Opinión
Viernes 18 de Noviembre de 2016

Un encuentro con la comunidad toba

Por primera vez, y por iniciativa de la Daia (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) filial Rosario, se llevó a cabo el 4 de noviembre pasado un encuentro con miembros de la comunidad toba en el asentamiento Villa Cariño, en la zona sudoeste de la ciudad.

Por primera vez, y por iniciativa de la Daia (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) filial Rosario, se llevó a cabo el 4 de noviembre pasado un encuentro con miembros de la comunidad toba en el asentamiento Villa Cariño, en la zona sudoeste de la ciudad.

Esta actividad se desarrolló en el marco de otras acciones llevadas a cabo por la Daia en distintos ámbitos de Rosario con el objetivo de trabajar la problemática de la discriminación desde la sensibilización, el encuentro y determinados marcos teóricos.

El prejuicio como construcción social en nuestro país fue de la mano de contextos y coyunturas de ocasión que le dieron fundamento y justificación.

Desde el racismo explícito de la conquista de América, los resabios inquisitoriales, pasando por el crisol de razas que intentó borrar los orígenes para derretirlos en una identidad homogénea, y los períodos dictatoriales de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, se llegó a la perspectiva de la diversidad.

Su mayor desafío consiste en plantear la inclusión y la idea de ser todos iguales ante la ley y, a la vez, distintos.

De esta manera, se desanima la noción de jerarquizar a los grupos humanos, preconcepto que llevó a la humanidad a tragedias descomunales basadas en programas políticos racistas de exterminio.

Los pueblos originarios sufren en la actualidad numerosas situaciones de discriminación en una vergonzosa reproducción de la conquista de América. No sólo es invisibilizada la riqueza de su cultura, sino que como colectivo se son vulnerables al prejuicio desde distintas variables que se suman y agravan su situación: por aspecto físico y por la pobreza.

En el diálogo compartido de la Daia con miembros de esta comunidad, en el que se generó un clima de confianza, calidez y cordialidad, fueron protagonistas las mujeres: sólo hubo dos hombres, que se acercaron tímidamente al lugar con la charla ya iniciada.

En los relatos vertidos, transmitieron con dolor un común denominador: la violencia de género, el abuso del alcohol y de sustancias prohibidas, y la ausencia de motivación y proyectos de vida. Cadena interminable de transmisión generacional al infinito. Una realidad ensombrecida producto de la desesperación, el abandono y la indiferencia y complicidad institucional.

Gracias al intercambio de pareceres, y en la capacidad de establecer empatía con el sufrimiento del prójimo, se dieron los primeros pasos.

Se valoró especialmente la posibilidad de advertir las dificultades, la prevención y la capacidad de ir resolviéndolas en pequeñas y justas medidas, evitando la frustración y el desencanto. Empezando por el entorno más cercano y desnaturalizando los roles sociales fijos en la familia, en el barrio, en la escuela y en el trabajo.

La experiencia resultó impactante y nutritiva para todos los presentes confirmando sin dudas que el diálogo, el encuentro de miradas y el ejercicio de ponerse en el lugar del otro, tienden puentes de paz y de esperanza.

Diego Czarny

Presidente de la Daia, filial Rosario


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