Cartas de lectores
Lunes 14 de Noviembre de 2016

Un acto de discriminación

Me ha tocado vivir en carne propia las consecuencias de otra ineptitud de nuestras inefables autoridades municipales. En la noche del último martes decidimos visitar la Fiesta de las Colectividades en familia, con un integrante con discapacidad motriz. Concurrimos en mi auto particular, dotado como corresponde con el símbolo internacional de accesibilidad otorgado por el Servicio Nacional de Rehabilitación. Nos aproximamos ingresando por la rotonda de avenida Pellegrini y Belgrano. El tránsito por esta última se encontraba cortado y controlado por agentes de Tránsito de la Municipalidad de Rosario, amén de una discreta presencia de Policía de Santa Fe. Apenas girar a la izquierda por Belgrano unas vallas estratégicamente dispuestas a modo de brete producían filas de autos a la espera de cobrar 30 pesos por derecho a estacionamiento. Pregunté si nuestra condición de vehículo identificado con el símbolo de discapacidad también debía pagar ese cargo obteniendo por toda respuesta: "Son 30 pesos". Nadie nos informó que ese monto era voluntario, que se trataba de un "bono contribución", y lo que es peor, pero mucho peor, es que con ese pago no se accedía a ningún derecho. A la hora de nuestra llegada la "fila" de vehículos estacionados (algunos en a 45º, otros paralelos al cordón) llegaba hasta unos 300 metros del ingreso principal. Me acerqué a un grupo de agentes de Control Urbano y pregunté por el sector destinado a estacionamiento de vehículos de personas con discapacidad. Faltó muy poco para que el interpelado me espetara una carcajada en mi cara. En su lugar, y con una sonrisa me dijo "avance hasta que vea a un agente de tránsito y pregúntele a él, pero si no hay lugar tendrá que dar la vuelta en la rotonda de calle Rioja y regresar por Belgrano hacia Pellegrini". Bastante desorientado por la respuesta le dije que para ese momento la distancia a transitar sería muy superior a los comentados 300 metros dado que se irían llenando los lugares. "Yo no puedo hacer nada", fue su seca respuesta, lo que provocó que, presionado por los vehículos que me precedían, avancé hasta encontrar un agente de tránsito. Repetí la pregunta sobre el lugar reservado para estacionamiento especial y, aunque no lo crean, me dijo: "Ya se completaron los tres lugares disponibles". Tres lugares previstos para una concurrencia estimada en varios miles. El más amplio cálculo basado en la estadística indicaría que, para una concurrencia de 50.000 o 60.000 personas y unos 10.000 vehículos, al menos debió pensarse en 100 plazas (el 1 por ciento). Conclusión: bajamos del auto aún sin estacionar, ubicamos a mi familiar en su silla de ruedas y el resto de mi gente caminó los 200 metros que nos separaban del ingreso. Mientras tanto yo, habiendo "pagado" un emolumento no exigible, mucho menos para un vehículo identificado como especial, giré en la rotonda de Rioja, retomé avenida Belgrano y logré estacionar en un espacio para vehículos sin privilegios a unos 400 metros de la entrada. Es increíble que, a más de 30 años de la primera edición de esta fiesta de culturas, nuestras autoridades no hayan aprendido aún a garantizar el bienestar de personas que padecen de capacidades diferentes. Comprometo como responsables directos de esta afrenta al director de Tránsito, al director de Control Urbano, al secretario de Gobierno de la Municipalidad y a la intendenta municipal. Me ofrezco como testigo de cargo para algún fiscal que, de oficio, quiera iniciar un caso por discriminación flagrante ante el Inadi, o como alternativa una causa por mal desempeño de sus funciones.

