Edición Impresa
Miércoles 21 de Noviembre de 2012

Un golpe táctico, un programa audaz

La reestructuración policial que emprende el gobierno habilita interpretaciones muy diversas. Pero la importancia del programa anunciado ayer compite en trascendencia con la ocasión elegida para el anuncio.

 La reestructuración policial que emprende el gobierno habilita interpretaciones muy diversas. Pero la importancia del programa anunciado ayer compite en trascendencia con la ocasión elegida para el anuncio. Si la política es concebible como teatro, como puesta en escena de la historia, aquí hay un movimiento gestado para recuperar centralidad en una coyuntura por completo adversa. A pocas horas de una interpelación histórica, que también será una mise-en-scène, el oficialismo produce un contragolpe con mucho de sorpresa.

En medio de este duelo táctico el ministro de Seguridad, Raúl Lamberto, se sentará hoy ante los diputados en un lugar algo menos incómodo. ¿Por qué razón? Porque el proyecto postulado, muy incipiente, propone algunas soluciones que la oposición está pidiendo. Si se reclama recuperar conducción sobre la policía la descentralización de la fuerza, que supone una descomposición de su poder en pos de facilitar su gobierno, va en esa dirección. Si se pondera una mayor incidencia de la comunidad en la designación de los jefes, los nuevos concursos, con mecanismos de selección ciudadana, tienden a romper con los oscuros favoritismos de las actuales juntas de ascensos a la vez que estimular lazos de mayor confianza entre las poblaciones y los mandos policiales.

La regionalización termina con una jefatura central a la que fragmenta en jefaturas zonales. Trabajar con unidades locales supone varias ventajas: si hay un problema en Venado Tuerto no tiene por qué saltar un fusible en Reconquista. La supervisión sobre la asignación de recursos económicos y logísticos se facilita en una unidad menor. Poner en manos civiles el manejo de los recursos humanos y de la caja también es un crucial resorte de control.

La embravecida coyuntura aceleró los tiempos de una reforma que no había sido una prioridad. Tambaleando por semanas en terreno fangoso, luciendo por momentos muy desorientado, el gobierno buscó con esto marcar el terreno político pisando firme. En las últimas semanas el criminólogo Alberto Binder trabajó con el gabinete de Seguridad de Antonio Bonfatti marcando pautas y objetivos esenciales.

Habrá que considerar lo prematuro de lo propuesto. Esto es un proyecto que deberá recorrer un trayecto lleno de obstáculos hasta comprobar sus ventajas. La reforma de la ley de Personal emprendida por Jorge Obeid en 2006, con muchos aspectos virtuosos, quedó a mitad de camino. Lo de ayer asoma como primer paso que condensa en un programa una demanda general: reconfigurar a nivel profesional y administrativo a la mayor fuerza de seguridad de la provincia para sacarla de su declinación y desgobierno. Ningún proyecto perdurable se organiza a golpes de opinión pública. Se necesitará calma, colaboración y buena fe de todos lados para que arraigue un esquema de seguridad conveniente a tres millones de santafesinos.

Comentarios