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Domingo 15 de Mayo de 2011

Un gobernador en la esquina

En plena campaña electoral es habitual el acoso de candidatos y adherentes entregando volantes por la peatonal o cualquier otro lugar transitado de la ciudad. Pero lo que es menos común es encontrarse parado en una esquina al mismísimo gobernador de la provincia dispuesto a saludar, escuchar y atender a los sorprendidos y ocasionales transeúntes.

En plena campaña electoral es habitual el acoso de candidatos y adherentes entregando volantes por la peatonal o cualquier otro lugar transitado de la ciudad. Pero lo que es menos común es encontrarse parado en una esquina al mismísimo gobernador de la provincia dispuesto a saludar, escuchar y atender a los sorprendidos y ocasionales transeúntes. Ocurrió ayer al mediodía en Pellegrini y Mitre, donde Hermes Binner pasó un largo rato en contacto directo con la gente. “Es la democracia directa”, bromeó un colaborador que no ocultaba su preocupación por semejante exposición. Pero todas fueron flores. Sin despacho ni agenda previa, Binner atendió de a una numerosas cuestiones que le plantearon, aconsejó cómo resolver varios asuntos y recibió felicitaciones, agradecimientos y pedidos de fotos. Si alguien tuviera que sacar alguna conclusión de esa instantánea del gobernador parado en una esquina, corroboraría no sólo lo que dicen las encuestas de su imagen positiva, sino que arriesgaría que en la interna del próximo domingo es más que probable que pueda imponer a su candidato a gobernador. Y más aún. Como le dijo un hombre mayor que se le acercó a saludarlo: “Ahora déjela a esta mujer que siga. Usted será presidente dentro de cuatro años”. Siempre dispuesto, Binner agradeció y estrechó esa mano. Mientras, desde el bar frente al que estaba parado lo invitaban a pasar para invitarlo con un café.

Llega el frío y se achica el comedor

Las parrillas, bares y afines de avenida Pellegrini, que durante la temporada de verano ocupan la veredas, ahora, con la llegada de los primeros fríos, han ingresado las mesas a los locales. Conclusión: ya se parecen comedores con mesas comunitarias, casi sin separación y donde se siente masticar al vecino. ¿Alguien controla la capacidad máxima de comensales que puede albergar cada uno de los locales?

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