Ovación
Lunes 13 de Febrero de 2017

Un Federer y un baby Federer

Los parecidos entre el suizo y el búlgaro Dimitrov asombran, pero aunque se los compare es prácticamente imposible que el de Haskovo supere al de Basilea.

En muchas disciplinas ocurre, pero en el deporte pasa de una manera abismal. Las comparaciones. La búsqueda de similitudes. Y ocurre fundamentalmente cuando algún genio se va o está próximo a irse, la necesidad de encontrar a alguien que por alguna razón ocupe su lugar. En parte sucede porque la lógica tantas veces responde a "mantener" el negocio, el show y con ello la expectativa. Quizás sea porque cueste resignarse a no ver más en acción a ese personaje que deslumbró. Si no la discusión "¿Messi o Maradona?" ya se hubiese acabado hace rato. En el tenis, desde hace algunas temporadas, se habla en demasía del búlgaro Grigor Dimitrov, a quien se apodó como "baby Federer" por su parecido con Roger, el suizo que para muchos es considerado el mejor tenista de la historia. Pero, ¿será para tanto?

   La consideración por Dimitrov subió al tiempo que en el ambiente se empezó a hablar de "la recta final" de la carrera de Federer. Pasados los 30 años y teniendo en cuenta los problemas que padeció en las últimas temporadas no faltaron los que lo dieron por muerto. Sin embargo, a los 35 y tras seis meses sin poder competir por una operación en la rodilla, Federer demostró que está vivo llevándose en enero nada menos que el Abierto de Australia, primer Grand Slam de la temporada. Hay Roger para rato largo. Así y todo, Dimitrov, como no había logrado hacer hasta acá, inició el año de la mejor manera con dos títulos. Y lo que es aún mejor, pudo mantener la regularidad en ese juego distintivo, técnico y hasta lujoso.

   Grigor arrancó a jugar al tenis a los 8 años y tiene el revés como golpe favorito (igual que Federer) y en repetidas ocasiones reconoció que "imita" los movimientos del suizo y que no se cansa de mirar sus partidos. Por tener un físico similar y un talento innegable, Dimitrov logró parecerse mucho a Roger en este tiempo, por lo que no dejan de ser citas imperdibles aquellas en las cuales se cruzan cuando un torneo los encuentra frente a frente y permite debatir, incluso, si se es osado, si es mejor el alumno o el maestro. Abundan los videos en Youtube, por ejemplo, en el que se los edita de manera que parecen calcos. Afuera de la cancha los representa la misma empresa. El parecido es increíble, pero llega hasta ahí.

   Dimitrov arrancó el 2017 con dos títulos: el ATP 250 de Brisbane y el 250 de Sofía, en su país. Jugó un Australia inolvidable llegando hasta semifinales, instancia en la que cayó en cinco sets ante Rafael Nadal, a quien tuvo contra las cuerdas. Se nota una maduración en Dimitrov y eso ilusiona al tenis, por lo que puede ofrecer, pero el búlgaro aún está a años luz de su álter ego.

   Primero, porque para cuando Federer tenía 25 años, la edad que hoy tiene Dimitrov, ya había demostrado que no era un tenista de paso por el circuito, sino que apuntaba a la historia grande. De manera que parece imposible que el búlgaro lo alcance en un algún momento en cuanto a resultados a pesar de que Roger tenga 12 años más que él hoy como profesional. El relojito suizo acumula 89 títulos de singles en su carrera, entre ellos 18 Grand Slams. Nadie ganó como él. Dimitrov tiene seis coronas, ninguna de las grandes. De hecho, las citadas semifinales de Australia fueron su mejor marca en un Grand Slam.

   Reconocidas las condiciones físicas y la técnica, a Dimitrov se le notó cierta falta de fortaleza mental. O quizás sintió la presión de la observación. Lo cierto es que nunca pudo mantener la regularidad que se necesita para discutirle fuerte a los de arriba. Su mejor ránking fue el 8º, en 2014. Hoy está 13º. Federer, por su parte, hace lo que pocos pueden. Se reinventa permanentemente acondicionando su juego a las posibilidades físicas y a las condiciones de sus rivales. Lejos de toda juventud arrolladora sabe que si no ejecuta planes variados lo pasan por arriba. Es esa otra virtud del suizo. Jugadores como Dimitrov pueden estar meses y meses encerrados en el mismo laberinto.

   De manera que si bien este Dimitrov modelo 2017 se parece un poco más al estereotipo Federer, esperar que haga lo mismo es una auténtica locura. En estas semanas el búlgaro demostró que "acomodó" la cabeza (principal diferencia con Federer) y que está para hacer cosas importantes. En la medida en que sume títulos alimentará la confianza y crecerá, pero no será igual que su ídolo. En la presente temporada, si los dos se mantienen plenos, como la empezaron, va a ganar el tenis indefectiblemente, aunque después cada cual pondrá el estilo que mejor le parezca.

   Federer y Baby Federer parecen calcos. Mucho más en el inicio de este año. Aunque no lo son ni lo serán. La estrategia marketinera es eso: marketing. Por eso, mejor mirar directamente la pelotita, la empuñadura, los golpes, los movimientos y disfrutar. Disfrutar por separado. Porque las comparaciones, definitivamente, terminan siendo odiosas por alguna razón. Y porque Federer y Baby Federer son cosas distintas. Aunque igualmente bellas.


Grigor, en casa

Grigor Dimitrov obtuvo el título de Brisbane a principios de enero y ayer se llevó el ATP 250 de Sofía al vencer en la final por 7/5 y 6/4 al belga David Goffin. Es el único tenista con dos trofeos en esta temporada.

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