Central
Domingo 30 de Octubre de 2016

Un claro punto y aparte

El empate fue un reflejo del presente que envuelve a Huracán y Central, que además jugó con equipo muletto.

Hizo lo que pudo. O hasta donde le dio el cuero. Central se mostró liviano con la formación alternativa que plasmó en el Ducó. La resultante marca que el muletto hizo poco como para ganarse toda la confianza del entrenador, que vaya a saber porqué afrontó esta partida sin las mejores cartas. El 1 a 1 ante el también limitado Huracán no hizo más que reflejar el pobre presente que los envuelve. La realidad marca que ahora que el canalla quemará todas las naves en la próxima estación, que será por la Copa Argentina, acaso lo único que mantiene por ahora en pie al proyecto deportivo auriazul que lidera el Chacho.

Central salió torcido desde los vestuarios. Pusseto desnudó las falencias defensivas en el amanecer. El punta hizo lo que quiso ante las fallidas salidas de Burgos y Torsiglieri. Los dejó clavados con una facilidad brutal y encima tuvo tiempo para vencer a un desesperado Sosa cayéndose y hacer explotar el Ducó de felicidad cuando no habían calentado motores.

Cuando se revuelve en el cajón de los archivos se encuentra más nostalgia que algo útil. El Chacho le pifió feo ayer ante el quemero. Quiso inventar un equipo y no le salió ni por asomo. No por los nombres sino por el descalabro táctico que mostró el equipo canalla ante un rival que si lo apretaban un poco flaqueaba de lo lindo.

El mazazo de Pusseto hizo reaccionar al instante a Central. Pero solo un instante. Porque en un flash de cinco minutos generó dos situaciones que casi terminan en goles. Casi. Porque el cabezazo del solitario Herrera fue muy defectuoso y porque Bordagaray lanzó un tiro libre más liviano que un nene de tres años. Obvio, la pelota terminó durmiendo mansita en las manos de Díaz.

El tiempo fue pasando entre pena y pena. Y si el dueño de casa no se fue al descanso 2 a 0 fue porque Pusseto falló primero cuando se encontró con un pésimo despeje de Jonás Aguirre, y luego porque Sosa le ahogó el grito sagrado al punzante atacante.

¿Qué se puede decir del planteo que propuso el equipo auriazul? Muy poco para destacar. Se fue perdiendo sin excusas. No le dio el target para pararse frente a frente ante un rival que venía peor y sin muchos incentivos por delante. Sin dudas, cada una de las líneas dejaron muchísimo que desear. El descanso ya era más que necesario porque los protagonistas necesitaban hacer un repaso general de la puesta en escena a emplear para el epílogo.

Y parece que hubo lavado de cabeza. Porque a los siete minutos Colman hizo la jugada de su vida desde que llegó a Arroyito. Encaró a fondo y fue ganando confianza ante un defensa tan endeble como la canalla. Y cuando entró al área le pegó con alma y vida. Y salió corriendo a celebrarlo con alma y vida. Fue 1 a 1 y final incierto.

El desafío seguía empardado porque el picante y atrevido Pusseto volvió a fallar a los 20 minutos. El atacante cabeceó mal ante el achique de Sosa cuando en las tribunas ya cantaban el gol. Huracán no era superior como en el primer tiempo aunque cuando aceleraba mostraba estar más fino. En cambio, al canalla le costaba volver a hacer pie. Cómo habrá estado el equipo que el pibe Emmanuel Ojeda fue en cierto punto quien más activo se mostró y decidido en un chato pasaje a patearle a un Díaz que ni transpiró.

Maduraba el empate entre dos equipos bastante limitados. Que no en vano están los vagones del fondo. Es cierto que Huracán fue mucho más al inicio. Pero Central, con poquito, le empató y volvió a Rosaro pensando más que nunca en Boca. Porque el miércoles sí que el Chacho Coudet y compañía se jugarán prácticamente el año en Córdoba.

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