Educación
Sábado 15 de Agosto de 2009

Un club diseñado por una arquitectura en función social

Alumnos y docentes de la UNR concretaron un proyecto edilicio para la comunidad toba.

Sábado por la tarde en Empalme Graneros. Con el humo de las hamburguesas a las brasas y la alegría de los chicos del barrio, alumnos y docentes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) festejaron la inauguración de una estructura de madera para un emprendimiento cultural de la comunidad toba.

Se trata del Club Social Comunitario Qadhuoqte, situado en un potrero emplazado en el medio del asentamiento Los Pumitas, en la zona oeste de Rosario. Allí, donde se juntan a diario chicos y jóvenes para armar un "picado", se gestó la idea de armar un sitio techado para la comunidad.

Pero lo que a simple vista parece ser sólo una estructura de madera y techo de chapa, se trata por un lado de un lazo afectivo con la comunidad del barrio. También de un espacio que refleja una mirada social comprometida que el futuro arquitecto debería tener.

Con los pies en la tierra y las caras pintadas por los chicos de la zona, más de 50 alumnos de quinto año de la cátedra de proyecto II de Arquitectura celebraron el sábado pasado la finalización de las obras iniciadas a principios de año. Se trató de un trabajo práctico en el que participaron estudiantes y docentes de la facultad, acompañados a cada paso por integrantes de la comunidad toba.

"Estamos muy contentos con esta obra porque lo van a disfrutar mucho los chicos del barrio, y porque además esto beneficia a todos", apunta Oscar Talero, del Centro Comunitario Qadhuoqte, donde los chicos reciben la copa de leche, y los jóvenes participan de un taller de herrería.

Junto a los vecinos del barrio, los representantes de Arquitectura fueron tejiendo durante meses un vínculo que traspasó los límites de la obra en sí, pero que permitió conocer las necesidades y demandas del lugar. Entre ellos, mencionan las colectas de libros, ropa y juguetes.

"Los estudiantes se entusiasmaron de entrada con la propuesta, por eso resultó un trabajo que involucró de mañana y noche a muchas personas", señalan Javier Elías y Jorge Lattanzi, dos de los responsables del proyecto junto con José Dotta, Walter Taylor, Jessica Aguilera y Yanina Cardascia.

"En este caso el vínculo real con el territorio logra a la vez grandes avances en la formación de recursos humanos universitarios", sostiene Marcelo Barrale, vicedecano de Arquitectura.

Extensión

Si bien la iniciativa forma parte de una materia curricular —y por lo tanto obligatoria—, desde la Facultad de La Siberia destacan al taller como "un sistema de producción de conocimientos ineludibles para los estudiantes".La experiencia estuvo enmarcada en los programas de Voluntariado Universitario y de Responsabilidad Social Universitaria, del Ministerio de Educación nacional. Años anteriores realizaron experiencias similares en la isla Charigüé, en la costa entrerriana frente a Rosario.

Otro de los elementos interesantes que sobresale de esta idea es que en cada paso se incluyen "debates con los referentes barriales y la comunidad involucrada", de manera tal de construir conocimientos en base a demandas reales de la sociedad. El largo proceso hasta la conclusión de la estructura de madera (ver fotogalería en la edición digital del suplemento) incluyó también "la programación de las tareas, el proyecto espacial constructivo, el financiamiento y la gestión de recursos, el taller de obra con los estudiantes y docentes, y la difusión", informan desde la facultad.

Pablo Serenelli, de 23 años y estudiante de Arquitectura, comenta que "lo mejor fue el vínculo humano que se formó más allá de la obra que sí". Y agrega: "Estamos en una Universidad pública que sostienen todos con los impuestos, entonces esto es una manera de devolver algo a la sociedad".

Coincidente con esta premisa se manifiesta Miguel Canaparo, otro de los alumnos participantes del proyecto. Miembro con Serenelli de la agrupación estudiantil Dominó, dice que el contacto con la gente "fue impresionante". Fernanda Guerrero y Marianela Piaggio, alumna y docente adscripta respectivamente, sostienen que este tipo de obras "enriquecen la mirada social del futuro arquitecto".

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