La ciudad
Jueves 12 de Enero de 2017

Un chico de 14 años fue baleado en la cabeza en una disputa familiar

Dylan vive con su papá por decisión propia y aval judicial. Su madre llegó con otros hombres armados, hubo golpes y dos dispararon.

"Habrán sido las diez y media. Con el nene estábamos viendo la peli «Arenas en el mar» cuando siento que se abre la puerta del patio. Pensé que era mi compañero, que suele entrar así, pero la escucho a Natalia gritando «esta es mi casa» y ahí nomás me pega la primera piña. Se la devuelvo. Y en ese momento veo que de una moto salta un tipo armado, también me pega y nos trenzamos, pero cuando lo tengo en el piso pienso en Dylan y lo quiero ir a cubrir. Yendo hacia adentro siento un tiro en el cuello y mientras caigo lo veo venir al nene con un palo para defenderme. No llegó, un segundo balazo le da en la cabeza y yo veo cómo se cae, bañado en sangre". El relato, escalofriante, es de Emanuel Edgardo "Puchi" Gavilán, un gastronómico de 34 años que vive con su hijo Dylan, de 14, por voluntad del chico y respaldo judicial. Antes de esta tragedia, el muchacho ya había denunciado cuatro veces a su ex mujer por otros tantos ataques, tres de ellos también a tiros. El chico se debate entre la vida y la muerte en el Hospital Vilela.

Todo ocurrió anteanoche en Paraguay 6411, una cuadra que ayer exudaba pena y consternación ante una tragedia que se desató en segundos y que golpeó al más débil de la escena, Emanuel Dylan, único hijo en común de Gavilán y Natalia R. (33), actualmente detenida junto a su supuesta actual pareja, Sergio G. Ambos a la espera de la audiencia imputativa, que se hará hoy.

Desde que se produjo el tiroteo que hirió gravemente al nene, su papá, con la cabeza vendada por el disparo que también él recibió, no se movió de los pasillos de los dos hospitales que asistieron a Dylan: primero el Roque Sáenz Peña y luego el Vilela.

Fue en ese último efector donde el chico fue intervenido neuroquirúrgicamente y quedó internado en la unidad de cuidados intensivos, en "estado crítico" y con "asistencia mecánica respiratoria" (ver aparte).

Sentado en una silla playera junto a su familia más cercana y algunos amigos, Gavilán está pendiente de cada médico y enfermero que pasan para poder saber algo más de su hijo, "muy pegote" de él, sobre todo desde que se separó de la madre.

Dylan acaba de terminar 7º grado en el Normal 3, donde ya está inscripto para arrancar la secundaria. Demoró un poquito más por las dificultades que le trajo la separación.

Propia voluntad

"La ley ahora permite que un chico, desde los 8 años, decida con qué padre quiere vivir y acepta su capacidad para expresarse. El nene pasó ocho meses yendo a Tribunales, a reuniones con psicólogos, psicopedagogos y la defensora de los niños diciendo con quién quería estar, hasta que la jueza vio que en el expediente todos los especialistas reconocían que por la violencia de la madre, no tenía que quedarse con ella", contó el papá.

De hecho, antes de este dramático episodio, Gavilán fue blanco de otros cuatro ataques que adjudica a su ex: tres a tiros (dos sobre su casa y uno sobre el auto) y otro a piedrazos (también sobre las ventanas del hogar). Los incidentes fueron denunciados oportunamente en la seccional 20ª y en la Fiscalía.

Pese a haber tenido dos chicos más con otras parejas (uno de 16 años y otra de 10 meses), Gavilán vive sólo con Dylan, pero se hace "plenamente cargo" de los tres.

El muchacho, que trabaja como gastronómico en el Country del Jockey Club, dijo que "no fue muy grato" ver cómo su hijo Dylan tuvo que "exponerse" durante el juicio que se tramitó por la tenencia, que finalmente ganó en febrero pasado.

Natalia —que también tiene otro hijo, de 16— nunca aceptó la voluntad del chico de quedarse con su papá en la casa familiar. Luego, según su ex, hizo malos amigos en "la noche", entre ellos "la droga".

"En esos ambientes es raro que conozcas a un albañil o a un metalúrgico", ironizó el muchacho al tratar de explicar por qué su ex mujer resolvió ir a la casa donde se encontraba su hijo acompañada por al menos un par de hombres armados.

De hecho, Gavilán afirmó que Natalia llegó en un Volkswagen Bora negro que circulaba escoltado por una moto, cuyo conductor —con el que se peleó a piñas— disparó el primer tiro. Cree que la segunda bala pudo salir del arma de otro hombre que venía en el auto.

Ese último tiro, que el muchacho cree le iba dirigido, fue el que hirió gravemente a Dylan. Su hipótesis es que, al recibir el primer disparo y caerse, la bala pudo seguir su curso hasta impactar en la cabeza del chico.

"No sé cómo me levanté del piso y lo alcé hasta llegar a la calle", contó llorando su papá.

A gritos desesperados, recordaron distintos vecinos de la cuadra, Gavilán pedía que alguien llamara a la policía y una ambulancia. La madre del nene, aferrada a la víctima inocente de la disputa, también se desesperó.

Al final no fue una ambulancia, sino el Ford Falcon de Jorge Galarza, un ex gendarme y pastor que visitaba la casa de unos vecinos y en esos momentos oraba, el que trasladó al nene y a sus dos padres al Roque Sáenz Peña. "Les pedí que lo cargaran atrás y se dejaran de pelear entre ellos porque la prioridad era salvarle la vida", sostuvo el pastor.

Allí, contó, "la atención al nene fue espectacular". Luego lo trasladaron al Vilela. "Y apenas llegamos le dije a un custodio policial que metieran a la madre en algún lugar y la vigilaran", recordó. Luego quedaría detenida.

Un barrio consternado

En el barrio, ayer, todo era dolor por un nene que "sonríe al ir a hacer un mandado y sonríe al volver", un chico "alegre", lleno de vida y de amigos, que juega de "enganche", y "muy bien", en el Club Atlético Jorge Griffa. Y que incomprensiblemente terminó víctima de una brutal escena de violencia familiar a la que se sumaron otros hombres armados dispuestos a todo.

"Un pibe como Dylan no puede ser el trofeo de una disputa entre mayores. Si una relación no va, no va. Y si el nene dijo «quiero estar con mi papá», hay que respetarlo. Sin juzgar, pero eso es lo que siento", dijo Norma Décima, dueña de la casa donde estaba el pastor.

Sus hijas y la del religioso son amigas del chico herido. Ahora sólo les queda armar "cadenas de oración" y tratar de reponerse del "horror".


Comentarios