Turismo
Domingo 07 de Agosto de 2016

Un paraje encantado

El Alfarcito estrenó parada del Tren a las Nubes y tiene el encanto de los pueblos de montaña. A menos de dos horas de Salta y a casi 3.000 sobre el nivel del mar, funciona con energía solar y es famoso por la historia de "El cura volador"

El camino por la quebrada del Toro en Salta, revela un punto en el recorrido que es un mundo. El paraje El Alfarcito se divisa desde el acceso al pueblo con la pequeña capilla. Es preciosa y de a poco, cuando uno se sumerge en la dimensión Alfarcito. El sendero conduce hacia el templo y en la entrada nomás está el flamante comedor donde los viajeros pueden disfrutar de las exquisiteces locales. Además, el mercado artesanal, exhibe con estilo minimalista las prendas de los diferentes artesanos textiles y ceramistas.

   Unos pasos más y también se puede visitar el centro de interpretación donde se relata con fotos y artesanías la historia y la obra del "Padre Chifri" junto a la gente. Aquí, hay algo superador. Y es que casi todo funciona con energía solar. Hay un campo de Paneles solares que se extiende en uno de los lados del pueblo y alimentan a la Escuela Albergue que fue construida con un diseño arquitectónico que integra los muros "trombe", confeccionados con vidrios de aislación térmica a base de ladrillos de adobe y piedra, donde los metales que rellenan al muro toman el calor del sol y generan la temperatura que mantiene el agua caliente de las cañerías y la calefacción del lugar, que en especial cuenta la escuela, que tiene orientación turismo y un gran comedor.

   El sitio fue uno de los estrenos para que el 2016 brindara esta opción en el nuevo recorrido del Tren a las Nubes que combina parte del trayecto en bus con una parada en este sitio antes de acceder al Viaducto la Polvorilla en San Antonio de los Cobres y donde los pasajeros ascienden para hacer ese tramo que es considerado una de las mayores obras ingenieriles del siglo pasado.

El llamado de Francisco

Este pueblo es ancestral. Y de las historias más recientes, se recuerda la del llamado telefónico del Papa Francisco cuando hace tres años se comunicó para conocer en detalle la obra y cómo continuaba el trabajo en la comunidad. Otro hito, fue la recibida de la primera camada de estudiantes de Turismo, orientación de la escuela secundaria; y una anécdota que se atesora también es la del goleador mundial, Lionel Messi, quien les envió una remera autografiada. Son apenas detalles en este mundo que comenzó una obra profunda con la llegada del sacerdote católico Sigfrido Moroder en 1999, al que todos enseguida llamaron "Padre Chifri".

   En aquel momento, muchos veían con preocupación la partida de los más jóvenes hacia centros urbanos en busca de distintos horizontes. De apoco la población se había concentrado en los ancianos del paraje, en adultos mayores y niños, mientras la juventud emigraba. A partir de allí, la comunidad junto con Chifri comenzaron a generar ideas y proyectos sustentables en el tiempo y que brindaran mayores posibilidades a los jóvenes, como una alternativa de quedarse y progresar en su propia región.

   Son 26 comunidades que se distribuyen desde Rosario de Lerma, Campo Quijano, La Silleta, el Mollar, Santa Rosa de Tastil, donde está el sitio arqueológico distinguido como Qhapaq Ñan, hasta El Afarcito. Algo así como una superficie de 4.600 kilómetros cuadrados donde habitan unas 400 familias, algo más de 2.400 personas en los alrededores de la Quebrada del Toro. El cura logró en ese entonces unir a las 18 escuelas de toda la región, recorriendo los lugares haciendo trekking por los mismos caminos que recorría la gente.

   Amante de los deportes, el cura con mochila y víveres llegaba a cada rincón. Muchos de los lugares le insumían hasta tres días de marcha y para vencer a la geografía resolvió tomar clases de parapente hasta que logró volar. En el transcurso de su labor, organizó con la gente, distintas ferias y exposiciones con los productores y artesanos. Avanzó con el tiempo, hasta que en El Alfarcito se construyó un mercado artesanal que es el que uno visita cuando pasa por este lugar.

