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Lunes 24 de Diciembre de 2007

Un diciembre muy agitado

La segunda gestión de Lifschitz no empezó con buenas noticias. El 10 de diciembre asumió un nuevo período al frente de la Intendencia de Rosario. Cuatro días después el Concejo, ahora con mayoría socialista, aprobó la iniciativa del Ejecutivo de aumentar el boleto urbano de pasajeros a 1,40. Y cinco días más tarde el gobierno municipal anunció una suba generalizada de las tasas (excepto la general de inmuebles) que llega en algunos casos al 50 por ciento. Por si fuera poco, el sindicato que nuclea a los trabajadores municipales comenzó el 4 de diciembre un duro plan de lucha en reclamo de un aumento salarial del 10 por ciento...

La segunda gestión de Lifschitz no empezó con buenas noticias. El 10 de diciembre asumió un nuevo período al frente de la Intendencia de Rosario. Cuatro días después el Concejo, ahora con mayoría socialista, aprobó la iniciativa del Ejecutivo de aumentar el boleto urbano de pasajeros a 1,40. Y cinco días más tarde el gobierno municipal anunció una suba generalizada de las tasas (excepto la general de inmuebles) que llega en algunos casos al 50 por ciento. Por si fuera poco, el sindicato que nuclea a los trabajadores municipales comenzó el 4 de diciembre un duro plan de lucha en reclamo de un aumento salarial del 10 por ciento.
   Es muy sencillo ponerse en la posición de lanzar ácidas críticas contra las subas de tasas. Ninguna medida que afecte al bolsillo es simpática. Pero en una economía con una inflación real cercana al 20 por ciento, quienes manejan presupuestos (públicos, privados y familiares) deben estar atentos a los desfasajes que se puedan llegar a producir entre gastos e ingresos. El tema de fondo es cómo y a quién se reajusta, y en qué proporción.
   Si los insumos y los salarios subieron durante el 2007, y lo seguirán haciendo en el 2008, no se puede pretender que las tasas queden congeladas. Si no, ¿de dónde saldría el dinero para otorgar aumentos salariales, para comprar medicamentos o para realizar obras en la ciudad? Claro que también se debería evaluar si el municipio gasta bien, es decir en qué gasta y cuánto gasta. Esa es la otra cara de la moneda.
   Respecto del boleto no hay que cansarse de denunciar la discriminación que sufre el interior del país en relación a Capital Federal y el conurbano en la distribución de los subsidios nacionales al transporte. Como consecuencia de ello el boleto de subte y el de colectivo en Buenos Aires cuesta sólo 75 centavos y pasará a 90 centavos a partir del 1 de enero. ¡Qué injusticia! Como si los habitantes del interior del país tuviéramos ingresos más altos que los porteños.
   Pero la discusión de fondo que se viene es la suba de la tasa general de inmuebles (TGI), que Lifschitz ya admitió el viernes pasado que está en estudio y fuentes del gobierno deslizaron que tiene planeado enviarla al Concejo en febrero. Allí se debería realizar un profundo análisis para que la nueva estructura de pago tenga en cuenta principalmente la capacidad económica del contribuyente. Por ejemplo, un departamento de las futuras torres en Parque Norte debería pagar sustancialmente muchísimo más por metro cuadrado que una casa de un barrio de clase media como Echesortu.
   En uno de los últimos números de la revista Fortuna se publicó una interesantísima entrevista a Pablo San Martín, un reconocido especialista en temas contables e impositivos que tiene como clientes a grandes empresas como Volvo, Unilever, Freddo y Warner Music, entre otras, donde plantea fuertes críticas de la estructura a través de la cual el Estado argentino obtiene sus ingresos. “En la Argentina es muy barato ser rico –asegura–. En la estructura fiscal, el 80% de los ingresos son por el consumo y sólo 20% por impuestos a la renta. Esto hace que quienes destinan la mayor proporción de sus ingresos al consumo están más afectados que los que tienen ingresos que pueden dedicar a otras cosas. Por ejemplo, una persona contratada para limpiar un banco destina, entre IVA e Ingresos Brutos, un 25% de su sueldo a pagar impuestos. Mientras que el accionista de un banco paga lo mismo, pero no paga nada sobre la renta que tiene. Esto hace que el sistema tributario impida la movilidad social y concentre riqueza”.
   Este es uno de los grandes temas pendientes de la Argentina, un país en el que la estructura impositiva es sumamente regresiva. Una política que tienda a la redistribución del ingreso tiene necesariamente que privilegiar el gasto social, pero también definir de qué bolsillos (y en qué proporción) salen los fondos necesarios para solventarlo. La principal responsabilidad en este asunto es del Estado nacional y de los estados provinciales (es irrisorio lo que se paga en Santa Fe por el impuesto inmobiliario rural cuando en el sur provincial la hectárea cotiza a 10.000 dólares). Y si bien los municipios no cobran impuestos, sino tasas, también tienen herramientas para beneficiar a los sectores más débiles de la sociedad.

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