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Sábado 25 de Julio de 2015

Un baño de humanidad

Hay una película maravillosa, tierna, con hondo contenido humano, que no tuvo suerte en los circuitos comerciales: “El hombre de la Mancha”, en la que un magistral Peter O’Tool interpreta a Miguel de Cervantes, en un momento en que él, en medio de una obra de teatro callejero que está llevando a cabo, es detenido por orden de la Inquisición Española.

Hay una película maravillosa, tierna, con hondo contenido humano, que no tuvo suerte en los circuitos comerciales: “El hombre de la Mancha”, en la que un magistral Peter O’Tool interpreta a Miguel de Cervantes, en un momento en que él, en medio de una obra de teatro callejero que está llevando a cabo, es detenido por orden de la Inquisición Española. Lo llevan a una lúgubre cárcel, una especie de gigantesca caverna bajo la tierra donde hay innumerables harapientos presos, entre otras, una mujer, nada más y nada menos que Sofía Loren, encarnando el papel de mujer de mala vida. El cabecilla de los presos, como castigo al nuevo compañero de prisión, decide quemar un grueso paquete con hojas que lleva Cervantes bajo el brazo y no quiere desprenderse: son los manuscritos de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Para defenderse y explicar qué hay en esos apuntes y por qué no deben destruirlos, representa con los mismos presos la obra “Don Quijote”.
  La obra tiene un contenido musical por momentos sublimes, como en los en que él canta “Un sueño imposible”, una canción que por su letra y su melodía tiene la fuerza de pocas. O cuando sobre el final, lo hace Sofía Loren, la prostituta que el Quijote trata como una dama, su Dulcinea. En muchos tramos de la película, los diálogos y la narrativa son cantados, con una música muy lograda, ya que en realidad la película es una adaptación de un exitoso musical de Broadway, “Man of La Mancha”. Obviamente no tiene el ritmo vertiginoso de las películas de acción, ni los efectos especiales a los que estamos acostumbrados hoy (es de 1972), pero en los 132 minutos que dura, podemos llevarnos parte de aquel tesoro que tienen nuestra lengua, nuestra literatura y lo más importante aún: nos pone en contacto con esos sentimientos que a veces dormitan o son arrinconados por los egoísmos o el propio consumismo. Un loco, como suele ocurrir, nos da un baño de humanidad y en él la defensa de la libertad. Espero que les guste como a mí.

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