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Domingo 30 de Junio de 2013

Un país que elige entre Angeles y demonios

Los políticos argentinos, en estas horas, no se unen ni por amor ni por espanto. En todo caso, parece haber imperado el miedo y el desconcierto.

“Quédese tranquila, presidente. Massa no rompe”. La frase fue pronunciada por uno de los hombres “fuertes” del Ejecutivo hacia el mediodía del pasado sábado 22 ante la mirada estupefacta de tres intendentes de la provincia de Buenos Aires y dos ministros del gabinete nacional. El supuesto bien informado operador político traía las “últimas novedades” conseguidas por los espías de la Side que daban cuenta de la pretendida decisión del dirigente de Tigre y quería llevar tranquilidad para el armado de las listas que, todavía desde el gobierno, estaban en borrador. Sergio Massa, a esa hora, ya avisaba con los suyos a cuanto periodista conociese los seis primeros nombres de los que disputarían los cargos de diputados. Para uno de estos intendentes testigos de la información tan equivocada, la escena pinta el momento que atraviesa el kirchnerismo en su cúspide. “Nadie se anima a decirle la verdad a Cristina. Es cierto que ella escucha poco y a pocos. Agregale que los de la Side o son torpes o trabajan para el enemigo”, graficó en reserva el jefe comunal.

La presidente Kirchner será la dueña absoluta de todo lo que pase el 11 de agosto. Las listas tienen su sello, su tamiz y su colador personal para decidir entre tirios y troyanos. En 45 días se sabrá cómo transitará Cristina los dos últimos años de gestión. La experiencia de la interna de 2011 demostró que el que gana allí cosecha más votos que en la elección abierta, por contagio o por el deseo de “votar a ganador”.

Sin poder evitar el lugar común aritmético, el corazón de esa batalla será la provincia de Buenos Aires. Algunos creen que el “fenómeno” Sergio Massa es una exageración o un producto “vende humo” como dijo la siempre racional y oportuna Margarita Stolbizer. El intendente de Tigre conformó un elenco de postulantes muy heterogéneo, cuanto menos. Él mismo viene de ser kirchnerista duro, jefe de gabinete de Cristina y se rodeó de un ministro duhaldista de gran diálogo con Néstor Kirchner: José Ignacio de Mendiguren. Mirta Tundis confesó que su nuevo jefe se enteró el día antes de la postulación que ella era socialista y el ex “lilito” Adrián Pérez casi le notificó por Twitter a Pablo Javkin, su jefe partidario, que saltaba a otro bloque. Ni qué hablar de la trayectoria de Felipe Solá o del barón del conurbano Darío Giustozzi. Sin embargo, todo ese conjunto de dirigentes, que es apoyado por una treintena de intendentes de proverbial olfato y “tiempismo”, trepa en los sondeos y encuestas de manera impactante. El amable intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, clama por la bendición en cuerpo y alma de la presidente para hacer campaña y choca con los disparates de farandulizar su vida privada. Gran incógnita despierta Francisco de Narváez. Hace cuatro años le ganó al propio Néstor Kirchner y hoy pelea por lucir como el único opositor.

Si Buenos Aires no trae vientos optimistas para el gobierno, tampoco Mendoza, Córdoba ni menos Santa Fe. Que Miguel Ángel del Sel se haya envalentonado pidiendo debate público con Hermes Binner y Jorge Obeid da cuenta de la debilidad del FPV local. Paréntesis: Sería bueno que los canales de TV rosarinos no se dejen ganar en iniciativa por sus colegas porteños y pongan fecha y hora mañana mismo para ello, demostrando que la producción local tiene agenda propia, invierte en ella y no siempre apela a la queja del centralismo de la capital.

La lista del dos veces gobernador de Santa Fe arranca en los sondeos en tercer lugar. En Casa Rosada esperan este martes el resultado de una encuesta que, de boca de los tomadores de datos, señalan debilidades y fortalezas. Por lo primero, Obeid no enamora a los kirchernistas más memoriosos de sus desplantes con este gobierno como sí hacen Josefina González y Eduardo Seminara, un valioso y comprometido testigo de la historia reciente argentina. La debilidad de estos dos últimos dirigentes es que pesa sobre ellos un apabullante desconocimiento en la ciudadanía. Otra vez, se apelará al empujón que pueda dar Cristina que, con toda la suerte, estará dos veces en la provincia antes de los comicios. Se duda que alcance.

Los mismos encuestadores oficialistas reflejan que Miguel Del Sel sólo cuenta con el peso de su nombre “archinstalado” y un problema en el sur santafesino de donde no nació ninguna candidatura expectable del PRO. Hermes Binner, por fin, aprovecha esta coyuntura. Sin gestos rimbombantes o pedidos de factura por su gestión en la Casa Gris y en la pesada herencia dejada a Antonio Bonfatti en materia de seguridad o crecimiento económico, surfea, más que nada con suerte, en las preferencias. Será por eso que un estrecho colaborador de Agustín Rossi define a esta elección provincial como un comicio que atrasa 20 años. “Obeid y Binner eran novedad hace dos décadas. Y la ausencia de ideas en debate, tan presente en Del Sel, era admisible en los 80. No ahora”, explica el asesor del ministro de Defensa.

 

Lorenzetti y Ángeles. Ricardo Lorenzetti es mala palabra en la Casa Rosada. Eso no hay que explicarlo. El fundamentado fallo de la Corte que no permitió el atropello populista (ojalá hubiera sido popular) del Consejo de la Magistratura fue la gota que rebasó el vaso de la tolerancia presidencial. Por eso se puso en marcha la maquinaria de la Afip para investigar al juez y hacerle saber ese descontento. Dicho esto, correspondería señalar que no fue oportuno de parte del magistrado coquetear con una denuncia de extorsión que podría impulsarse. Si hay delito, se denuncia y luego se deja trascender a los periodistas. Y si no lo hay, el hombre de derecho más importante de la pirámide judicial, se pone a disposición voluntaria de los órganos de control mostrando todos y cada uno de los papeles, propios y de su eventual familia en la función pública, que prueben su regularidad como contribuyente, igual ante la ley como cualquier monotributista nacional.

Nuestro país juega hoy a validar silogismos falsos que derivan en conclusiones mentirosas. Si Lorenzetti es un opositor destituyente hoy, ¿por qué se le permitió conservar hace 15 días el manejo de los fondos de la Justicia como moneda de cambio para congraciarse con ese poder? ¿Por qué ahora se arremete con proyectos de ley en sentido exactamente opuestos, escoltados de inspecciones con sabuesos tributarios? Antes o ahora, se mentía.

También se miente, permítase la comparación aunque no haya analogías institucionales, cuando se dice que gracias a la libertad de expresión, los lectores tienen el derecho de elegir a ver, y los editores a publicar, una foto de una joven asesinada que es embolsada en un basurero. Ninguna libertad es absoluta. Ni la de expresión. Menos cuando bajo su bandera se comete la alevosa ilegalidad de violar el derecho intimísimo a la privacidad. Un delito es un delito. Y ni el morbo colectivo, cada vez más parecido a un coro con pulgar hacia abajo en un circo romano, es atenuante para perdonar las consecuencias de la ilegalidad. A nadie se le ocurre decir que, como la mayoría de ciudadanos no es pedófila, no hay que impedir mostrar filmaciones de esa aberración so pretexto de libertad de expresión, ya que esa mayoría no mirará un video de abuso infantil. No hay libertad para perpetrar un delito que lesiona derechos tan profundos de terceros y punto. Ni siquiera para un sector del periodismo que postula que su trabajo es apenas una mercancía sujeta a la ley de oferta y demanda.

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