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Lunes 27 de Enero de 2014

Un catálogo de las mutaciones que viene sufriendo la ciudad

La pintura de murales data del origen mismo de la expresión plástica del hombre. Además de ser una de las técnicas más democratizadoras del arte, la clave es su exposición.

La pintura de murales data del origen mismo de la expresión plástica del hombre. Además de ser una de las técnicas más democratizadoras del arte, la clave es su exposición sin restricciones. En Rosario abundan, desde hace más de una década, con diversos objetivos: recuperar la memoria histórica, alentar la lucha social o amplificar las críticas políticas. Y conforman un catálogo de las mutaciones sufridas por la ciudad.

Un caso emblemático es el de Claudio Pocho Lepratti, el militante social de barrio Ludueña asesinado en su lugar de trabajo durante la represión policial ocurrida en diciembre de 2001, cuando el gobierno de Fernando de la Rúa caía estrepitosamente.

Por entonces, en el grupo "Arte x libertad" explicaron que la movida (de la mano de un pedido de justicia) simbolizó a Lepratti "como hormiga que deja todo por la comunidad", siempre junto a una bicicleta alada.

Más cerca en el tiempo, cuando se cumplieron 14 meses de los asesinatos de Jeremías Trasante, Claudio Suárez y Adrián Rodríguez, en villa Moreno, lo propio ocurrió en la canchita de fútbol de Presidente Quintana y Dorrego.

En el lugar se emplaza un centro comunitario, en una de cuyas paredes plasmaron un mural recordatorio de los tres adolescentes baleados en las primeras horas de 2012, cuando esperaban a unos amigos para ir a una fiesta.

En ese momento, cinco hombres irrumpieron para vengar una balacera ocurrida horas antes contra el Quemadito Rodríguez. Al parecer, buscaban a Ezequiel Villalba, acusado por ese ataque previo. Pero terminaron matando a tres jóvenes ajenos al conflicto.

Ahora, todas las miradas se posan sobre el mural que recuerda a Claudio Ariel Pájaro Cantero en el centro de La Granada, en uno de los bordes de una cancha de fútbol que, según afirmaron algunos vecinos, el líder de la banda de Los Monos mandó construir para los chicos del barrio.

Un homenaje que activa las alarmas frente a una problemática difícil de enfrentar con los actuales dispositivos sociales y comunitarios. Porque detrás del mural de La Granada se esconde una ilusión de futuro que sigue tentando a no pocos a los que el Estado todavía no puede contener.

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