   Desde medias y guantes hasta cuadros con las muestras de lanas y fibras naturales teñidas con raíces y plantas, a la antigua usanza, hasta mantas, ponchos, medias y guantes. Hay de todo, hasta muñecas hechas de lanas. Muy cerquita, además, están los galpones de acopio de los papines andinos que hace unas semanas tuvo su máxima expresión con la feria de la Papa Andina, que cada año se realiza en julio y donde se exhiben unas ochenta variedades de ese tubérculo, con sus diferentes formas y colores, que está en bolsitas de red de color violeta.

   El galpón de acopio, lavado y empaquetado de los papines, también es una visita encantadora porque luce en sus paredes,

murales que cuentan la historia del cura y del pueblo confeccionados con mosaicos de todos los colores. La cooperativa de productores de papas andinas y la Fundación (www.fundacionalfarcito.org.ar) desde donde se reciben donaciones, continúan trabajando en equipo. Porque la historia del Padre Chifri, casi queda trunca cuando tras sufrir un accidente quedó postrado, pero continuó con su labor hasta que falleció en 2010. La gente logró rearmarse y seguir creciendo.

   La escuela cuenta con más de 160 alumnos que se alojan en sus instalaciones y contempla unas catorce orientaciones, entre ellas, la de turismo. Unos dos años atrás, se inauguró la Casa de Atención del Visitante, Eco Huasi, que fue construida con botellas plásticas y adobe, donde participaron desde el ministro de Turismo salteño, Mariano Ovejero; la Pastoral de Turismo, municipios del Departamento Los Andes, Fundación Alfarcito, los artesanos de la Quebrada del Toro, empresas del sector privado y Redes de Turismo Campesino.

   El presidente de la Fundación, Daniel Canonica viajó a Italia para encontrarse con el Papa Francisco. Y mientras tanto, el pueblo continuó avanzando. De las artesanías textiles que tienen su etiqueta con el nombre del artesano y la comunidad, y de la producción de papines, El Alfarcito se transforma en un rincón en el mundo por su enseñanza de vida comunitaria y el trabajo de todos.

   Un descanso para el alma que los viajeros apasionados por las travesías y el descubrimiento de lugares encantados tienen aquí una perla. Agosto también es una fecha entrañable en la región por la celebración de la Pachamama y cada 28 de mayo, el homenaje al nacimiento del padre Chifri. La celebración es emocionante para todos los locales y para quienes llegan hasta aquí con ánimo de compartir, porque renueva el alma. En auto, micro o en la nueva propuesta del tren, la motivación para conocer los secretos de estos pueblos de montaña se convierte en destino. Sólo para viajeros de culto.

Un cultivo ancestral

Las papas andinas son de tamaño pequeño y de gran concentración de minerales propios de la tierra de la zona donde son cultivadas, en regiones montañosas y en altura, donde por las temperaturas extremas no llegan a desarrollar gran tamaño y son características de la Puna argentina, Bolivia y Perú.

   Estas papas no son papines, son otra variedad de papa, sólo que en forma natural desarrollan un tamaño pequeño, a diferencia de los papines que son la variedad tradicional de papa, pero cultivadas para que sean pequeñas.

   Con pieles rojas y moradas, pulpas coloreadas y un sabor de neutro a dulce, las papas andinas son un recurso genético destacado debido a la selección realizada por los agricultores del NOA generación tras generación. Se trata de alimentos de alta calidad, considerados por los especialistas como "rústicos" por su alta resistencia a la sequía, las heladas y enfermedades.

   Poseen excelentes características nutricionales para su consumo, ya que presentan altos porcentajes de materia seca, almidón, proteínas y minerales, como también un alto contenido de pigmentos antioxidantes.

   El sabor y el contenido nutricional es diferente; tienen más calcio y potasio que las comunes y, además, se digieren mucho mejor. Las papas andinas tienen un sabor terroso más parecido al sabor original de la papa, algo que muchos desconocen. Estas papas no se pelan, se lavan bien y se cuecen en menor tiempo. Tienen un sabor exquisito.

Sonia Renison / Especial para turismo

Comentarios