hoy van 8 alumnos. Al ser obligatoria la secundaria los chicos terminan séptimo y deben ir a vivir a un pueblo, así se destruye el núcleo familiar, y son adolescentes que tiene que estar cerca de sus padres".

Barrera lleva 36 años trabajando en escuelas de San Cristóbal, Las Colonias y San Justo. Lo que le impacta, sostiene, es "la dignidad de la gente".

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