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Sábado 30 de Mayo de 2015

Un ciclo que no se cierra

Con la inauguración en Nueva York del observatorio del One World Trade Center, que reemplaza a las torres gemelas, Estados Unidos intenta dar una vuelta de página al terrible atentado del 2001. Sin embargo, pese a los casi 14 años transcurridos las cosas han empeorado y el mundo es aún más violento

El mirador del nuevo edificio que reemplaza a las torres gemelas de Nueva York, llamado ahora One World Trade Center o Freedom Tower, fue habilitado ayer al público. Después de casi 14 años desde que las torres norte y sur cayeran demolidas tras el impacto de dos aviones, Estados Unidos parece ahora querer cerrar el ciclo de uno de los peores ataques en su territorio. En el golpe terrorista del 11 de septiembre de 2001 murieron cerca de tres mil personas y seis mil resultaron heridas. Unas 24 personas aún permanecen desaparecidas porque sus restos nunca fueron encontrados entre las miles de toneladas de escombro de los edificios.

Un ataque de esa magnitud en suelo norteamericano solo es comparable con la ofensiva japonesa de diciembre de 1941 contra la flota del Pacífico de los Estados Unidos estacionada en Pearl Harbor. Unos 350 aviones nipones que despegaron de seis portaaviones mataron a unas 2.400 personas, además de hundir varios acorazados y otros barcos de guerra. El ataque significó el ingreso de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

El golpe contra las torres gemelas, casi 70 años después de Pearl Harbor, también significó el inicio de otra guerra de los norteamericanos contra los responsables de los atentados. Invadieron Afganistán un mes después para terminar con los talibanes y Osama Bin Laden, el líder de Al Qaeda. Y cerca de 24 meses más tarde fuerzas norteamericanas lideraron una operación militar en Irak para eliminar armamento de destrucción masiva que supuestamente estaba en manos del dictador Saddam Hussein.

A Bin Laden nunca lo encontraron en Afganistán y recién lo localizaron en 2011, en Pakistán, oculto en una vivienda particular donde lo ejecutaron. Las armas de destrucción masiva nunca fueron halladas en Irak y Saddam fue eliminado tiempo después una vez que se lo encontró escondido en un pozo.

Afganistán estaba bajo el poder de los primitivos talibanes que imponían estrictas leyes religiosas musulmanas y condenaban a las mujeres a ser meros objetos, casi inanimados. Irak era una tiranía menos primitiva pero donde todo intento de libertad era severamente reprimido y las minorías, como la kurda, hasta rociada con gases químicos cuando intentó sublevarse y exigir autonomía. Países como estos no son cosas extrañas en esa misma región del planeta, pero como no representan peligro para las naciones industrializadas son tolerados y hasta, en algunos casos, se convierten en socios comerciales y estratégicos aliados militares. Es un doble estándar para interpretar la política internacional que se aleja de los niveles éticos más elementales. ¿Por qué tolera Occidente, por ejemplo, a una monarquía despótica como la saudita que humilla la condición humana de las mujeres y castiga delitos comunes con amputaciones y flagelaciones, entre otras barbaridades?

Resurgimiento. “Es un renacimiento. Estamos de regreso ciento por ciento. Hemos dado vuelta la página de una vez por todas”. Esas fueron las palabras, el miércoles pasado, del alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, en la ceremonia protocolar de inauguración del observatorio del One World Trade Center, situado en los pisos 100, 101 y 102 de la nueva torre, que alcanza una altura de 541 metros y que demandó ocho años de construcción (se inauguró en noviembre de 2014) a un costo de nada menos que 3.900 millones de dólares. Poco después del acto, el alcalde neoyorkino se mostró desafiante durante una entrevista que concedió a la cadena de televisión CBS. “Este es un gran momento que muestra la resiliencia de la ciudad y de todo Estados Unidos y es un mensaje al mundo porque hemos reconstruido mejor que nunca. Quienes nos atacaron han perdido una vez más”, sentenció.

