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Sábado 27 de Julio de 2013

Un grave problema mundial

"Enseñar ciencia implica un compromiso enorme", afirmó Alejandra Suárez, presidente del Consejo Consultivo Científico de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas y docente de la UNR.

La especialista explicó que "el hecho de que las sustancias químicas que se aprenden a usar en las facultades se empleen de forma beneficiosa, nociva o abusiva depende de nosotros, y los alumnos deben sensibilizarse con esto".

Las plantas químicas, creadas por seres humanos o las que se encuentran en la naturaleza, producen sustancias que son escenciales para la vida cotidiana. Se han usado durante miles de años, por ejemplo, para fines medicinales o con otros efectos benéficos para las personas. Lo cierto es que también tienen la posibilidad de utilizarse con otros objetivos como la destrucción y la muerte. Durante la primera guerra mundial se emplearon ciertas sustancias como gases lacrimógenos, asfixiantes o causantes de vómitos. A estas sustancias químicas incapacitantes se fueron sumando las sustancias químicas letales. Así, en la segunda guerra mundial se acumularon arsenales.

En las últimas décadas la experiencia y la tecnología permitieron mejorar y hacer más sofisticadas aún a estas estas armas.

Organizaciones terroristas de distintos lugares del mundo las han utilizado o han intentado hacerlo para herir o destruir al "enemigo".

Detrás de esos desarrollos suele haber profesionales egresados de carreras como ingeniría química o bioquímica "de allí que sea tan importante alentar la responsabilidad en nuestros estudiantes y trabajar para la paz", dijo Suárez.

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