Me ha tocado vivir en carne propia las consecuencias de otra ineptitud de nuestras inefables autoridades municipales. En la noche del último martes decidimos visitar la Fiesta de las Colectividades en familia, con un integrante con discapacidad motriz. Concurrimos en mi auto particular, dotado como corresponde con el símbolo internacional de accesibilidad otorgado por el Servicio Nacional de Rehabilitación. Nos aproximamos ingresando por la rotonda de avenida Pellegrini y Belgrano. El tránsito por esta última se encontraba cortado y controlado por agentes de Tránsito de la Municipalidad de Rosario, amén de una discreta presencia de Policía de Santa Fe. Apenas girar a la izquierda por Belgrano unas vallas estratégicamente dispuestas a modo de brete producían filas de autos a la espera de cobrar 30 pesos por derecho a estacionamiento. Pregunté si nuestra condición de vehículo identificado con el símbolo de discapacidad también debía pagar ese cargo obteniendo por toda respuesta: "Son 30 pesos". Nadie nos informó que ese monto era voluntario, que se trataba de un "bono contribución", y lo que es peor, pero mucho peor, es que con ese pago no se accedía a ningún derecho. A la hora de nuestra llegada la "fila" de vehículos estacionados (algunos en a 45º, otros paralelos al cordón) llegaba hasta unos 300 metros del ingreso principal. Me acerqué a un grupo de agentes de Control Urbano y pregunté por el sector destinado a estacionamiento de vehículos de personas con discapacidad. Faltó muy poco para que el interpelado me espetara una carcajada en mi cara. En su lugar, y con una sonrisa me dijo "avance hasta que vea a un agente de tránsito y pregúntele a él, pero si no hay lugar tendrá que dar la vuelta en la rotonda de calle Rioja y regresar por Belgrano hacia Pellegrini". Bastante desorientado por la respuesta le dije que para ese momento la distancia a transitar sería muy superior a los comentados 300 metros dado que se irían llenando los lugares. "Yo no puedo hacer nada", fue su seca respuesta, lo que provocó que, presionado por los vehículos que me precedían, avancé hasta encontrar un agente de tránsito. Repetí la pregunta sobre el lugar reservado para estacionamiento especial y, aunque no lo crean, me dijo: "Ya se completaron los tres lugares disponibles". Tres lugares previstos para una concurrencia estimada en varios miles. El más amplio cálculo basado en la estadística indicaría que, para una concurrencia de 50.000 o 60.000 personas y unos 10.000 vehículos, al menos debió pensarse en 100 plazas (el 1 por ciento). Conclusión: bajamos del auto aún sin estacionar, ubicamos a mi familiar en su silla de ruedas y el resto de mi gente caminó los 200 metros que nos separaban del ingreso. Mientras tanto yo, habiendo "pagado" un emolumento no exigible, mucho menos para un vehículo identificado como especial, giré en la rotonda de Rioja, retomé avenida Belgrano y logré estacionar en un espacio para vehículos sin privilegios a unos 400 metros de la entrada. Es increíble que, a más de 30 años de la primera edición de esta fiesta de culturas, nuestras autoridades no hayan aprendido aún a garantizar el bienestar de personas que padecen de capacidades diferentes. Comprometo como responsables directos de esta afrenta al director de Tránsito, al director de Control Urbano, al secretario de Gobierno de la Municipalidad y a la intendenta municipal. Me ofrezco como testigo de cargo para algún fiscal que, de oficio, quiera iniciar un caso por discriminación flagrante ante el Inadi, o como alternativa una causa por mal desempeño de sus funciones.

Ariel Igea

DNI 8.366.296


Defendamos

la vida

Una carta reciente se pregunta si tiene sentido traer un niño al mundo para que se muera de hambre, de frío, o "venda pañuelitos en los restaurantes", y muestra el aborto como una solución a este problema. Yo pregunto, entonces, si tiene sentido ir a la escuela, si no se aprende nada. O buscar un trabajo, si te convertís en esclavo y a la primera de cambio te despiden. Si vale la pena ir a alentar a tu equipo, si son unos muertos y se sabe que el campeón está comprado. Si tiene sentido ponerse de novio, si al primer enojo te abandonan, o peor casarse, si al año se aburren y el divorcio se pide por internet. Para qué buscar amigos, si están todos relocos y te traicionan por nada. Ni hablar para qué votar, si son todos corruptos y ladrones. Claro, esto es la vida. Es caminar sabiendo que podemos tropezar, pero que con fortaleza, compromiso y responsabilidad salimos adelante y así seguro vamos a crecer, aprender, mejorar en el trabajo, fortalecer el noviazgo o el matrimonio, apuntalar la democracia y hasta disfrutar viendo a tu equipo favorito. Y los que piensan que un niño es mucho más importante que todo esto, justamente a eso me refiero. Es tan importante que merece el derecho a vivir. Merece el desafío de construir una vida con un horizonte pleno, con padres que lo sostengan y guíen su camino. Se hace necesario edificar una cultura diferente, que suprima la cultura de descarte y de muerte que hoy invade toda nuestra sociedad. La vida es un regalo, no un problema, y todo tiene sentido si ponemos el corazón.

Gabriel Campero


Agradecimiento

al Pami

El desmedro de lo público ante una supuesta panacea de lo privado es tan viejo en nuestro país como la historia misma de la Argentina. El Pami es un claro ejemplo de ese fenómeno. El Programa de Atención Médica Integral es una obra social para los adultos mayores que es referencia en varios países y un modelo único en Latinoamérica, pero para gran parte de los argentinos el Pami es sinónimo de conflictos, descuentos en medicamentos, audífonos y sillas de ruedas. Esta institución ha padecido una mala prensa y los medios de comunicación en varias ocasiones han construido un relato destinado, entre otros intereses, a erosionar la fortaleza del Pami. Pero la realidad es otra. El policlínico Pami I de Rosario es una muestra cabal de que la salud pública, gratuita y de excelencia goza de muy buena salud. Esto lo pudimos comprobar con nuestro padre, quien debió ser operado de cadera y tras esa intervención, surgieron complicaciones que generalmente ocurren con un paciente de 83 años. Nuestro padre se recuperó luego de estar varios días en terapia intensiva y con asistencia respiratoria mecánica, gracias a la atención de todo el personal del policlínico. El compromiso con los pacientes y sus familias, y la calidad humana es conmovedora, desde los médicos, enfermeras, pasando por el personal de cocina, de limpieza y de guardia. El problema se presenta para quienes la prioridad son el lujo y la calidad edilicia, pero para quienes buscan contención y certeza en los diagnósticos y tratamientos no hay opción mejor que la medicina que tiene como único objetivo la recuperación del paciente o, en menor medida, la mejor calidad de vida de los últimos años. Nuestro padre lo vivió en carne propia y por eso nosotros lo compartimos y lo celebramos.

