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Domingo 22 de Noviembre de 2015

Un artefacto para dibujar sonidos

Una calabaza, un alambre, un pedazo de palo. Así describe una de las canciones de Capoeira al berimbau, un instrumento que, integrado por elementos sencillos, constituye el alma de la roda.

Una calabaza, un alambre, un pedazo de palo. Así describe una de las canciones de Capoeira al berimbau, un instrumento que, integrado por elementos sencillos, constituye el alma de la roda. El berimbau grave —llamado gunga— marca el inicio y el final de cada juego, las entradas y los cortes de los instrumentos, el ritmo de la música y la dinámica del jogo de los capoeiristas. A él se le pide permiso para entrar a jogar, y quien lo ejecute será el encargado de comenzar la roda y coordinar su desarrollo.

En tanto instrumento, fue incorporado a otros ritmos y sonoridades por fuera de la Capoeira y llegó a las artes plásticas de la mano de León Ferrari. El gran artista argentino definió al berimbau como "un artefacto para dibujar sonidos" o un "instrumento musical que danza su propia música". Instalado en San Pablo desde 1976, año en que se vio obligado a dejar el país por el golpe cívico-militar, Ferrari inició un período de intensa experimentación artística donde la indagación sobre las formas, lo lúdico y la renovación de los lenguajes ocupó un lugar central.

El artista construyó una serie de esculturas sonoras agrupadas bajo el nombre de Berimbau, cuya primera exposición se realizó en 1979 en el Museo de Arte de San Pablo. Una obra de más de cuatro metros de altura, con cien barras verticales de diferentes diámetros, se presentó en aquel Museo para ser tocada por el público. Posteriormente, y motivado por el sonido que los visitantes generaron durante la exposición, decidió realizar otras esculturas a las que llamó "Percanta". Actualmente, una de las piezas de la serie Berimbau puede verse en la terraza del Museo de la Memoria de la ciudad.

"El berimbau representa lo que significó Brasil para mi abuelo: un lugar que le rompió la cabeza", explicó hace unos años Julieta Zamorano, nieta del artista argentino, en una entrevista para la prensa. En esta obra de Ferrari, músico, escultor y dibujante se superponen o se alternan así como en una roda el jugador, luchador, músico, cantor y actor se mezclan y se suceden. "¿Qué tipo de estética visual originará determinada estética sonora?", se preguntaba Ferrari en aquellos años. El interrogante bien valdría para explicar aquello que sucede en una roda.

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