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Viernes 06 de Enero de 2017

Un estudio descubre que algunas zonas del cerebro se desarrollan hasta la adultez

El tejido de ciertas regiones sigue creciendo hasta la edad adulta, lo que permite mejorar algunas habilidades, como reconocer caras

Al contrario de lo que se pensaba, el tejido de algunas zonas del cerebro sigue desarrollándose hasta la edad adulta, lo que permite mejorar algunas habilidades como el reconocimiento facial, según un estudio publicado ayer en la revista Science.

Hasta ahora se creía que en el desarrollo cerebral la denominada "eliminación sináptica" se daba en los primeros estadios de la niñez. Ahora los investigadores lograron demostrar que la estructura cerebral no permanece inalterable entre la niñez y la adultez, sino que se forman nuevos tejidos.

De la infinidad de cosas que podemos reconocer a nuestro alrededor, pocas serán tan importantes como las caras de otras personas. De hecho, esta facultad es tan valiosa que cuenta con un módulo específico y exclusivo en el córtex cerebral, la sede de la mente humana.

Los científicos han puesto sus lupas de alta tecnología sobre esa pequeña región cerebral y han descubierto algo completamente inesperado: que sus células siguen proliferando hasta la edad adulta, y que ese crecimiento se correlaciona con la mejora del talento para reconocer las caras y sus expresiones.

Es la primera vez que la maduración de una facultad mental se asocia con la proliferación de neuronas. El hallazgo revela un nuevo modelo de aprendizaje, por completo insospechado. "¿Cómo cambia el tejido cortical mientras la función cerebral y el comportamiento mejoran desde la infancia hasta la edad adulta?". Es la pregunta que abre el trabajo de Kalanit Grill-Spector, Jesse Gómez y sus colegas de las universidades de Stanford (Estados Unidos), Jerusalén (Israel) n y Düsseldorf (Alemania), que presentan su investigación en la revista Science.

La teoría que ha dominado este campo desde los años 80 es que el aprendizaje se debe esencialmente a la "poda" (pruning) de sinapsis (conexiones entre neuronas). El cerebro de un recién nacido, según esta teoría asentada, tiene ya su número final de neuronas, unos 90 mil millones. Aún tiene que crecer unas cinco veces para alcanzar su tamaño adulto, pero ese crecimiento no se debe a la proliferación celular, sino al incremento de tamaño de cada célula y a su creciente recubrimiento de mielina, una sustancia aislante que envuelve a los axones y las dendritas. El aprendizaje, según esta idea, se asocia a la "poda" selectiva de sinapsis, o conexiones entre neuronas.

"La estructura del cerebro se modifica hasta bien avanzada la pubertad. Hay una estrecha relación entre nuestra capacidad para reconocer rostros y la estructura de tejidos", explicó la neurocientífica alemana Katrin Amunts, que forma parte del equipo internacional investigador.

"No está todo ahí desde el nacimiento. El bebé puede oír bien desde el nacimiento, pero otras capacidades se desarrollan con los años", añadió.

En la investigación participaron 22 niños de entre cinco y 12 años y 25 jóvenes de entre 22 y 28 años. Los participantes observaron varias imágenes y los científicos registraron con una resonancia magnética su actividad en dos zonas del cerebro: la que reconoce los lugares y la que identifica los rostros.

En el caso de los adultos, en las zonas cerebrales responsables del reconocimiento facial se detectaron indicios de tejidos adicionales que no tenían los niños.

"Creemos que las dendritas, que recopilan la información de distintas partes del cerebro y la llevan hasta determinadas células nerviosas, se desarrollan de forma especialmente acusada en la región cerebral responsable del reconocimiento facial", explicó Amunts. En la zona vecina, responsable del reconocimiento de los lugares, no se detectó ese tipo de cambios.

"La capacidad de distinguir rostros -primero los de los padres y después de extraños o personas que se parecen- se desarrolla durante la niñez", subrayó Amunts. Está estrechamente relacionada con la región cerebral que procesa los rostros.

Amunts cree que se este tipo de procesos de desarrollo puede darse también en otras zonas del cerebro, como el centro del habla, ya que las capacidades lingüísticas se desarrollan durante un período relativamente largo.

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