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Miércoles 26 de Diciembre de 2007

Un crimen y un testigo

Historias. La ciudad está llena de ellas. Hernán Lascano, el jefe de Policiales del diario, me cuenta una. Con él compartimos cierta perplejidad ante ellas. Es una experiencia que vivió un testigo, alguien que presenció un crimen...

Historias. La ciudad está llena de ellas. Hernán Lascano, el jefe de Policiales del diario, me cuenta una. Con él compartimos cierta perplejidad ante ellas. Es una experiencia que vivió un testigo, alguien que presenció un crimen.
   Ocurrió una mañana como cualquier otra. Nuestro hombre fue a trabajar y de pronto sucedió: las circunstancias lo convirtieron en espectador de un asesinato. Después tuvo que contarlo. Y su relato fue clave, porque lo que dijo ante la policía y luego ante el juez sirvió para entender qué y cómo había sucedido.
   En aquel episodio mataron a un adolescente de 14 años. Lo hicieron dos policías que quisieron detener al padre del chico, un sujeto que tiene cuentas pendientes con la Justicia. Los agentes dijeron que tuvieron que disparar sus armas porque el hombre los enfrentó a tiros. Pero esa versión no coincide con el relato del testigo. El contó que eso no había ocurrido y el juez interpretó que mintieron para no ser acusados de homicidio.
   Aquel día el padre del chico escapó y aún sigue escondido en alguna parte. Todavía no apareció. O sí, aunque pocos lo saben. En realidad volvió al lugar donde los policías mataron a su hijo. Un día apareció por allí y buscó al testigo. "Gracias por decir la verdad", le dijo. Y volvió a esfumarse.
   Ignoro cuáles son los antecedentes del sujeto, pero parece claro que su hijo no tenía que morir. Y la imagen del prófugo que vuelve para agradecerle al testigo no deja de darme vueltas en la cabeza.
   Es apenas una historia. No hay moraleja ni mensaje, pero sí un dato: muchos crímenes jamás se aclaran porque la Justicia no encuentra testigos que se comprometan.

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