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Domingo 22 de Marzo de 2015

Un código que se pedalea desde hace años

En esta ciudad hay acciones muy loables que se presentan con grandes discursos en los que, sin embargo, se omite contar gran parte de la historia. 

En esta ciudad hay acciones muy loables que se presentan con grandes discursos en los que, sin embargo, se omite contar gran parte de la historia. Y esta semana, los rosarinos volvieron a tener ejemplos de esto. El jueves pasado, el municipio lanzó la campaña "Todos somos peatones", una serie de acciones que tiene por objetivo "promover y difundir buenos y mejores hábitos en los distintos modos de transporte que permitan una convivencia segura y ordenada".

El destino hizo que el inicio de esa campaña (que se extenderá hasta el jueves próximo) coincidiera con la difusión de datos por parte de una entidad de ciclistas que indicó que sólo por la bicisenda de avenida Pellegrini circulan 62 motos por hora, sin que nadie lo advierta. En rigor, habría que preguntarse qué controles realizó el municipio desde 2001, cuando sancionó el Código del Peatón, un compendio de normas que tenían por objetivo proteger al actor más indefenso que circula en la vía pública.

La ordenanza contempla una serie de deberes y obligaciones para peatones, conductores y ciclistas que vale la pena repasar a 14 años de su sanción, para evaluar los éxitos o fracasos de la misma.

Así, por ejemplo, en su artículo 4 se explicita que el peatón deberá cruzar la calle "en forma perpendicular" a la misma, y que al trasladarse en horario nocturno "debe, de ser posible, usar ropa de colores claros". El artículo 25 de la ordenanza (que seguramente los inspectores de tránsito vienen velando por su cumplimiento desde hace más de una década) es realmente un hallazgo, por lo que vale la pena transcribirlo textualmente. "Se prohíbe a los peatones correr, saltar o detenerse en la vía pública de tal forma que molesten a los demás transeúntes o pongan en peligro la seguridad de sí mismos o de terceros". Y en el artículo 30 se habla de multas e inhabilitación de hasta 90 días "a quien circule con cualquier tipo de vehículos en parques o lugar dedicado al esparcimiento, recreación y/o actividades físicas y no respetara el paso de peatones?", situación que con tan sólo observar lo que sucede los domingos en los parques de la ciudad deja al desnudo el gran cumplimiento de la misma, ¿o no? También se habla de sanciones a automovilistas que circulen por bicisendas y a peatones que no caminen por sitios habilitados.

Como se ve, hay aspectos del Código del Peatón que son más retóricos que prácticos. Todo indica que pudo haber tenido buenas intenciones, pero llevarlo a la práctica ha sido bastante engorroso.

Lo mismo sucede con el plan de bicisendas. Saludable experiencia que permite a Rosario posicionarse como la ciudad de América latina que más ciclistas posee (según un informe elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo), pero que en su afán de sumar kilómetros de recorridos ha trazado estos senderos en sitios al menos polémicos.

Prueba de esto es la bicisenda de calle Salta, ubicada a la izquierda de la arteria, del mismo lado en el que se autorizó el estacionamiento de autos, lo que expone al ciclista a quedar literalmente enroscado en una puerta si algún desprevenido desciende del vehículo sin mirar por el espejo retrovisor.

Y ni hablar de la bicisenda de calle Riobamba: la hicieron de doble mano, lo que obliga al automovilista a cruzar la bocacalle mirando para ambos lados para no atropellar a un ciclista.

Y la de Pellegrini, criticada esta semana por los defensores del uso de la bicicleta, que son esquivados peligrosamente por motos que invaden a diario esa senda exclusiva. Demás está decir que estacionar en esa avenida provoca grandes congestionamientos de tránsito y frecuentes choques en cadena, ya que debió angostarse para colocar la bicisenda.

Así, en el marco de la Semana del Peatón, vale la pena reflexionar sí realmente son efectivas algunas normas que se sancionan en esta ciudad o sólo se trata de medidas efectistas de muy difícil control. Sería saludable que los concejales se preguntaran muchas veces si lo que están aprobando realmente se va a poder cumplir.

"El peatón tiene derecho a desplazarse en un ambiente sano, ecológicamente equilibrado y gozar de las áreas y espacios públicos en condiciones de seguridad para garantizar su bienestar físico y mental", reza la ordenanza aprobada el 31 de mayo de 2001.

A más de una década la sanción, la pregunta surge espontánea: ¿Están dadas las condiciones para gozar de esos espacios con seguridad?

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