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Domingo 17 de Noviembre de 2013

Un blindaje con el sello de Miguel Lifschitz

Ese sector es todo un talón de Aquiles de la gestión y el flanco predilecto por el que la oposición logra hacer ingresar todos los dardos al corazón de la administración.

Pablo Seghezzo se convirtió esta semana en el hombre de mayor importancia en el gabinete de Mónica Fein. El secretario de Servicios Públicos del municipio asumirá mañana al frente de la Secretaría de Control, la flamante área creada por la intendenta que concentrará ahora todas las tareas de fiscalización e inspección del municipio.

Ese sector es todo un talón de Aquiles de la gestión y el flanco predilecto por el que la oposición logra hacer ingresar todos los dardos al corazón de la administración.

Seghezzo deberá recomponer mandos jerárquicos básicos que desde hace meses están hechos añicos. Las pruebas son contundentes: el desplazado jefe de la GUM, Gustavo Franco, no va a su despacho desde agosto porque los agentes lo resisten; y el ex titular de Control Urbano, David Sánchez, tiene un frente interno idéntico.

Ambos dependen de Luis Baita, el hasta esta semana secretario de Seguridad Ciudadana y blanco de críticas tanto desde las áreas de control como desde sectores vinculados a la noche rosarina, que el funcionario se encarga de recorrer cada fin de semana en el marco de operativos que suelen levantar rumores difíciles de comprobar.

El giro de timón deja a estos funcionarios en un segundo plano y distiende una conflictiva relación con el sindicato municipal. Es más, a mitad de esta semana Fein se reunió con los referentes del gremio para adelantarles los cambios que se venían. Allí logró el aval de Antonio Ratner, un hombre que empieza a jugar fuerte en la política doméstica ya que, según confirman en su entorno, tiene grandes aspiraciones de aspirar a un cargo en el 2015. ¿Irá por una banca en el Vasallo?

El ahora supersecretario Seghezzo es un hombre del riñón de Miguel Lifschitz. Ingeniero, metódico (resiste el uso de televisor en su domicilio y abraza la tecnología a regañadientes) estuvo siempre vinculado a las áreas de Higiene Urbana y Transporte. Un cuadro socialista hecho y derecho. Como Fernando Asegurado, el secretario de Gobierno al que le sacaron de su órbita todas las áreas de control pero que ahora jugará el rol que más le gusta: la negociación política con el Concejo, un ámbito muy adverso donde el socialismo carece de operadores de fuste.

Así, el blindaje a la gestión Fein tiene en Seghezzo y Asegurado dos fieles escuderos con un líder en común: Lifschitz, el hombre que impulsó a Fein en la Intendencia, aspira a la Gobernación y logró desterrar el mito de que el socialismo sólo gana dentro de los bulevares. El senador departamental sabe que su poder se cimenta en Rosario. Ya una vez se bajó de la candidatura a gobernador, en 2015 todo indica que no está dispuesto a hacerlo y ahora juega fuerte con sus hombres blindando la gestión de Fein, su delfín en 2011.

El brusco giro de timón en la administración local llega también como respuesta a la pobre elección legislativa del socialismo, que aspiraba a renovar cinco bancas en el Concejo y apenas llegó a cuatro. La lista la encabezó Miguel Cappiello, un hombre del riñón de Hermes Binner.

Y si de Concejo se habla esta semana quedó en evidencia cómo molesta a algunos sectores el trabajo periodístico. Bastó que La Capital indagara el proyecto que busca pasar a planta permanente a 22 asesores políticos para que se denunciaran "operaciones desestabilizadoras".

El proyecto existe, lo que sucede es que a muchos concejales les da prurito admitir que quieren engrosar la planta de empleados del Concejo y dirigen sus críticas al trabajo periodístico. Hubo ediles que postulaban a familiares, por más que eso se haya negado mil veces. Los actores saben que es verdad.

Párrafo final para quienes desde Buenos Aires se refieren a Rosario como la Medellín argentina, trazando paralelos con las muertes que el narcotráfico se cobró en Colombia y estigmatizando a nuestra ciudad como alguna vez se lo hizo con la inventada ingesta de gatos.

Rosario exhibe cifras de inseguridad, algo que no se hace, por ejemplo, en grandes urbes del conurbano bonaerense. Ese blanqueo trae aparejado críticas, que cuando son fundadas son bienvenidas, pero cuando nacen de show mediático merecen ser repudiadas.

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