Edición Impresa
Domingo 31 de Enero de 2016

Un pensador llamado Eduardo Calamaro

Al borde de los 100 años y con una vida bien vivida, falleció Eduardo Samuel Calamaro, poeta fértil, intelectual lúcido, político de aguas profundas, periodista picante y eficaz abogado de profesión

Ni por asomo la biografía de vida de don Eduardo ha tenido por estos años la repercusión pública que toda su obra y su historia merecen. Formado familiarmente bajo los principios de la libertad, el ateísmo y el feminismo, Calamaro y su esposa Esther trasladaron esas líneas maestras a su descendencia. Esa que se dejan leer y escuchar en las canciones de Andrés, Javier y Hebe, sus hijos músicos.

Desde su primer libro de poemas (Caramillo), sus días con Pablo Neruda y Jorge Luis Borges —con quienes fue a recibir al aeropuerto a Rafael Alberti y a otros exiliados de la Guerra Civil española—, Eduardo Calamaro cimentó historias, unas tras otras, capaces de convertirse en seculares.

Estuvo en el círculo fundador de la revista Qué, germen del desarrollismo argentino, con un staff que incluía a Ernesto Sabato, Raúl Scalabrini Ortiz y Julio Payró. Calamaro, sin embargo, ya estaba en el círculo fundador de la también recordada revista Sur.

Abogado de previsión social —se jubiló para renunciar al traje, la corbata y el automóvil— don Eduardo le dio nacimiento al desarrollismo, junto a Rogelio Frigerio, Arturo Frondizi, Marcos Merchensky y Oscar Camilión, entre otros. Desde allí constituyeron la famosa "usina intelectual" del frondizismo. Admirador de Gardel, Yupanqui y los Beatles, Calamaro vivía con la televisión apagada pero con las luces encendidas.

Gran amigo de Olga Orozco y Alberto Girri —y autor de libros vitales e imprescindibles para entender la historia nacional, como La novela de la Argentina y La lucha por el poder cultural— estaba escribiendo tres trabajos más e, incluso, su propia biografía al momento de su muerte. Se iba a llamar: El día que me quieras, aunque no terminaba de gustarle.

La última entrevista en vida se la concedió a LA CAPITAL y fue publicada el 11 de mayo de 2008 bajo el título: "Néstor Kirchner fue industrialista y sirvió para salir de la crisis". Calamaro tenía una mirada positiva del gobierno del santacruceño, a quien veía más como desarrollista que como peronista clásico.

Poco tiempo antes, la Sociedad Argentina de Escritores (Sade) lo había premiado por su trayectoria con el Gran Premio de Honor, un galardón que habían recibido Borges, Ricardo Rojas y María Elena Walsh, entre no muchos intelectuales más.

Nacido en 1917, Calamaro tenía una respuesta lúcida e irónica cuando se le preguntaba si no era momento de descansar en vez de escribir. "Para descansar, los centinelas cambiamos de pierna. El único descanso digno de los humanos es cambiar de actividad".

Comentarios