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Viernes 04 de Mayo de 2012

Un libro donde la que narra es la familia

Contarles cuentos a los chicos puede convertirse en un buen libro de creación familiar. “Los quesos agujereados y otros textos” lo demuestra. Comenzó con breves o extensas historias que más tarde se volcaron —para que la memoria no falle— en un cuadernito, hasta que alguien pensó que no estaría nada mal compartir esos textos colectivos y, sobre todo, lo estimulante que puede ser la práctica de narrar en familia. Los autores son Liliana Sanjurjo, Dardo López y María Soledad López.

Según explican en la presentación de la obra, el libro quiere sobre todo “destacar la importancia de narrar, escribir, crear cuentos con los chicos”, entendiendo aquí a la familia en el sentido más amplio y diverso que admite el término. Cuentan que lo que se publica en “Los quesos...” (de Homo Sapiens Ediciones) es el “producto de la práctica de la narración en familia”, alimentadas por “buenos escritores de literatura para niños siempre”, ya que —entienden— las creaciones literarias por parte de adultos y niños “no puede nunca reemplazar la producida por autores dedicados a ellos”.

Mencionan entonces en esa “práctica de la lectura de cuentos de autores como Elsa Bornemann, Laura Devetach, María Elena Walsh, Alma Maritano y muchos otros”, que sirvieron “de disparador de juegos de narraciones recreadas, construidas para aliviar viajes extensos, para lograr la calma necesaria antes de dormir, para entretener ante la frase —tan conocida por los adultos que tienen niños a su cargo— «má, estoy aburrido», como así también aquella otra: «Contámelo otra vez», las cuales nos llevan a veces a hacer grandes esfuerzos de memoria o a recurrir a nuestra creatividad para llenar los espacios que la memoria no logra cubrir”.

En charla con La Capital, una de las autoras, la reconocida educadora Liliana Sanjurjo, dice que si bien el libro fue pensado como un proyecto familiar, la idea en sí puede ser valiosa en todo lugar donde se estén formando los chicos.

—Por su trayectoria educadora ¿no piensa que el libro como idea y recurso en sí puede ser útil en la formación y trabajo docente?

—Fue pensado como un proyecto familiar, pero de alguna manera, siempre que uno piensa en publicar es porque considera que tiene algo para comunicar o socializar. Es decir que, las prácticas narrativas que dieron lugar a los cuentos y poesías se originaron, como sucede en tantas familias, por tradición y por intuiciones que se tienen acerca de la importancia de poner en contacto a los niños con la literatura. Pero viendo luego el impacto que esas prácticas tuvieron en nuestros recuerdos y gustos nos pareció interesante conservarlas más formalmente. De allí surgió la idea de hacer una publicación familiar. Aquí contribuyó la decisión de escribirlas en aquel momento, de conservarlas en un cuadernito que se transformó en una especie de tesoro familiar. Seguramente cuando realizaba estas experiencias con mis hijos no estaba ausente mi cabeza y corazón de educadora. Pero jamás se me hubiese ocurrido hacerles buscar sustantivos o verbos en un cuento. Sino que, por haberme interesado siempre el tema de la literatura infantil, estaba convencida acerca del valor formativo que produce el placer de leer y escribir. Por eso sin dudas, creo que el libro en sí, pero mucho más la idea puede resultar valiosa en todo ámbito en el que se estén formando niños.

—¿Cree que narrar en familia es una práctica hoy poco frecuente o que se ha reemplazado por otras?

—La complejidad de la vida cotidiana, tanto de niños como de adultos, sumada al uso de otras tecnologías lleva a que muchas veces dejemos de lado algunas prácticas que nunca perderán valor formativo. No creo que haya que adoptar una actitud moralizante, es decir divulgar la idea que los niños se educarán mal si no se hacen tal o cual cosa. Tampoco adhiero a las visiones apocalípticas o integradas acerca de otros recursos tecnológicos (ya que la escritura también lo es). Quiero decir que no creo que la televisión, la computadora van a solucionar todos los problemas de formación, pero tampoco creo que sean, de por sí, algo peligroso. Considero que todo puede sumar. La propuesta entonces consiste en recordar tanto el valor educativo de las narraciones, como también que se trata de un medio inigualable para compartir placenteramente la formación de los más pequeños.

—¿Qué es lo que más placer le dio de este emprendimiento?

—Además de recuperar buenos recuerdos de tiempos compartidos, nada menos que con mis hijos pequeños, tiempos muy valorados en general por las madres, fue un placer retomar esas prácticas con la familia “ampliada”. Ya que se integró muy comprometidamente una sobrina, profesora y licenciada en bellas artes, que es la responsable de organizar las ilustraciones; y también la última generación de la familia, quienes junto a otros pequeños amigos de la familia realizaron otras ilustraciones después de escuchar los cuentos y poesías. Es decir que recuperamos, con más tiempo del que disponía en aquellos momentos, las tertulias de cuentos y dibujos. En esta oportunidad entusiasmados, además, porque iba a concretarse la publicación.

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