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Martes 05 de Abril de 2011

Un antídoto liviano para el "síndrome del nido vacío" que sufre Canal 3

Mucho se ha hablado del “síndrome del nido vacío”, más después de la película de Daniel Burman con Cecilia Roth y Oscar Martínez. Es, según Wikipedia, la fuente de toda sabiduría en internet, la sensación de soledad que sienten los padres cuando los hijos abandonan el hogar.

Mucho se ha hablado del “síndrome del nido vacío”, más después de la película de Daniel Burman con Cecilia Roth y Oscar Martínez. Es, según Wikipedia, la fuente de toda sabiduría en internet, la sensación de soledad que sienten los padres cuando los hijos abandonan el hogar. Una sensación, hay que decirlo, que no todos los padres sienten, para algunos, y no necesariamente son los más insensibles, saber que sus hijos han emprendido su camino es un alivio. La confirmación de que han hecho bien los deberes y que les ha llegado el tiempo de relajarse y gozar.

Es curioso pero, en los medios rosarinos, se vivió una situación parecida. ¿Cuándo? A fines del año pasado, cuando, sin decir adiós, Luis Novaresio partió a Buenos Aires para sumarse a las huestes de Daniel Hadad.

Al principio la ausencia no se notó, eran los meses de verano, el tiempo en el que el abogado devenido en periodista acostumbraba a tomarse vacaciones. Y cómo el programa que lo lanzó a la fama, “De 12 a 14”, tampoco estaba en el aire, la partida del chico “Diez puntos” pasó inadvertida. Para el público, claro, porque puertas adentro de Televisión Litotal se vivió con gran congoja el “síndrome del nido vacío”.

Tanto fue así que la oficina de la Dirección Artística de la radio, una pecera de cristal en la que se refugiaba Novaresio cuando no estaba en el aire, permaneció cerrada e intacta desde que decidió, de un día para otro, irse a la Gran Capital. Frente a su puerta desfilaban sus antigos compañeros de tareas sin poder ocultar el desconcerto que sentían por no ver, por no escuchar, a quien durante tantos años había sido su guía y luz en su trabajo.

Nadie entró ni salió del despacho hasta el viernes pasado, cuando llegó su reemplazo. Manojo de llaves en mano, probó y probó hasta que dio con la correcta, la que abrió la cerradura de la puerta. Como Silvio Soldán cuando abría el cofre de la fortuna en el gran final de “Feliz domingo”. Entró y se sorprendió de ver que nada había cambiado desde que su antecesor había partido para no volver. Sus libros, sus anotaciones, los auriculares que usaba en el estudio cuando conducía “Diez puntos”, estaban ahí, justo cómo el los había dejado.

Nadie se había atrevido a tocarlos, como los padres que, cuando ven a sus hijos dejar el nido, mantienen sus cuartos tal y como ellos vivían con ellos.

¿Qué hacer con todo eso? Es díficil saberlo, pero algo hay que hacer. Y nadie lo sabe mejor que Roberto Caferra, que es quién ocupa el lugar vacante que dejó el Dr. Luis. El es quien llegó para borrar de una vez y para siempre esa angustia contenida que dejó en el canal, en la radio, en ese segundo hogar que es el lugar de trabajo para los trabajadores, el “síndrome del nido vacío”.
 

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