Silvia Giovagnoli

DNI 17.729.009

Roberto Giovagnoli

DNI 20.195.335


Amar o abortar, esa es la cuestión

En distintas cartas de lectores, el señor Arderiú como la señora Lione, fijaron sus posiciones acerca del aborto. El señor Marcelo Arderiú debe ser grande para ser defendido como también la señora Cecilia Lione. Por eso, prefiero expresar que la vida intrauterina como el aborto, son materias nítidas de tratar, si nos atenemos a la ciencia biológica y a la filosofía, que nos habla del estatuto metafísico del embrión: es persona humana en desarrollo. Para una inteligencia que quiere ajustarse a la realidad viviente en el útero de la mujer, afirmar que en él anida un nuevo ser humano desde la concepción está fuera de duda. En ese sentido, hablar de "interrupción del embarazo", lleva a preguntarse ¿qué se interrumpe? La vida de un nuevo ser humano, ¿cómo se interrumpe? Como usted lo haría con alguien que desea eliminar: lo mata. Así de simple, así de cruel. Por eso, quienes realizan abortos, los consienten o inducen, necesitan cambiar las palabras (el gran poder de las palabras) o cambiar el eje de la cuestión. Y si lo trasladan a la mujer, ¿quién le dice a ella que arrancarle el hijo que concibió y está gestándose, no es como sacarle una muela? ¿Alguien puede dudar del vínculo afectivo que se va tejiendo entre ella y su bebé, de días o de meses? Por eso, nadie habla del síndrome posaborto. Y las mujeres que abortaron necesitan experimentar un alivio, un consuelo, un perdón y una esperanza: su hijo, al que no dejó nacer, la perdonó, es decir, le concedió otra oportunidad para que viva en ella la vida. Muchos grupos pueden dar testimonio de la ayuda sanadora que se les brinda a ellas. Otro cambio de eje, es trasladarlo a las consecuencias de que el niño, una vez nacido, fuera pobre, infeliz o abandonado. Pues bien, salgamos a matar a todos los niños pobres, hambrientos, infelices o abandonados, así dejarán de sufrir. El consecuencialismo es una teoría ética que no resiste el análisis riguroso. Otro eje, el mito de la superpoblación. ¿Sabía apreciada lectora, Cecilia Lione, que en Santa Cruz hay un habitante por kilómetro cuadrado? Por otra parte, en un canal de aire de nuestra ciudad, se promovió hace pocas semanas el aborto; los invitados, como los conductores, uno más falaz que otro, sostuvieron que brilló "la apertura, el debate, el pluralismo", en unas jornadas realizadas en la Facultad de Medicina hace poco tiempo. A quienes estuvieron y quisieron expresar su pensamiento "políticamente incorrecto", se los marginó y anuló.

Carlos A. Robledo

DNI 14.509.377


La única verdad

es la realidad

Me gusta escribir en Cartas de Lectores por ser un lugar en donde nos podemos expresar con total libertad, pero pareciera que a algunos de mis compatriotas mi forma de decir mi punto de vista en lo concerniente a la actualidad política y pasada les molesta por ser muy distinta a su forma de pensar. Alguien dijo "que la única verdad es la realidad", y pareciera que a muchos el árbol les tapó el bosque. No tengo la capacidad de poder discernir con aquellos que tratan de "fanáticos" a quienes nos sentimos representados por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. ¿Y ellos de quién son fanáticos? ¿O solamente los que creemos en una política que represente a lo popular lo somos? El pueblo siempre vence a pesar de quienes se oponen a que el mismo tenga todos los derechos necesarios para su bienestar. Y lo que es más molesto es que quienes critican nunca dicen cuál es su postura política, y si piensan distinto bienvenidos sean. Que presenten qué es lo mejor para ellos, que para nosotros, los "choripaneros", lo mejor que nos pasó fue en los últimos 12 años.

Néstor Cáceres

DNI 6.072.916


La ciudad más limpia del mundo

En una revista Nueva, de agosto pasado, que se distribuye con la edición de este diario, se lee lo siguiente: "Calgary fue elegida una vez más como la ciudad más limpia del mundo. Cuando se consulta a los habitantes de esta urbe canadiense cuál es su secreto, aseguran que la clave está en la educación, las leyes firmes y el estricto sistema de multas". Calgary, ciudad de la provincia de Alberta, centro ferroviario, comercial e industrial fundada en 1875.

DNI 6.026.802

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