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Viernes 29 de Abril de 2011

Un lazo que comenzó hace 40 años

Llegué a Rosario en marzo de 1971, como becada de AFS. Tenía 17 años, las trenzas largas, los zuecos y los vaqueros de una adolescente hippie; y una apenas naciente conciencia política de la época antiguerra en EEUU. Estuve todo el año escolar, y un poquito más (11 meses), más o menos. En esa época, AFS decidía la ciudad, el país y hasta el continente a donde íbamos todos los becados.

Mis primeros días fueron difíciles, no solamente porque no sabía castellano, sino porque me tocó un familia bastante fría y, francamente, no adecuada para recibir a una chica becada. De hecho, eventualmente, mis consejeros de la agencia me cambiaron a una familia diferente: cálida, abierta, una familia con quien me mantengo siempre en contacto después de 40 años, porque la siento mía.

Tuve que empezar clases casi enseguida, en la Dante Alighieri, donde intentaba hacer el trabajo de 5º año como podía. Pero más que nada, mi experiencia en la Dante se destaca por las amistades que ahí forjé. Estos me abrieron sus hogares y a la vez me expusieron a ideas que me ayudaron a entender la época de levantamiento que vivía la Argentina. Las ideas en que fui inmersa me concientizaron por el resto de
mi vida, y afectaron mi camino personal, político y hasta profesional.

Tengo 30 años trabajando en la educación. Soy profesora de castellano, maestra bilingüe, profesora universitaria de educación multicultural. Actualmente trabajo de entrenadora de maestros en las escuelas
públicas de la ciudad de Nueva York, donde el intercambio cultural es parte de nuestra existencia cotidiana.

Pero aparte de todo aquello, mi vida quedó marcada por mi estadía: mis compañeros rosarinos, y sus familias, son amigos de mi alma, y sencillamente, no me imagino mi vida sin ellos.

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