Opinión
Sábado 21 de Mayo de 2016

Un concierto entre las ruinas

En foco. La Orquesta del Teatro Mariinsky, de San Petersburgo, se presentó en el anfiteatro romano de Palmira, en Siria, para celebrar la liberación de la ciudad que había sido ocupada por Estado Islámico. Una puesta en escena del presidente ruso que reafirma su intención de ser protagonisma en el mundo globalizado.

El lugar, impactante, no podía ser mejor. La fecha, cargada de significado nacional para Rusia, tampoco. Hace un par de semanas el director de la Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, Valery Gergiev, ofreció un concierto en las ruinas romanas de la ciudad siria de Palmira, recapturada a Estado Islámico (ISIS), que la había ocupado durante diez meses.

En las vísperas de un nuevo aniversario de la rendición alemana en la Segunda Guerra Mundial, la Gran Guerra Patria como la llaman en Rusia, el presidente ruso Vladimir Putin demostró que en esas latitudes del planeta también sabe montar escenarios efectistas para hacer recordar a Occidente que Rusia sigue siendo una potencia dispuesta a tener un rol activo en el mundo globalizado.

Contraste. En el anfiteatro romano de Palmira, que data del siglo II después de Cristo, los músicos rusos interpretaron música de Shchedrin, Prokofiev y Bach ante un público compuesto por soldados sirios, rusos y pocos civiles. De Bach eligieron una obra para solo de violín, la "Chacona", cuya melodía lúgubre es conmovedora. El propio Gergiev dijo que esa obra melancólica expresa la grandeza del espíritu humano. "En esta música escucharán nuestro dolor y recuerdo por las víctimas", le dijo Gergiev a su especial auditorio.

En ese mismo lugar los yihadistas del ISIS decapitaron a unas 25 personas, entre ellas tres niños y cinco mujeres, luego encontradas en una fosa común. También fue el escenario de una terrible filmación que recorrió el mundo: adolescentes, algunos casi niños, reclutados por la banda criminal asesinaban con un balazo en la nuca a soldados sirios capturados.

Mientras ISIS mantuvo ocupada la ciudad destruyó varios sitios arqueológicos catalogados por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, entre ellos el arco del triunfo y el Templo de Bel, aunque el anfiteatro romano quedó intacto, tal vez porque su majestuosidad también le permitía generar una atmósfera especial para sus crímenes masivos. Cerca de ese lugar apareció colgado de una columna romana el cuerpo sin vida de uno de los arqueólogos sirios con mayor reputación internacional que, ya retirado, se negó a darles a los yihadistas información precisa sobre otros tesoros históricos.

Una vez liberada la ciudad, tropas rusas fueron convocadas para retirar las minas terrestres que ISIS había "sembrado" por toda Palmira. Una vez cumplida la tarea se organizó el concierto de música clásica con la participación de la orquesta y solistas rusos de renombre mundial. El propio director Gergiev, además de conducir la orquesta de San Petersburgo, dirige la Filarmónica de Munich y también lo ha hecho con la Sinfónica de Londres y la Opera Metropolitana de Nueva York. "En este gran escenario, nuestro concierto en Palmira es un llamado en favor de la paz y la unidad y en el trabajo contra el mal y el terrorismo", aclaró Gergiev quien, en términos políticos, se identifica abiertamente con las políticas de Putin y estuvo a favor de la anexión de Crimea. De otra manera no podría haber tocado en Siria.

La política. Antes del comienzo del espectáculo en medio de las ruinas romanas, la modernidad hizo su irrupción, dando un verdadero mazazo al ambiente antiguo del lugar. Una pantalla gigante fue colocada detrás del escenario para que el presidente ruso enviara un mensaje a sus tropas que cumplen la misión de sostener, desde hace años, al mandatario sirio Bashar Al Assad, que a esta altura de los acontecimientos no se sabe si ya es el mal menor en la guerra civil.

"Ese concierto es una expresión de esperanza y gratitud para aquellos que luchan contra el terrorismo internacional, el verdadero mal, sin escatimar los riesgos para sus propias vidas", dijo Putin en una videoconferencia en vivo desde Rusia. La televisión de ese país le dio amplia cobertura a todo el acto, político y musical, haciendo hincapié en que la intervención en Siria, a la que calificó de humanitaria, es la primera afuera de los límites del país desde la Guerra Fría.

Desde siempre, sobre todo en la era soviética, Rusia mantuvo su injerencia en Medio Oriente y como las demás potencias mundiales su interés no sólo es humanitario, como confiesa Putin. La eventual caída del régimen de Assad, su aliado incondicional en la guerra civil que desangra a ese país desde hace cinco años, significaría un serio riesgo para su base en el Mediterráneo, la única con que cuenta Putin y que está localizada en el puerto de Tartus.

Putin anexó Crimea a Rusia y apoya a los separatistas ucranianos. Sostiene militarmente a Assad en Siria y tiene fuertes vínculos con los iraníes. Eso no le impide mantener buenos lazos con Occidente pese a las sanciones económicas de Estados Unidos y la Unión Europea por su rol en Ucrania. Putin habla de democracia, derechos humanos y libertades públicas, aunque es escasa su tolerancia a la disidencia interna y a los movimientos independentistas de otras regiones de ese vasto territorio euroasiático.

Sin embargo, ¿quién podría criticarlo, por ejemplo, por su intervención en Palmira, donde con razón se jacta de haber liberado la ciudad del fanatismo musulmán criminal y degollador? También de haber contribuido a alcanzar un cese al fuego entre los grupos rebeldes y el gobierno, con la excepción de ISIS y otros subgrupos radicalizados.

El futuro.. En un mundo donde los cambios y alianzas estratégicas se producen con rapidez, Rusia —como lo ha sido a lo largo de toda su historia, hayan sido zares o comunistasEN_DASH no quiere resignar sus aires imperiales y ha encontrado un personaje como Putin dispuesto a hacer prevalecer el orgullo nacional de potencia mundial.

Sin embargo, para el semanario inglés "The Economist", Rusia es una superpotencia vacía, con declinantes condiciones de vida de la población por la caída de los precios internacionales del petróleo y las sanciones económicas de Occidente, entre otras cosas.

En ese contexto, Putin intenta que las miradas estén puestas más en movimientos políticos y militares internacionales que en su propio suelo. Y tal vez la gran puesta en escena del concierto de Palimira responda a esa intención.

La publicación británica coincide con esa especulación. "Con las acciones en Ucrania y Siria, Putin quiere hacer notar que está en el mismo nivel y es rival de Estados Unidos. Esto no sólo es popular entre los rusos sino que contiene un serio mensaje: teme que Rusia, en su debilidad, pueda ser vulnerable al impulso de Estados Unidos para acabar con regímenes usando el lenguaje universal de la democracia. Putin interviene en parte para que las revoluciones (en el mundo árabe, por ejemplo) sean vistas como un fracaso o Rusia podría algún día sufrir una revolución", sostiene el semanario londinense.

La historia. Las ruinas de Palmira han sido testigo, entre tantos otros, de la fortaleza del imperio romano, de los poderes coloniales, de la dictadura de los Assad (padre e hijo) y ahora de Putin en vivo y en directo. Pasan los siglos pero la tragedia sigue siendo la misma: la ambición de poder como parte indisoluble de lo peor de la condición humana.

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