Cartas de lectores
Miércoles 22 de Junio de 2016

Últimas escenas del naufragio

Las imágenes de quien fuera hasta hace pocos meses uno de los hombres más poderosos de Argentina revoleando bolsos en la madrugada para intentar esconder en un convento más de ocho millones...

Las imágenes de quien fuera hasta hace pocos meses uno de los hombres más poderosos de Argentina revoleando bolsos en la madrugada para intentar esconder en un convento más de ocho millones de dólares tienen una potencia tremenda. No es nada que no supusiéramos, pero la imagen vale más que mil argumentos. Los efectos de ese número cinematográfico son todavía impredecibles, aunque ya han comenzado. Algunos legisladores se separaron del bloque del Frente para la Victoria. En el ámbito judicial, la siesta de muchos magistrados federales debió ser abruptamente suspendida. Causas cajoneadas durante largo tiempo tuvieron un súbito despertar. En horas se hicieron más citaciones y diligencias que en años. Varios políticos y personalidades de la farándula que nos venían predicando las bondades del "proyecto nacional y popular" han visto flaquear su fe. Es comprensible la desesperación de muchos militantes que de buena fe compraron el pescado podrido que les vendían. Pero, una vez repuestos del shock, deberían reflexionar un poco. Si todos los colaboradores cercanos de los Kirchner eran corruptos, el matrimonio no era tan avispado como lo pintaban. En Argentina se montó durante doce años un sistema de corrupción a gran escala, organizado por Néstor y Cristina Kirchner. El enriquecimiento ilícito de esta pareja y de sus testaferros y socios no tiene parangón en nuestra historia. Nos queda a todos los argentinos meditar sobre los extremos a los que hemos llegado, para que juntos podamos construir un país serio, confiable, abierto a la innovación y la creatividad, que genere oportunidades y progreso con equidad social. Los países que lo lograron en el mundo son los que están firmemente asentados en el Estado de Derecho. Los otros, en los que no impera la ley sino la voluntad omnímoda del caudillejo de turno, terminan con sus altos funcionarios corriendo en la oscuridad de la noche con bolsos inexplicables.

Jorge R. Enríquez

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