El Mundo
Jueves 30 de Junio de 2016

Un golpe devastador para el presidente Erdogan

DPA

Turquía se hunde en una espiral de violencia y con el ataque contra el aeropuerto Atatürk de Estambul el terrorismo ha alcanzado una nueva dimensión. Hace apenas unos meses, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que la nación se quitaría el guante de seda y golpearía "con puño de hierro" a los terroristas. Pero estos han devuelto ahora el golpe.

El atentado de este comando suicida se ha producido precisamente en medio de buenas noticias. Después de meses de tensiones, Ankara y Moscú están volviendo a acercarse, y el gobierno turco se ha reconciliado también con Israel tras varios años. Pero la violencia volvió a alcanzar al país la noche del martes, con el atentado atribuido al Estado Islámico (EI) que ha dejado 41 muertos y más de 200 heridos.

En el sureste del país, la situación ya era complicada desde hace un año debido al recrudecimiento del conflicto con los kurdos, que amenaza con convertirse en una guerra civil. Pero esa situación quedaba muy lejos para los habitantes y visitantes de Estambul y Ankara, hasta que la violencia golpeó también a esas grandes ciudades.

Por otro lado, Turquía endureció el combate contra la milicia islamista EI después de que a Erdogan se le acusase durante mucho tiempo de haber fomentado a este tipo de grupos extremistas en Siria, al menos con su estrategia de mirar hacia otro lado.

Tan sólo en Estambul y Ankara se registraron más de 200 muertos desde el pasado otoño boreal, entre ellos más de una decena de turistas alemanes que murieron en un atentado suicida del EI en enero en la ciudad vieja de Estambul. El ataque contra el aeropuerto es el cuarto atentado grave que sufre Estambul desde comienzos de año y el segundo durante el mes sagrado de los musulmanes, el Ramadán.

Hace tres semanas estalló un coche bomba en la ciudad vieja, un ataque que fue reivindicado por los Halcones de la Libertad del Kurdistán (TAK), un grupo escindido del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). En esta ocasión se sospecha que el responsable es el EI. Según dijo durante una visita al aeropuerto el primer ministro turco, Binali Yildirim, los indicios apuntan a que la milicia islámica sunita es la responsable de la masacre.

El aeropuerto Atatürk es un objetivo de gran valor simbólico y que tiene una gran importancia económica para Turquía. El país ya estaba sufriendo un fuerte retroceso en la llegada turistas y ahora podría darse por perdida la temporada.

El mayor aeropuerto del país recibe una cantidad de pasajeros similar al aeropuerto alemán de Francfort y crece con rapidez. Además, la terminal aérea lleva con orgullo el nombre del fundador del Estado turco y representa el despegue económico de Turquía.

   Erdogan lleva meses intentando transmitir la impresión de que Turquía está teniendo éxito en la lucha contra el terrorismo. Pero este último baño de sangre no corrobora sus palabras.

   Como suele ser habitual cuando se producen graves atentados, el gobierno impuso un bloqueo informativo. Ahora parece que la consigna del gobierno es volver lo más rápido posible a la normalidad, empezando por el tráfico aéreo.

   Tras los atentados ocurridos en marzo en Bruselas pasaron dos semanas hasta que el aeropuerto de la capital belga volvió a funcionar. Pero en Estambul ni siquiera ha transcurrido un día. Tan sólo cinco horas después del ataque, Yildirim aseguró: “Nuestro aeropuerto está abierto a los vuelos desde las 02:20 horas y el tráfico aéreo se ha normalizado”. Pero esa afirmación pareció osada, teniendo en cuenta que tan sólo Turkish Airlines canceló ayer 340 vuelos en Estambul.

   El primer ministro también se atrevió a asegurar que “no se puede hablar de un fallo de seguridad ni en la zona de salidas ni de llegadas del aeropuerto”. La versión oficial es que tres atacantes suicidas llegaron en taxi al aeropuerto, uno de ellos se hizo volar en el estacionamiento y un segundo fuera de la zona de llegadas de vuelos internacionales. El tercero fue abatido en el control de seguridad en la entrada de la terminal de llegadas.


Versión dudosa. Según esta versión, ningún terrorista consiguió burlar al personal de seguridad. Pero los testimonios de algunos presentes, así como de reporteros y trabajadores del aeropuerto apuntan a que por lo menos uno de los atacantes lo habría logrado. En todo el mundo circula un video, cuya autenticidad no se confirmó, que parece mostrar cómo los pasajeros huyen presos del pánico tras el control de seguridad en la zona de check-in, una planta más arriba de la zona de llegadas. En la imagen aparece un hombre vestido de negro, que es abatido y cae, mientras un fusil AK-47 se le escurre y resbala sobre el suelo. Pocos segundos después se produce una explosión y el hombre desaparece.

   Se haya producido o no un fallo de seguridad, los extranjeros occidentales que se encuentran en Estambul desconfían de las promesas del gobierno, que asegura que vencerá al terrorismo. Los atentados hacen que se extienda el miedo y la certeza de que el terrorismo puede alcanzar a cualquiera. Cuanto más ensombrece este miedo el encanto de Estambul más le dan la espalda los occidentales a la otrora capital cultural de Europa.


Can Merey / DPA

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