Edición Impresa
Domingo 19 de Abril de 2015

Un negro y un montevideano

El conferencista bufo (los discursos) “Sentado ante un auditorio, el negro expone ideas, elabora teorías loquísimas, relata experiencias o zahiere a sus compañeros de mesa con la entusiasta tolerancia de éstos. En el proceso, se convierte en inalterable actor que conserva una actitud casi profesoral durante su exposición, mientras el auditorio revienta a carcajadas”. Daniel Samper

Sobre la berenjena

F: Entre las muchas cosas que admiro y me asombran de Eduardo, escuchándolo leer estos pequeños relatos, no sé si es tanto la prosa, la forma de contarlos, lo que me asombra es que lea sin anteojos, me da una profunda envidia…, quisiera ser Galeano.
G: Es un resentido terrible, no me voy a poder recuperar de esto.
F: Mi función aquí sentado a la diestra del señor se traduce simplemente en el hecho de que apenas pusieron los organizadores a disposición las entradas, yo llegué primero. Obviamente mi intención es escucharlo a él; ya que se vino de Uruguay, que trabaje. Me acordaba de algo que dijo un amigo querido, Joan Manuel Serrat, no hace mucho tiempo atrás, cuando lo designaron visitante ilustre de Buenos Aires, Juan se mostró como ofendido, él nunca se consideró un visitante ilustre de Buenos Aires sino que era un porteño más… Y entiendo que Eduardo no ha venido tanto a Rosario pero observando la convocatoria de hoy, la que generó años atrás en el Parque España, comprendiendo que habla lo que hablamos nosotros, entiendo que es un rosarino que ha elegido vivir en Montevideo. Primero una pequeña digresión, nos juntamos para ver qué íbamos a decir de profundo y trascendente, que dividiera las aguas de la literatura en un antes y un después de esta reunión, y… no se nos ocurrió nada, al punto que no le pregunté qué iba a leer. Pero tenía como una recóndita esperanza de que leyera lo de la berenjena; no creo que sea lo más sustancial del libro pero a mí me gustó la anécdota de la berenjena, tal vez no tan documentada como dice él.
G: No, no, es verdad, me la contó el Sultán.
F: Yo no dudo de tu relación con el Sultán.
G: Estás dudando de mi palabra.
F: Si no te matara tu ansiedad montevideana…
G: Me herís, hace mil años el Sultán me dijo…
F: ¡Si yo voy a venir a estar sentado acá, en una posición absolutamente marginal, y aparte no puedo hacer un comentario sobre de la berenjena, que es lo que nos convoca! Supongo una falta de rigor porque por ahí se menciona que la berenjena tiene características afrodisíacas… Y yo he comido mucha berenjena y…
G:¿Y nada?
F: Nada. Como dicen los médicos: no hay enfermedades, hay pacientes.

La identidad se
demuestra andando

F: Es todo un tema el de la identidad, y hablo desde el desconocimiento. A mí nunca me ha preocupado el tema de la identidad, no tengo mayores dudas. No sé de qué forma te puede paralizar la duda al respecto. ¿Lo detuvo a Piazzolla para hacer su obra, por ejemplo? Para mí la identidad es como el movimiento, se demuestra andando. Está en las cosas que uno hace. Detenerse mucho en pensar qué voy y cómo, no me parece positivo. Siempre me acuerdo de una frase de Ray Bradbury que decía: primero escribir y después pensar. O sea, arranquemos. Me parece un poco paralizante eso de decir de dónde vinimos, a dónde vamos. Que no te impida el laburo, ¿no?
G: El tema es que el pájaro no se echa a volar cuando los libros le pesan demasiado en las alas. A mí me aburre mucho toda esa literatura del ser argentino y el ser mexicano y el ser qué sé yo. La identidad no está en los museos, sino en la vida viva, y por lo tanto cambia todo el tiempo. Yo soy lo que soy, pero sobre todo soy lo que hago para cambiar lo que soy. Creo en una identidad en movimiento, la otra no me interesa. Pero también es necesario abrir un frente de lucha en defensa del derecho a la expresión propia. Por suerte se han abierto canales imprevistos de comunicación alternativa a través de internet. Y aquí empiezo por hacer una autocrítica porque cierto tiempo tuve mucha desconfianza en este asunto de internet, dada mi condición prehistórica porque siempre desconfío de las máquinas. Creo que las máquinas beben de noche, por eso de día hacen cosas inexplicables. Ahora reconozco que gracias a estas redes de internet, esas voces que sonaban en campanas de palo, ahora tienen una resonancia imprevista y llegan a todas partes. Son las paradojas lindas de este mundo, que a veces nos sorprende en el horror, pero también en la maravilla. Una red armada por el Pentágono para planificar expediciones militares, se convierte en un instrumento de la vida.
Un gran adelanto
de la humanidad:
el control remoto

