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Lunes 16 de Noviembre de 2015

Un golpe inicial y un final neutro

La cara de sorpresa de Daniel Scioli fue el síntoma del impacto, como un boxeador que sale al ring y recibe un gancho al hígado que lo lleva a abrir la boca para tomar aire.

La cara de sorpresa de Daniel Scioli fue el síntoma del impacto, como un boxeador que sale al ring y recibe un gancho al hígado que lo lleva a abrir la boca para tomar aire. Mauricio Macri entró con todo y logró conmover de entrada a su rival. Pero poco a poco el candidato oficialista encontró su cauce en la pelea, logró neutralizar el golpe inicial y emparejar las tarjetas.
  Superado ese impacto, el debate transcurrió luego con un libreto estudiado y sin tomar riesgo para salirse del molde prefijado por los coaches de ambos candidatos que se enfrentaron en un histórico debate de cara al ballottage del domingo próximo.
  Le tocó a Scioli la difícil tarea de pivotear en dos planos: defender las políticas de trazo grueso de “un gobierno que se va” (como lo dijo varias veces) y al mismo tiempo mostrar algún atisbo de cambio.
  Macri apeló a la “campaña del miedo” para contrarrestar las preguntas de Scioli sobre el ajuste que se viene, el trato con los fondos buitres y todo el recitado del manual de la restauración noventista.
  Entre esas chicanas, hubo cierto pacto de caballeros. Macri jamás le enrostró a Scioli su génesis política y la defensa de aquellas medidas que hoy denosta con fervor. Su objetivo fue poner al gobernador bonaerense como una víctima más del kirchnerismo, pero no de manera inocente, sino con cierta culpa propia por haberse dejado “colonizar” por Zannini, Berni, Aníbal Fernández y La Cámpora.
  Por el momento pareció un debate de sordos. Ninguno de los dos contestó las preguntas insidiosas que le hacía el otro; se limitaron a seguir el libreto lo más serenamente posible.
  Difícilmente este debate logre modificar la foto estadística preexistente. Un efecto neutro que hace más incierto el resultado final.

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