Ovación
Domingo 26 de Junio de 2016

Un partido volcánico entre dos que no bajarán la mirada

Para presentar un partido de semejante atención mediática lo mínimo que hay que hacer es llamar a las cosas por su nombre. Porque el autoengaño arrastra a la confusión.

Para presentar un partido de semejante atención mediática lo mínimo que hay que hacer es llamar a las cosas por su nombre. Porque el autoengaño arrastra a la confusión. En ese sentido, el único que le sacó una foto a la previa por la final de la Copa América Centenario con marcada nitidez fue Gerardo Martino. Sólo una persona sensata como él puede decir sin temor a que le caigan encima con un camión de críticas que Chile hoy ocupa un nivel superior a Argentina. Lo valorable del Tata es que no está abriendo el paraguas por si el maldito diablo (justo la camiseta de Chile también es roja) se cruza de nuevo con la cola para encarcelar a las ilusiones argentinas.

Nada de eso motiva a Martino a pregonar que Chile es una de las mejores selecciones del mundo, como declaró ayer en la conferencia de prensa. Realmente lo piensa. Cree que si Chile juega de esta manera es porque hubo una línea de entrenadores rosarinos o de la región que fueron fundacionales con los proyectos. La primera semilla la plantó Marcelo Bielsa, el casildense Jorge Sampaoli duplicó los brotes y ahora Juan Antonio Pizzi también está recogiendo los frutos. Que Martino esté convencido de eso no quiere decir que le tenga un respeto reverencial al rival de esta noche ni que piensa que es invencible. De hecho, ya le ganó dos veces seguidas sentado en el banco argentino, aunque daría lo que no tiene por modificar la definición por penales del año pasado.

Ahora bien, por cómo se dio la copa, ¿Argentina es la gran candidata a ganarla? La respuesta es no. Tiene iguales chances que Chile. Además, en una final de estas características y con tanta sustancia en ebullición por el pasado reciente está sometida a una fuerte carga psicológica que muchas veces condiciona los resortes futbolísticos. Sobre todo porque si todo termina empatado, se jugarán 30 minutos de tiempo extra y recién ahí empezará a rodar la ruleta de la definición por penales.

Si quiere acercarse al título, Martino deberá copiarse del entramado que propuso en el partido que se jugó el 6 de junio en Santa Clara. Ahí evitó que Chile hiciera lo que más automatizado tiene y sabe hacer. Que la línea de inicio la marquen los laterales Isla, Beausejour, Mena o Fuenzalida, depende de quién esté, y el pase horizontal y vertical de Marcelo Díaz. Aquel día, Argentina le puso a Mascherano taponando la salida con Banega (anoche un rumor lo ponía en duda para hoy) y Augusto Fernández por los costados. También dieron una mano Gaitán y Di María. Así, Vidal quedó desconectado y terminó obligado a tirarles pelotazos a Alexis Sánchez y Vargas.

La gran macana para hoy es que no estarán Augusto ni Gaitán, aunque recupera a Biglia y todo indica que jugará Di María. Tanto Lucas como Angelito son dos soldados que tranquilamente pueden formar trinchera para que Chile siga sintiéndose incómoda.

En esa dirección, Martino aprendió de sus errores y se dio cuenta a tiempo de que era en vano pulsearle a Chile la tenencia de la pelota. El andamiaje colectivo del campeón de América está tan aceitado que hasta puede prescindir del DT de turno. No obstante, como Pizzi quiere darle su propia identidad y de a poco despegarse de Sampaoli, durante ese tránsito ofreció grietas que Argentina supo transformárselas en cráteres. El ejemplo más puro fue el debut de ambos en este torneo y eso que Argentina jugó sin Messi con todo lo que significa.

Ahí el que está en serios problemas es Chile. En realidad, como estaría cualquier selección del mundo. Pizzi debe imitar el modelo que pensó Sampaoli en la final del año pasado y activar una marca escalonada para tomar a Leo. Aquella vez Medel, a quien varias veces se le fue la patita de más, fue el hombre que levantó la lanza para ir a la caza de Messi. A él se les sumaron Francisco Silva, Marcelo Díaz y hasta se retrasaba Vidal. Messi poco pudo hacer. La única vez que se les escapó casi viene el recordado casi gol de Pipita Higuaín.

Cuando jugaron en Santiago por las eliminatorias sudamericanas, era el primer partido oficial de Pizzi en el banco de la Roja y el equipo anduvo con piloto automático. No jugó en función de las características de Argentina y le fue como le fue. Tal vez perdió sin merecerlo, pero el equipo de Martino tuvo soltura de movimientos para dar vuelta el resultado.

Argentina está en el lugar en el que la mayoría, por no decir todos, creía que iba a estar. Incluso, en el trayecto copero hasta la final casi no tuvo necesidad de pegar volantazos porque nunca estuvo cerca de irse a la banquina. Cumplió a la perfección la hoja de ruta establecida desde que salió de San Juan con Messi averiado por la lesión en la espalda y por los miles de kilómetros de avión encima debido a que tuvo que resolver cuestiones personales en Barcelona.

El equipo de Martino hasta se dio el lujo de disfrutar del paisaje: goleó en cadena a Panamá, Bolivia, Venezuela y EEUU. Y en el debut marcó territorio con el triunfo 2-1 ante Chile. Marcó 18 y apenas recibió 2.

Entonces, no era de esquizofrénicos imaginar al seleccionado del Tata hoy a las 21 de cuerpo presente en el MetLife Stadium. Qué culpa tiene si aprovechó las concesiones que iba ofreciendo el fixture. Uruguay, Brasil y Paraguay se fagocitaron en la fase de grupos, mientras México y Colombia caían subordinados al juego colectivo de Chile.

Justo aquí hay que hacer un parate. Porque los entendidos en fútbol, aquellos que se la creen saber todas porque pasaron por todas, siempre dicen que a una final es conveniente llegar con capacidad de sufrimiento. De menor a mayor, pero con la invalorable experiencia de haber sabido sobreponerse a las adversidades que ofreció el recorrido. Y en esa cuestión, Chile juega con el caballo del comisario. Porque no sólo se repuso del estreno con derrota ante Argentina, sino que debió sudarla bastante para ganarle a Bolivia con un penal muy dudoso en la última jugada del partido. Es decir, el equipo de Pizzi no sólo tomó la posta del juego asociado, presión y elaboración, sino que ya comprobó cómo reacciona cuando las papas queman.

No hay dudas de que Argentina otra vez lo pondrá a prueba. Más con Messi en la cancha. Pero lo que aún no se verificó es que hará la selección en un escenario de infortunios, que seguro lo va a tener. Por el momento, no es poco que el conjunto del Tata llegue auxiliado por una serie de intangibles: confianza en la manera de ejecutar el partido que más le conviene, espíritu colectivo, hambre de gloria, compromiso con la causa y la aplicación de la consigna que estableció Martino: "Todos siempre son más importantes que uno". Y a todo este panel de virtudes, siempre hay que sumarse a Messi.

Será una final volcánica. En la que ninguna de las dos selecciones querrá bajar la mirada. Chile porque no está acostumbrada y Argentina porque ya probó que clavándole los ojos fijos logró ganarle.

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