F: Yo he tenido temor y extrañeza frente a eso. Porque cuando éramos chicos y en casa se compraba el Wincofon, no te lo dejaban tocar porque todos los elementos domésticos se podían romper, eran caros. Ahora los chicos con desparpajo agarran esas computadoras y las someten. No es el caso nuestro. En un momento que aprendí a prenderla a la computadora, lo que me desconcertaba es que me hacía más preguntas que mi mujer.
G: Es verdad.
F: Vos ponés salir, pero te pregunta: ¿quiere salir o quiere archivar? Quiero archivar. Sí, pero ¿lo archiva en la carpeta o en la bandeja de recepción? En la bandeja. Sí ¿pero realmente quiere salir, está seguro? ¡¡Pero salí y dejate de hinchar las pelotas!!! Era una cosa terrible. Pero, como dice Eduardo, hay cosas incomprensibles y ya entramos en la metafísica, es el concepto de infinito. Ni puedo acercarme. Te dicen: lo que pasa es que el universo llega hasta ahí, pero ¿y después? Nadie me ha podido contestar eso. Y también me costó darme cuenta qué es internet, bah, no se qué es internet. Si vos decís teléfonos, hay una empresa que dice teléfonos de cuál o tal parte, decís Pentágono y hay un edificio bellamente diagramado. Pero internet no, no hay dueños y hasta hay dificultades de control. Yo sigo recibiendo fotos porno.
G: Hay que celebrar todo lo que ayude a redescubrir la diversidad del mundo. Y eso es lo que ha sucedido con internet. No hay que caer en la tontería de confundir al criminal con el cuchillo. El hecho de que los medios tecnológicos se utilicen con destino de muerte o consumo idiota, no quiere decir que esos medios tengan la culpa. En la Grecia antigua cuando se cometía un crimen se hundía el cuchillo en el fondo del río, como si el cuchillo lo hubiera cometido. La televisión no tienen la culpa del mal uso que se hace de ella, y en algunos países cumple una función multiplicadora de las conciencias y difusora de las cosas que valen la pena. Son instrumentos. En el mundo de hoy hay que celebrar la diversidad. Porque nunca el planeta fue tan injusto y desigual en las oportunidades que brinda, pero tampoco tan igualador en las costumbres que impone. Hay como una uniformización obligatoria de una cultura única. Nosotros hasta en nombre de la guerra contra el aburrimiento tenemos que defender la diversidad del planeta, el derecho a defender que resuenen muchas voces, la cantidad de mundos que el mundo contiene.
F: Cuando hablabas de la televisión pensaba en otro avance imposible de comprender. Me quedé en la tostadora eléctrica en cuanto a comprensión. Pero pensaba que por el solo hecho de haber sido creada para transmitir fútbol, la televisión ya estaba justificada como invento. Si uno tiene la posibilidad de tener cable, las opciones son muchas. Siempre se dice que la televisión se mete en la casa. Y creo que no es así, porque uno va a comprar el aparato a un comercio, pide precio, lo mira, lo busca, se fija en el tamaño, compra la mesita, lo trae adentro. Y después con una hipocresía total dice, ¿pero cómo se metió este aparato en casa? Creo que uno de los grandes adelantos de la humanidad fue la penicilina y el otro el control remoto, por la sensación de poder que le da a uno.

Edición general: Sebastián Riestra. Editora Ciencia y Salud: Florencia O'Keeffe. Sociedad: María Laura Favarel. Cultura: Lisy Smiles.

Edición fotográfica: Ángel Amaya. Retoque fotográfico: Jorgelina Cerrutti, Jorge Pendino.

Diseño y diagramación: Esteban Figna, Enrique Figna y Fabiana Colovini.

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