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Sábado 18 de Diciembre de 2010

Un faltazo imperdonable

La inauguración del Museo de la Memoria tuvo un faltazo imperdonable, el del gobierno nacional. Así, sin anestesia.  

La inauguración del Museo de la Memoria tuvo un faltazo imperdonable, el del gobierno nacional. Así, sin anestesia.
 
Nadie llegó a Rosario para participar del acto más importante en materia de derechos humanos de este año en el país, exceptuando, claro está, los propios juicios por la verdad. Ni siquiera vino el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Duhalde. Ni los principales referentes de los organismos. Entonces la pregunta nace sola. Y con dolor. ¿Por qué?
 
Este es el único espacio de memoria en el país -y uno de los pocos de América latina- que consiguió hilvanar un guión museístico, debatir y consensuar miradas sobre un tema tan complejo como para permitir que esa multiplicidad de visiones encontrara expresión y se plasmara en obras, dispositivos, rincones de reflexión e investigación. Y lo hizo, además, con belleza, con sobriedad, con contundencia. Entonces, ¿por qué no vino nadie del gobierno nacional?
 
Me surgen dos respuestas, quizás demasiado obvias, pero que creo  ineludible esbozar. La primera tiene que ver con la sempiterna mezquindad política de la que casi ningún partido se salva, aunque algunos se salven menos que otros.
 
¿Pero qué temía el gobierno nacional que ocurriera en caso de mandar figuras de primer nivel? No cabe duda de que en materia de derechos humanos el kirchnerismo ha generado suficiente crédito propio como para no temer nada, como para no temer al socialismo local. Había lugar para todos. Repito: había lugar para todos, pero decidieron no ocuparlo.
 
¿Alguien creyó que el Museo de la Memoria fue un proyecto sesgado de un solo partido? Pues nunca lo fue. Surgió del pleno del Concejo local y años después encontró apoyo unánime en las Cámaras legislativas de Santa Fe para la expropiación de la casona que ahora tiene por sede.
 
Y además, en el acto de inauguración no hubo ni un solo discurso político de apropiación por parte del socialismo. También hay que decirlo.
 
Pero además de esas miserias políticas intuyo que hay otra respuesta. Tanto o más fuerte como razón para el faltazo. Y que, confieso, en lo personal me resulta tanto o más indignante y dolorosa: esto no pasó en Buenos Aires, pasó en Rosario. Ergo, en ninguna parte.
 
Así son la cosas en Argentina. Los actos que se hacen en Buenos Aires son "nacionales". Los que se hacen en el "interior" del país, no. Con suerte son provinciales, o locales, poco más que una mateada entre vecinos.
 
¿No se podía conmemorar en Rosario el Día Internacional de los Derechos Humanos que el 10 de diciembre reunió en Buenos Aires a tanta gente y que televisó Canal 7? O si se prefería -como de hecho ocurrió- hacerlo en Capital y por eso se postergó incluso la inauguración del Museo de la Memoria, ¿no podían las autoridades nacionales acusar recibo de esa espera, leer esa expectativa?
 
Nadie del gobierno nacional (a excepción, nobleza obliga, de Judith Said, coordinadora del Archivo Nacional de la Memoria) acudió a la cita. Ni Cristina, ni Duhalde, ni una figura política santafesina como Agustín Rossi. Y tampoco asistieron Madres ni Abuelas de la llamada escena nacional. Da pena. Da dolor. Los esperábamos.

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