Ovación
Domingo 07 de Agosto de 2016

Un día de locos, el primero de todos, en el loco Parque Olímpico

Más de 25º a las 9 de la mañana y toda la humedad. El Parque Olímpico de Barra de Tijuca abre sus puertas por primera vez para la competencia propiamente dicha.

Más de 25º a las 9 de la mañana y toda la humedad. El Parque Olímpico de Barra de Tijuca abre sus puertas por primera vez para la competencia propiamente dicha. En realidad ya está disponible para el público desde hace un par de horas. Hasta ayer, sólo la prensa y los contingentes de turismo ingresaron para ver, en el mejor de los casos, entrenamientos.

Es 6 de agosto, el primer día de competencia plena en el predio que nuclea la mayor cantidad de escenarios y especialidades.

Los periodistas ingresan apurados y no miran para adelante, sólo el reloj, como para abarcar la mayor cantidad de competencias posibles. A medida que la mañana transcurre y se amplía el menú de opciones, el caos se incrementa porque la cantidad de público es directamente proporcional. Y así será hasta entrada la noche. No sólo es el primer día de competencia plena, es sábado.

Los voluntarios le ponen mucha garra pero ni por asomo son una ayuda, más bien todo lo contrario: un desastre. Tampoco se salvan los jefes de los voluntarios que aparecen cuando las papas queman. Y las papas se queman.

Todo se hace a las apuradas. Bajar las escaleras tras la clasificación de Paulita Pareto a semis para llegar al comienzo del dobles de Del Potro-Machi González es una verdadera proeza. Los vallados los pensó el demonio y nunca se llega al lugar indicado sin fracasar dos o tres veces.

En uno de los intentos aparece de frente la inmensa figura, en el más amplio sentido de la inmensidad, de Boris Becker, todo vestido de serbio. No cambió de nacionalidad el alemán, es uno de los entrenadores de Novak Djokovic. Tras la sorpresa inicial, la bronca: por unos pocos minutos se escapó la chance de ver al número uno del mundo que hoy será rival de Del Potro en singles.

Aparece un argentino muy perdido y pregunta por Los Leones. La respuesta lo aniquila: "Están jugando en Deodoro, a 30 kilómetros de acá". El compró una entrada para ver natación, pero mientras esperaba quería espiar algo de su interés y le apuntó a la selección de hockey masculino. Todavía faltaban unas cuantas horas para que compitiera Virginia Bardach. Se conformó con "fisgonear" tenis detrás de las lonas. Tenía para todos los gustos.

Camino al Arena Carioca 2, donde compite el judo, se escucha un aplauso cerrado tras una muy buena derecha de la bellísima serbia Ana Ivanovic contra la española Carla Suárez Navarro, que se quedará con la victoria. Todavía en proceso de acercamiento, un megáfono anuncia que las competencias de esgrima son en el Carioca 3 y señala el camino de vallas correcto. Igual, es tal el desorden que hasta que no se vea a los competidores no habrá seguridad de haber escogido el laberinto correcto.

En el Parque Olímpico de Barra, el corazón de los Juegos, conviven el Arena Carioca 1, 2 y 3, Arena del Futuro, Velódromo Olímpico, el monstruoso Centro Acuático Maria Lenk (allí competirán las mellizas Sánchez), Arena Olimpia (allí hizo su rutina ayer Nico Córdoba), el Estadio Acuático Olímpico y el Centro Olímpico de Tenis. Ahí competirán el básquet, handball, tenis, natación, nado sincronizado, ciclismo, judo, lucha, taekwondo, esgrima, polo acuático, saltos ornamentales y gimnasia.

Es un predio de más de un millón de km2 que cuando terminen los Juegos Paralímpicos se transformará en centros de alto rendimiento. A las 9 de la noche la escena es casi la misma, sólo que el sol no está, aunque el calor y el furor de las 152 mil personas que pasaron siguen en pie.

Comentarios