Ovación
Viernes 07 de Octubre de 2016

Un empate que no castiga ni condena

El seleccionado nacional estuvo cerca del triunfo pero fue justo el reparto de puntos.

PERÚ. ENVIADO ESPECIAL.- El empate de anoche contra Perú no castiga ni condena. Es cierto que Argentina lo tuvo servido para ganarlo. De hecho, el gol de Gonzalo Higuaín a menos de diez minutos para el final pareció ser el certificado de defunción del conjunto de Gareca. Pero la selección no pudo sostenerlo. Por virtudes del rival y porque en el segundo tiempo no tuvo la lucidez para que Perú entrara en pánico y desesperación. Quizás fue el momento en que el equipo de Bauza debió demostrar un salto de osadía por decisión propia y obviamente porque le faltó Lionel Messi. Es imposible no extrañarlo a Leo.

Igual, lo bueno de Argentina fue que desbarató enseguida el plan que tenía Perú de emboscarlo contra el arco de Romero. La selección nacional no sólo no permitió que el rival la arreara, sino que también se animó a progresar en ataque. Utilizó bien las bandas con Dybala, quien siempre cayó en tentación de tirar la diagonal, y por el otro lado Di María no se borró a la hora de ocupar las posiciones defensivas, tal como había anunciado Bauza en la conferencia de prensa del miércoles.

Claro que este entendimiento colectivo argentino no se hubiera notado tanto si Ramiro Funes Mori no convertía ese gol de atropellada para poner el 1 a 0. El ex defensor de River lo festejó buscando una pelota y simulando tener panza en referencia a que dentro de poco será padre.

La ventaja no tranquilizó a Argentina porque despertó a Perú. Como era lógico, el conjunto de Gareca sintió que le habían echado sal a la herida y saltó en busca del empate para cicatrizarla. Cuevas empezó a complicar más con sus gambetas y, entre Yotún y Flores, se las ingeniaban para complicarle la existencia a la sociedad de corte y distribución que conformaron Kranevitter y Mascherano en la zona media.

No obstante, en cada pelota parada Argentina mostrabas las garras, y las agallas en cada contraataque que comandaba Di María. Perú también tuvo lo suyo, pero siempre aparecía alguna pierna salvadora de un defensor o ayudaba que Guerrero y Cuevas no estuvieran finos en la definición.

Ya en el segundo tiempo, Argentina no se paró tan adelante como al principio. Un poco empujada por Perú y también porque dio la impresión de que quería encogerse para salir rápido con las réplicas de Di María o Agüero. Era un modelo de trámite para que creciera la figura de la red de contención argentina. Pero el equipo jugó con fuego y llegó ese pelotazo cruzado de Trauco para Guerrero, quien lo arrastró a Funes Mori y sometió a Romero.

Bauza se dio cuenta de que el equipo se había retrasado inútilmente y con el ingreso de Correa por Dybala buscó mostrar más la carta del contraataque. Cada ataque de los peruanos era empujado por 50 mil almas que convirtieron al estadio en una verdadera caldera.

Ahora sí Perú lo metía en un arco a Argentina. Se perdió el gol Ramos con un cabezazo y Da Silva también tuvo el segundo pero Romero respondió. Sin embargo, el que no falló, vaya paradoja del destino, fue Higuaín. El Pipita casi ni la había tocado, pero esta vez convirtió lo que erró en las tres finales que disputó con la selección. Aunque tampoco sirvió para ganar porque llegó ese penal de Funes Mori a Guerrero que Cuevas cambió por gol. El 2-2 le dio más un toque de justicia al partido. Aunque duela decirlo, Argentina hizo méritos para ganar, pero tampoco hubiera sido merecido que Perú se retirara con una derrota.

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