Tal vez para eclipsar las críticas por el tremendo costo económico de la construcción del edificio, Di Blasio mezcló en la charla con la prensa temas de política internacional, terrorismo y cuestiones domésticas que no son menores, probablemente pensando ya en la candidatura de la también demócrata Hillary Clinton. Por eso alabó la reciente decisión de la ciudad de Los Angeles de elevar a 15 dólares la hora el salario mínimo. En el Estado de Nueva York, el salario básico es de 8,75 dólares la hora y recién a fin de año llegará a 9 dólares. “Nadie puede pensar que una familia puede vivir con ese ingreso”, reconoció el alcalde.

Majestuoso. El observatorio del One World Trade Center que se acaba de habilitar al público tiene vistas panorámicas de 360 grados. Se llega a la cima en rápidos ascensores que en pocos segundos alcanzan el mirador mientras se exhiben imágenes de la historia de Manhattan desde el siglo XVI con sus pantanos hasta los actuales rascacielos. No hay duda de que para el show los norteamericanos son imbatibles.
Todo el Bajo Manhattan ha cambiado radicalmente en pocos años y pese a que aún están en construcción algunos edificios más bajos que completarán el complejo, la fisonomía de la zona terriblemente golpeada por los atentados ha vuelto a la normalidad casi por completo. Dos enormes excavaciones revestidas con cerámicos simbolizan las bases de las dos torres derrumbadas y exhiben permanentes cascadas de agua. Es el homenaje a las víctimas, cuyos nombres están inscriptos a lo largo del perímetro.

Pero lo más impresionante es el museo, abierto al público en mayo de 2014 y levantado exactamente en el lugar que ocupaban las torres gemelas. En una increíble reconstrucción, se han dejado partes originales de los edificios, como escaleras y sectores de paredes que quedaron en pie, para graficar lo que fue el atentado. En medio de la dramática exhibición se expone una gigantesca viga de hierro, doblada como si fuera de goma, que fue impactada por uno de los aviones. También se ve con claridad la base de las columnas de acero cortadas al ras tras la caída de los edificios, testimonios grabados de la gente atrapada en los pisos altos de las torres y filmaciones de vecinos o personas que casualmente pasaban por el lugar a la hora de la terrible tragedia. A todo esto se suma la identificación, con sus fotos e historias individuales, de cada uno de los 19 terroristas que secuestraron los cuatro aviones, dos que impactaron en las torres, uno en el Pentágono y el restante – oficialmente se afirma iba al Capitolio– que cayó a tierra antes de llegar a su objetivo.

Balance. Sin dudas el demencial atentado a las torres gemelas de Manhattan impactó al mundo y marcó un cambio en el escenario global del siglo XXI. Fue tan importante como otros hechos cruciales del siglo pasado: el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, la revolución islámica iraní en 1979 o la disolución de la Unión Soviética en 1991, por sólo mencionar algunos de los más trascendentes.

No podría afirmarse que desde el abrumador impacto político del golpe terrorista en 2001 las cosas hayan mejorado, sino que las brechas políticas, sociales y hasta filosóficas que sumergen a la humanidad, cada vez más próxima al abismo, se han profundizado. Al Qaeda ya no existe más, pero un grupo escindido y nacido en esa organización –Estado Islámico– domina hoy la mitad de Siria y partes de Irak. Esa y otras bandas fundamentalistas criminales desprecian la vida y hacen un show mediático de decapitaciones y matanzas.

Afganistán sigue siendo un estado fallido, inestable y con pocas chances de recuperación. Irak, tras años de ocupación militar, es un permanente polvorín cuyo gobierno apenas controla algunas zonas de su propio país.

Las primaveras árabes, salvo en Túnez, sucumbieron a las habituales tiranías. Y los países industrializados siguen dominados por las grandes corporaciones multinacionales.

¿Qué ha cambiado entonces? ¿De qué sirven los discursos desafiantes si no se logra descubrir la fenomenología de lo que ocurre para aliviar terribles situaciones de inequidad e injusticia global que originan un mundo violento?

Muchas más torres probablemente se destruirán y otras tantas se levantarán, pero se sigue un camino sin retorno cada vez más hostil y peligroso. Habrá que dilucidar el porqué.

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