Ovación
Viernes 19 de Agosto de 2016

Un partido durísimo que nunca llegó a dar respiro

Argentina perdía, lo revirtió, pero recién lo aseguró al final

El partido en sí mismo fue durísimo. Bélgica arrancó ganando y Argentina lo dio vuelta para ponerse 3 a 1. Sobre el final del tercer cuarto llegó el descuento belga y en el cierre del partido, cuando los europeos ya jugaban sin arquero por la necesidad de empatar, llegó la definición de la medalla. Abrió la cuenta Cosyns a los 3', empató Ibarra a los 11', Ortiz puso en ventaja a Argentina a los 14' y amplió Peillat a los 21'. Descontó Boccard a los 45' y cerró la cuenta Mazzilli casi a los 60'. Contado así parece bastante más sencillo, pero fue un partido muy parejo.

Argentina, fiel a una de sus principales características, dejó hacer a los europeos mientras no generaran riesgos, pero el primer error fue pararse demasiado atrás y darle la posesión a Bélgica, que monopolizó el juego hasta que abrió el marcador.

Desde allí hasta los 25' el equipo del Chapa Retegui mostró superioridad y también la contundencia de un conjunto en evidente estado de gracia. Los goles llegaron uno detrás del otro y Argentina volvió a acomodarse al juego que mejor juega y que más le gusta.

Esperó a Bélgica, le entregó el protagonismo y por momentos descansó sobre la pasividad de un rival que se repitió porque no encontró los caminos. Y eso fue mérito de Argentina. Y cuando el equipo no pudo, apareció la gigantesca figura de Vivaldi con dos o tres intervenciones claramente merecedoras de la medalla dorada.

Hizo mucho ruido el descuento de Bélgica en el cierre del tercer cuarto. Faltaban escasos segundos, pero Gauthier Boccard armó una jugada extraordinaria que terminó en un golazo. Uno de los mejores del torneo, sino el mejor.

Y el último cuarto fue como lo sugirió ese gol: a puro sufrimiento. Un córner corto mal ejecutado por Bélgica que terminó en obstrucción, un par de atajadas de Vivaldi, casi nada de posesión argentina y la mirada permanente en el reloj. Cuando faltaban 3 minutos el DT de Bélgica sacó al arquero, pero el desarrollo ya había ingresado en parámetros de heroicidad.

A propósito, la robó Mazzilli, se metió con pelota y todo y se sentó a esperar que llegaran sus compañeros. La hazaña estaba consumada: oro olímpico para Los Leones. Increíble.

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