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Viernes 15 de Agosto de 2008

Un Duhalde desbocado

Hay dirigentes políticos que hablan sobre el presente y el futuro como si no tuvieran pasado, como si fueran recién llegados de otro planeta o fueran parte de una nueva generación que ingresa a la vida pública. Eduardo Duhalde, uno de los grandes jugadores de la política nacional en las últimas dos décadas, es uno de ellos...

Hay dirigentes políticos que hablan sobre el presente y el futuro como si no tuvieran pasado, como si fueran recién llegados de otro planeta o fueran parte de una nueva generación que ingresa a la vida pública. Eduardo Duhalde, uno de los grandes jugadores de la política nacional en las últimas dos décadas, es uno de ellos.

Pese a que ya en dos oportunidades (1999 y 2003) anunció su retiro “definitivo” de la política, Duhalde sigue en acción: opera, negocia y critica como si tuviera crédito libre y no fuera corresponsable de las crisis y padecimientos que sufrió el país en los últimos años, como si no tuviera que rendir cuentas de su pasado.

Fue intendente de Lomas de Zamora, diputado nacional, senador nacional por Buenos Aires, vicepresidente de la Nación, gobernador durante dos mandatos de la provincia de Buenos Aires, presidente de la Nación electo por la Asamblea Legislativa, presidente del Mercosur… Evidentemente, cargos tuvo y poder le sobró.

Y no hay que ser muy memorioso para recordar los escándalos de corrupción del primer gobierno de Menem del cual fue su vicepresidente, con la perlita de haber firmado de puño y letra aquel decreto que designó interventor de la Aduana de Ezeiza al ex coronel sirio Ibrahim al Ibrahim, quien nunca supo hablar castellano ("Duhalde me decía qué valija tenía que pasar", repetía por ese entonces el marido de Amira Yoma, ex cuñada de Menem). También se podría mencionar la red clientelar que armó a través de las “manzaneras” en la provincia de Buenos Aires para controlar políticamente ese territorio y ni qué hablar de la “Maldita Policía” bonaerense, el caso Cabezas, las denuncias por narcotráfico…

Pero volvamos al presente. Duhalde insistió el jueves pasado, en una visita que realizó a Rosario, con que el ex presidente Néstor Kirchner sufre "deterioro psicológico", pero fue aún más allá al afirmar que su discurso frente al Congreso, en los días finales del conflicto agropecuario, le hacía acordar "al Führer (por Adolfo Hitler)".

Más allá de las opiniones que cada uno pueda tener de Kirchner, compararlo con Hitler con el sólo fin de buscar repercusión mediática es bastardear uno de los hechos más vergonzosos de la historia humana, como fue el Holocausto. Sin ingresar en el reino del disparate es imposible buscar similitudes entre Kirchner y el máximo ideólogo de la matanza de millones de personas en campos de concentración. En todo caso, si con alguien se podría hacer un paralelo de Hitler, aunque también forzando hechos históricos diferentes, es con Videla y sus secuaces de la última dictadura militar. Pero a Duhalde no se le ocurrió esta semejanza.

Este país necesita serenidad y responsabilidad institucional de todos los dirigentes, oficialistas y opositores. Y un plus de prudencia de aquellos que han ejercido los máximos cargos del país. Nada justifica desvirtuar hechos histórico, menos las ambiciones y enconos personales.

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