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Sábado 20 de Septiembre de 2014

Un mismo modelo criminal

El hallazgo de las actas secretas de la dictadura militar otorga un valor testimonial relevante para un mejor análisis del plan genocida y su comparación con el nacionalsocialismo alemán.

Del análisis de la profusa documentación hallada sobre la última dictadura militar que el gobierno argentino distribuye en el país y también ahora en el exterior, como esta semana en Washington DC y en Austin (Texas), se podrá establecer con mayor claridad la filosofía, la inspiración y la metodología criminal adoptada por las Fuerzas Armadas que asaltaron el poder en marzo de 1976.

Muchos trabajos y estudios en la Argentina y en el exterior, particularmente en Alemania, proponen un análisis comparado de la estrecha relación entre el modelo represivo del nacionalsocialismo (1933-1945) y la última dictadura Argentina (1976-1983).

La utilización de campos de concentración para el asesinato a manera industrial de opositores y personas consideradas "untermenschen" (subhumanas) por el nazismo tuvo un correlato operativo similar décadas después en la Argentina. Si bien la magnitud del genocidio perpetrado por el nacionalsocialismo, que incluyó a ciudadanos de países conquistados en Europa y a propios alemanes, no es comparable en número con lo que ocurrió en el país, sí lo es en ideología y método para muchos investigadores que estudiaron ambas dictaduras genocidas.

Un dato interesante para el análisis es el decreto nazi del 7 de diciembre de 1941 conocido con el nombre de "Nacht und Nebel" (Noche y Niebla), que estableció las directrices represivas para el tratamiento de opositores, combatientes de la resistencia, prisioneros de guerra y otros "indeseables" en los territorios ocupados militarmente por el ejército alemán en plena guerra.

Ese decreto del alto mando alemán fue minucioso, casi obsesivo (como toda la burocracia represiva nazi, que como las actas de la dictadura argentina se conservan intactas), sobre la práctica de la desaparición forzada de personas y su tratamiento final para que no puedan ser identificadas, estén vivas o hayan sido eliminadas. Esa indicación por escrito, antecedente inmediato de lo que ocurrió en la Argentina, tenía como finalidad imponer el terror sin dejar rastros de los secuestros y mantener a la población en la incertidumbre acerca del destino de sus familiares. Además, se explicaba en el texto, que fue secreto, que la entrega de los cuerpos de los ejecutados podría usarse en los entierros como un lugar de manifestaciones y protestas por lo que prohibía esa acción.

La orientación central de esta directiva nazi era el secuestro nocturno de las víctimas. Las que sobrevivían a las cortes marciales que se demoraban algunos días en aplicar las penas de muerte eran trasladadas a campos de concentración de Alemania, donde se les pintaba un NN en la vestimenta. De ahí el nombre de Noche y Niebla con que se conoció a esa directiva del alto mando alemán. El comandante de las Fuerzas Armadas alemanas Wilhelm Keitel explicaba que ese procedimiento era beneficioso porque permitía la desaparición de los acusados sin dejar ningún rastro, sin que ninguna información sobre su paradero pueda ser conocida.

Se calcula que unas siete mil personas de Francia, Bélgica, Noruega, Holanda y la Unión Soviética fueron víctimas de este procedimiento durante la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de las cuales no sobrevivió. Esta práctica fue considerada un crimen de guerra en los juicios de Nüremberg tras el fin de la contienda mundial, lo que le valió a Keitel la sentencia a muerte en la horca.

El Olimpo. En un artículo del genial Tomás Eloy Martínez publicado en el diario El País, de Madrid, en enero de 2006 y titulado "El Olimpo del Horror", el escritor y periodista argentino recrea las condiciones del centro clandestino de detención conocido como el Olimpo, en Buenos Aires, donde entre agosto del 78 y enero del 79 pasaron 700 personas secuestradas, de las cuales sólo sobrevivieron 50. Relata Eloy Martínez que durante los últimos días de funcionamiento de esa cárcel ilegal se construyeron dos salas de torturas con terminales eléctricas reforzadas. "Antes de subir a los camiones y abandonar el Olimpo -relata en el artículo- oyeron que los guardianes las llamaban quirófanos. Uno de los camioneros contaría, años más tarde, que le ordenaron volcar los cuerpos en la bodega de un avión. «¿Dónde los llevan?», se animó a preguntar. «Van a la niebla de ninguna parte», le contestaron".

Sin embargo, otras opiniones sobre el genocidio cometido en la Argentina por los militares, que se valieron de las armas para convertirse en terroristas de Estado en lugar de combatir la ilegalidad con la ley, no establecen un paralelo directo entre la Alemania Nazi y la Argentina de Videla.

Jörg Kastl, embajador alemán en Buenos Aires durante los primeros tiempos de la dictadura, siempre sostuvo que es imposible trazar un paralelo entre ambos regímenes. En una entrevista publicada por La Capital hace varios años, dijo que si bien una sola víctima ya es terrible, "la magnitud del genocidio cometido por Hitler y mis compatriotas no puede compararse con nada. El nazismo —explicó— industrializó la muerte de millones de judíos, polacos, rusos, etcétera y en la argentina el número fue mucho menor".

Cuando se le repreguntó haciendo hincapié en que no se trataba de números sino de metodología represiva, Kastl reiteró que tampoco son comparables ambos genocidios y lo explicó así: "La planificación y organización del Holocausto no tiene nada que ver con esa cosa caótica que hicieron los argentinos. Hicieron la represión a ‘la argentina' y en Alemania fue una matanza en forma sistemática e industrial".

Finalmente, se le consultó al diplomático sobre si en Alemania hubo arrepentimiento por los crímenes del nazismo. Su respuesta fue otro sacudón: "Acá hacemos todo a fondo, matamos y nos arrepentimos a fondo, ganamos plata a fondo y ahora estamos tristes quejándonos de la situación económica del país".

Las actas de la dictadura que el gobierno argentino distribuye y que se pueden consultar por internet (archivosabiertos.com) tienen un significado histórico relevante porque son el testimonio vivo del pensamiento de un aparato represivo del que se pensaba no había registro.

¿Por qué no suponer ahora, entonces, que en alguna parte exista documentación centralizada de la actividad de los centros clandestinos? Si se adscribe a la teoría de la gran influencia alemana en el modelo represivo argentino es posible que algún día aparezca esa información porque la fantasía delirante de estas dictaduras era que serían eternas.

Hoy todavía se exhiben en distintos centros de documentación de Alemania los registros de la actividad criminal nacionalsocialista, por más siniestra que sea. Es así que pueden leerse, por ejemplo, comunicaciones de oficiales del ejército nazi desde zonas ocupadas del este europeo. En uno de esos cables un comandante solicitaba el retiro de un vagón ferroviario empleado como improvisada cámara de gas porque ya no quedaba nadie más para eliminar, y a renglón seguido detallaba la cantidad de personas ejecutadas y las fechas del "trabajo" realizado.

En la Argentina, recién 30 años después del final de la dictadura, la peor tragedia de todos los tiempos, comienza a obtenerse documentación sobre la planificación y el pensamiento de los perpetradores de secuestros, crímenes masivos, robos de bebés y saqueos de viviendas. Todo eso ocurrió en este país y hace sólo un segundo, medido en tiempos históricos. Es vital que no se olvide, que prevalezca y que este material pueda ampliarse para que las nuevas generaciones saquen conclusiones y puedan explicar cómo tamaña barbarie pudo haber sucedido.

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