Ovación
Viernes 11 de Noviembre de 2016

Un horizonte nada bello para la selección de Bauza

La goleada ante Brasil dejó al equipo del Patón con escaso margen. No le queda otra que vencer a Colombia

Una paliza. De esas que dejan heridas incurables. Que sólo sirven para entender de una vez que se debe cambiar. Que los tiempos se terminaron. Y esto es más allá del 3-0 final. Porque pudo ser peor. Sí. Que nadie lo dude. Por más que estos mismos jugadores deban jugar en pocos días el partido con Colombia, que hoy tiene una trascendencia vital. Porque Brasil hizo lo que quiso, y perdonó. Obrigado.

Ya no quedan ni destellos de la selección subcampeona en tres competencias. Y esto lo tendrán que entender todos. Qué hacer es el tema. Los tiempos no ayudan. Es más, nada puede hacer cambiar esta mirada. Hay que sostenerla para cambiar de verdad. Porque es cierto que si Argentina le gana el jueves a Colombia, en San Juan, se mete de nuevo entre los clasificados. Ojalá que pase, obvio, pero para conseguirlo el Patón deberá pegar una patada contundente y no pegar un manotazo de ahogado.

Claro, viendo que anoche la figura estelar fue Neymar muchos simplistas dirán que la culpa es de Messi. Sería un error más grande todavía. Si la única esperanza es que lo tenemos para nosotros, si es y fue anoche el único que podía dar alguna expectativa.

La derrota podía ser un resultado lógico antes del partido por las realidades y momentos de Brasil y Argentina. Ese resultado iba a dejar de la misma manera a la selección mirando las posiciones y proyectando el camino a Rusia. La situación cambia porque lo que mostró este conjunto es que no fue equipo.

Porque no alcanza con la voluntad sino con juego. Y acá en Belo Horizonte faltaron muchos jugadores a la cita. Desconocidos, o lo que es peor, conocidos por los últimos rendimientos y corriendo en chancletas por una pendiente. El análisis no es tan difícil. Hay que aceptarlo al mirar el partido. Hasta repasarlo varias veces, si total el resultado no va a ser peor. Sería un buen ejercicio para tomar decisiones. Y no queda otra que hacer nombres. Desde la ausencia de un ladero de Messi, de la falta de poder ofensivo pese a tener a los goleadores europeos que acá no saben convertir. Si ni Di María aparece. Un mediocampo en el que Mascherano ya no es el superhéroe, un Zabaleta que no vio a Neymar ni en las repeticiones de la TV, una dupla de centrales a la que enloquecieron con pases filtrados y velocidad y un arquero que no aporta firmeza ni tranquilidad.

Y ni Bauza se dio cuenta qué hacer. Si hasta desperdició una variante. Y tenía para elegir a quién sacar. Lo habló con el Camello Di Leo allá por el minuto 68, ya con el 0-3 y el descontrol. Debió intentar algo, al menos para evitar el paseo sufrido.

Del otro lado, el amarrete esquema brasileño de esperar en los primeros 25' trocó con el gol del 1-0. Y su sistema hasta fue aplaudido por los torcedores, y eso que no tiene relación con la historia. Es más, lo ovacionaron. Casi tanto como a Neymar. Nadie reclamó con el marcador en cero y todos gozaron con cada contraataque, que es también un arma válida para ganar.

Claro, tal vez en Argentina no esté el recambio como el que está teniendo Brasil, al que le aparecieron Coutinho, Paulinho y hasta Gabriel Jesús, el 9 de 19 años. Es simple hablar bien del ganador y más tras esta paliza recibida. Por eso hay sentarse a evaluar, barajar y dar de nuevo. Y al que le toque la carta negra de quedarse afuera, que son muchos, lo entienda. O no, pero hoy no importa.

Todavía hay tiempo. Pero se acaba. Hay que mirar a marzo y rendir bien la materia para que no todo este perdido. Tanto como el equipo en este durísimo 0-3 que no tiene nada de Belo Horizonte.

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