Crimen de Cara de Goma
Jueves 26 de Mayo de 2016

Un certero balazo en el corazón terminó con la vida de un barra brava canalla

Julio César Navarro tenía 52 años y era la mano derecha de Andrés Bracamonte en la barra de Central. Hasta anoche no estaba claro el móvil.

A las 19 de ayer un tiro, un solo tiro puso en alerta a los vecinos de Schweitzer y Tarragona, en el barrio 7 de Septiembre. Dentro de una camioneta Chevrolet S10, apenas consciente y con un disparo en el tórax, agonizaba Julio César Navarro, de 52 años y conocido como "Cara de goma", un hombre querido y respetado en la barra brava de Rosario Central, donde era la mano derecha del jefe del paraavalanchas, Andrés "Pillín" Bracamonte.

A Navarro sus vecinos lo llevaron al Hospital de Emergencias, donde llegó casi sin signos vitales, fue reanimado y finalmente murió luego de una operación. "Esto no queda así, mañana acá va a haber dos muertos", le dijo en tono amenazante un joven vestido con la camiseta de Rosario Central a un policía en la explanada del Heca. Por entonces, alrededor de las 21.15, un centenar de personas identificadas con la barra canalla se había reunido en el lugar.

Un mar de dudas. Pero en el barrio 7 de Septiembre lo que imperaban eran las dudas y la tristeza. Navarro supo ser colectivero y se desempeñó hasta hace un año en la 35/9, una línea que hace recorridos interurbanos. Entre otras cosas que se recuerdan de él es que además, cada vez que el primer equipo canalla jugaba de local, llevaba a varios chicos de la barriada a la cancha.

Cuando lo mataron estaba sentado al volante de su camioneta Chevrolet S10, dominio NTO834, esperando que su mujer bajara del departamento en el que vivían. Una vecina que pasó por el lugar alcanzó a ver un Peugeot 206 estacionado sobre Tarragona con tres personas adentro, uno de ellos joven y con gorrita. Fue ese el muchacho que se acercó a la camioneta, pasó el arma por la ventanilla y disparó el certero tiro que terminó con la vida de Navarro. Luego el sicario corrió y junto a sus cómplices salieron arando.

Lo esperaron. Otros vecinos comentaron a este diario que el auto esperaba allí hacía por lo menos una hora, pero que es habitual ver vehículos estacionados sobre el cordón de la calle, por lo que no le dieron mayor importancia.

Navarro vivía con su familia en una de las torres del complejo de Tarragona al 1300. "Su hija, al escuchar el disparo, se asomó a la ventana y empezó a llorar y a gritar. Enseguida supo lo que había ocurrido. Era terrible", contó un vecino. Después lo llevaron al Heca en la misma chata.

La camioneta llegó velozmente al hospital y se metió por la explanada por la que entran las ambulancias. Bajaron a Navarro y lo introdujeron directamente a la guardia. Y de ahí al quirófano. El interior del hospital se convirtió en un pandemonio de personas vestidas con camisetas y camperas de Rosario Central que entraban y salían por la puerta de calle Crespo. Personas que le preguntaban a los médicos y a los enfermeros cómo estaba Navarro. Eran familiares o allegados inmediatos a la familia.

Aire espeso. Afuera todo era tensión. Nadie aseguraba la evolución sino por voces que se colaban entre quienes salían a la explanada y tiraban los pocos datos que tenían. La impotencia se notaba en los rostros, cada vez más tensos.

En ese marco se escuchó correr un rumor. Se habló del secuestro del hijo de quien fuera amigo de "Pillín", "El cabezón Sergio" Enriotti, asesinado en 2009, y de una posible extorsión que pudo haber sufrido el actual líder de la barra. Así es que, como forma de presionar a "Pillín", se habría cometido el asesinato de "Cara de goma".

Pero el frío de la noche no sólo lo cortaban los rumores. También las amenazas. "Esto no queda así. Va a haber más muertos, no queda así", dijo un pibe con lágrimas contenidas y labios apretados. También se habló de una bronca menor entre un integrante de la barra y la víctima del crimen. Pero todo era conjetura tras conjetura.

A las 20.30 comenzaron a llegar a la explanada varios agentes pertrechados y personal de la Policía de Investigaciones (PDI). A las 21.15, una vez que se confirmó la muerte, la gente gritó y golpeó lo que se les cruzara: contenedores, chapas, nada alcanzaba para descargar piñas y esperar el duelo que recién comenzaba.

El caso será investigado por el fiscal de la Unidad de Homicidios Florentino Malaponte, que comenzó anoche mismo la pesquisa del caso.

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