Política
Sábado 11 de Junio de 2016

Un balance de altas y bajas en 180 días de gestión macrista, con la moneda aún en el aire

En la zona de clivaje. El gobierno de Mauricio Macri comienza a tallar desde ahora, en el preámbulo del ya mítico segundo semestre, lo que será su relación definitiva con la sociedad. Hasta aquí, ha llegado con altas y bajas, luces y sombras.

Cualquier balance con pretensión de verdad, que se aleje de la mera cronología de los hechos y avance en el análisis político, debe tomar distancia de los dos extremos de "la grieta", una instancia que sólo lleva a sentenciar que los seis meses transcurridos han sido espanto o maravilla, un reduccionismo insostenible

El gobierno provocó un giro de 180 grados en la mayoría de los políticas encaradas pero, sobre todo, en la economía, la gestualidad y la comunicación. Cuando baja la espuma de la luna de miel, y con el tiempo transcurrido, lo que define el vínculo con la sociedad es la economía.

Si algunos creían que la salida del kirchnerismo del poder iba a desacelerar el ritmo cardiaco de la política, habrán pecado de trémulos. La arritmia que padeció el presidente, casi en el puente entre las dos etapas del calendario de 2016, es el mayor certificado de confirmación de que todo sigue yendo a salto de mata.

Liberación del cepo, devaluación, disolución institucional de los aparatos simbólicos del kirchnerismo, tarifazos, inflación, visita de Barack Obama y otros jefes de Estado del Primer Mundo, despidos, Panamá Papers, indagatoria a Cristina Kirchner y otros popes kirchneristas, cuenta en Bahamas. El listado es, apenas, una muestra de lo que ocurrió en los primeros seis meses del gobierno. Y asombra.

Macri inició su gestión tratando de demostrar que no era un presidente débil como Fernando de la Rúa, la experiencia más reciente de un presidente no peronista. En ese derrotero, abusó de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), confrontó con algunos íconos del kirchnerismo saliente, como Martín Sabbatella, desarticuló hasta hacerla desaparecer a la ley de medios y fue hasta el fondo contra el entonces presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli.

En esa ofensiva, como una remake de lo que hacía Cristina, pero a la inversa, partió el escenario mediático en dos: El (Macri) o Ella (Cristina). Fue casi todo ganancia para el jefe del Estado.

Ese "cambio cultural" que el gobierno promocionó como un antes y un después de la posdictadura funcionó como un reloj en los primeras semanas, de la mano de una política comunicacional abierta, con entrevistas para los medios del interior en la Quinta de Olivos, conferencias de prensa recurrentes y estilo descontracturado del presidente.

Busco mi destino. El otro gran beneficio comparativo para el oficialismo fue el estado en el que quedó la oposición. El peronismo fuera del poder es como un pez sin agua alrededor. Los 12 años marcados a fuego por el kirchnerismo convirtieron al PJ en una segunda marca del Frente para la Victoria. Pero ese valor de marca perdió influencia hasta iniciar un proceso de descomposición que se dejó ver en los apoyos que Macri recibió en el Congreso a la hora de la aprobación del acuerdo con los holdouts.

El nuevo momento que atraviesa el PJ fue blanqueado hace poco por Miguel Angel Pichetto, un peronista de tiempo completo que acomoda su velero según el movimiento del viento. "He recuperado la capacidad de pensar y reflexionar y de decir lo que realmente pienso", opinó el rionegrino en la sesión de aprobación del acuerdo con los fondos buitre. Se sabe: el peronismo no es de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario.

Pero, la "revolución de la alegría", de la que se jactaron irresponsablemente algunas usinas del PRO, devino en preocupación. Como siempre en Argentina, "es la economía, estúpido".

Con sus decisión de ir a fondo con los tarifazos _con aumentos que fueron desde el 200 por ciento en adelante_, la inflación pegó un brinco que deprimió la idea oficial de llegar al último mes del segundo trimestre en un estado casi ideal. Los especialistas coinciden en que la inflación puede bajar en el segundo semestre, como promete el gobierno, pero a costa de recesión. La manta en Argentina siempre parece corta.

Lo mejor de la gestión macrista pasa por su política exterior, con la reinstalación en ciernes de la marca en el mundo desarrollado. Y con la esperanza de una lluvia de inversiones.

El estado de las cosas obliga al gobierno a rezar al cielo para que esas inversiones prometidas aterricen en la Argentina, de lo contrario se complicarán todos sus sueños y proyecciones. Nadie debe olvidar que el 2017 será un año electoral, y es muy difícil para los oficialismos ganar elecciones con el votante ajustándose el cinto.

En síntesis: el partido más importante de Macri empieza ahora, con el segundo semestre como añorada tierra prometida. La moneda está en el aire.

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