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Viernes 15 de Febrero de 2013

Un personaje frívolo que incomoda al relato

Desde que estalló el caso Ciccone, Amado Boudou se convirtió en un problema para el relato kirchnerista.

Desde que estalló el caso Ciccone, Amado Boudou se convirtió en un problema para el relato kirchnerista. A su escasa densidad política y a las sospechas de que usó su cargo en el Estado para beneficio propio y de sus amigos, ahora aparecen novedades que confirman su costado frívolo: la compra de muebles de lujo por un valor que supera los 100 mil pesos para reacondicionar un despacho ajado que dejó su antecesor Julio Cobos.

"No me llevé los muebles a mi casa", dijo Boudou a modo de defensa, por lo que se desprende que ese mobiliario de estilo chic ahora forma parte de los bienes del Estado, por obra y gracia de su buen y costoso gusto, listo para ser usado cuando otro vicepresidente ocupe su lugar en el Senado.

Boudou ha dejado de ser, para el variado universo oficialista, ese personaje simpático que rasca en la guitarra los acordes básicos de "Arde la ciudad", o el que luce las remeras negras y camperas de cuero a bordo de su Harley Davidson. Boudou sólo ríe cuando la presidenta, quien ya no lo menciona en público, lo ubica a su lado por puro protocolo. La última gran carcajada la lanzó cuando tocó la viola al lado de un grupo de granaderos. Fue el mismo día en que el Congreso estatizó Ciccone.

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