El Viaje del lector
Domingo 19 de Febrero de 2017

¡Viva la patria! ¡Viva San Martín!

Como en otras oportunidades me tocó revivir el Cruce de Los Andes. Con mi cámara fotográfica y filmadora en mano, muy poco entrenado, algo de abrigo, bolsa de dormir prestada, consejos médicos (y de Miriam, mi pareja), partí con la idea de reflejar lo mejor posible las vivencias, los rostros, los paisajes, tal vez para una muestra, un libro o un video documental.

En la terminal de √≥mnibus de Mendoza nos encontramos con expedicionarios de todo el pa√≠s, de todas las edades, entre 13 y 75 a√Īos. Padres e hijos, amigos, periodistas, y el personal de la Asociaci√≥n Cultural Sanmartiniana, organizadora del cruce a lomo de mula.

Eramos dos grandes grupos, con mochilas, bolsos, carpas y demás bultos para realizar el cruce. Uno por Uspallata y otro por El Portillo, uno al oeste de Mendoza y otro por el sur. A los pocos días llegaría otro grupo,quienes realizarían el cruce por Los Patos (San Juan).

El primer d√≠a se realiz√≥ en el Regimiento de Infanter√≠a de Monta√Īa 16 de Uspallata un desfile y la salida del Ej√©rcito que tambi√©n har√≠a el viaje por los 200 a√Īos del cruce de San Mart√≠n. Por supuesto, ellos con toda la tecnolog√≠a, comunicaciones satelitales y muy buen estado f√≠sico. Luego tuvimos un d√≠a para conocer a nuestras mulas y caballos, ensillar, montar y practicar.

Al dia siguiente, a las seis arranc√≥ la infanteria rumbo a Los Andes. Mucha agua, equipo liviano y todas las espectativas. A media ma√Īana sali√≥ la caballer√≠a a toda voz con la Marcha de San Lorenzo. Mientras tanto, yo me trasladaba en camioneta 4x4 al refugio Scaravelli, al oeste del Tupungato, donde me reencontr√© con los expedicionarios que realizaban el paso por El Portillo (lugar con no gratos recuerdos, ya que que hace a√Īos hice el mismo paso y termin√© descompensado, desidratado e internado, y con suero por no estar entrenado y no tomar la suficiente agua).

Mulas inquietas

Luego de una noche muy dura, con mateada, clases de historia, y fog√≥n a unos 3.200 metros, costaba conciliar el sue√Īo por el fr√≠o, el viento y sobre todo por el piso muy duro de piedras. Por una travesura de las mulas, que se les ocurri√≥ escaparse en plena noche, los vaqueanos tuvieron que salir, linterna en mano, y a los gritos lograron recuperarlas en plena oscuridad.

Ac√° tambien se madruga. A las cinco ya estaba listo el desayuno, mientras cada uno preparaba su montura y se cargaban las mulas con las provisiones. Yo s√≥lo sacaba fotos, filmaba y disfrutaba del paisaje, siempre mirando hacia arriba en busca del due√Īo del lugar: el c√≥ndor.

Cruzando arroyos y siguiendo el sendero histórico, arrancó la carabana. Unos cien jinetes, entre vaqueanos, expedicionarios y el personal del Ejercito, incluidos médicos y cocineros, uno de los cuales el día anterior había cazado un jabalí, que como todo bicho de la zona terminó en la parrilla.

Paisajes incre√≠bles, con miles de formas entre las distintas piedras, algunas lagartijas y peque√Īas aves nos acompa√Īaban. Por supuesto, nada de verde, ni pasto, ni plantas, lo que nos hizo recordar la estrategia de San Mart√≠n de llevar mulas con le√Īa y alimento no s√≥lo para los granaderos sino tambi√©n para los animales.

Mi tarea era adelantarme, subir a pie, y esperar a la carabana en el mismo Portillo, a 4.200 metros. Unico lugar donde sí o sí pasó San Martín cuando regresaba de Chile, en su octavo viaje ya como civil. Una estatua en el Manzano Histórico lo recuerda de poncho y sombrero sobre un caballo con las cuatro patas sobre la tierra.

Casi sin aire, agitado y raspado por algunas piedras, logré llegar a mi cumbre, al Portillo, y como bendición pasó un cóndor seguramente custodiando su territorio, con toda su magestuosidad y negrura. Al poco tiempo pasó la caravana y pude sacar mis mejores tomas. Nos alentábamos mutuamente con gritos de alegría y, por qué no, alguna lágrima.

La bajada era muy dura, casi a 45 grados, pero las mulas no son suicidas y logran pasar a su ritmo, lento y seguro, aunque pateando algunas piedras al precipicio.

Al d√≠a siguiente me reencontr√© con la carabana de Uspallata, que junto con el Ej√©rcito recrearon la Batalla de Picheuta en el mismo maravilloso lugar donde s√≥lo queda un puente de piedra, que se ve en algunas etiquetas de alg√ļn vino mendocino.

Entre precipicios

En este paso, el paisaje m√°s imponente lo da el Paramillo, donde la caravana tiene cientos de metros de piedras por sus cabezas y unos 300 metros de precipicio con el r√≠o Mendoza en el fondo. Por este lugar pas√≥ la infanteria, que de no ser por las banderas, apenas se los distingu√≠a en plena monta√Īa. Y tambi√©n pas√≥ la caballer√≠a, con las banderas de Argentina, Chile, Per√ļ, de Los Andes y del Vaticano.

En estos d√≠as tambi√©n nos toc√≥ lluvia, que por la altura y el viento no era nada agradable, pero las carpas resistieron lo m√°s bien, ya que utilizamos de contrapeso unos hierros que encontramos en las v√≠as abandonadas que nos acompa√Īaron durante casi todo el recorrido. Es mas, un d√≠a se acamp√≥ en Polvaredas, una estaci√≥n del ferrocarril abandonada, con sus duendes y fantasmas.

En cada lugar no s√≥lo se escuchaban clases de historia sobre San Mart√≠n, recuerdos de la guerra de Malvinas de los mismos excombatientes que nos acompa√Īaban, uno de los cuales es el soldado con mayor cantidad de condecoraciones de todo el pa√≠s, por lo que por donde pasaba, todos los soldados del cuartel se sacaban fotos con √©l.

Y as√≠ llegamos como otros a√Īos al Cristo Redentor, con marchas y cantos, con mucho viento y las cumbres algo blancas por la nieve de dias anteriores. Los abrazos fuertes, l√°grimas, banderas que algunos hab√≠an levado a modo personal, como la de Arij√≥n, que venia de Soldini en representacion de su hermano, excombatiente, que muri√≥ hace pocos meses, y le pidi√≥ que fuera en su lugar. Otros, como yo, nos trajimos un poco de esa tierra colorada con piedritas como testimonio. Pero por sobre todo nos trajimos nuevos amigos, hermanos de la monta√Īa, todos con sus experiencias y problemas a cuestas, pero en la cima estamos todos unidos, compartimos una historia sanmartiniana y personal. Extra√Īamos a nuestros seres queridos, sin comodidades, sufriendo el mal tiempo, las ampollas, los calambres, pero la vista del Cristo Redentor te da la paz y las fuerzas para seguir.

¡Viva la patria! ¡Viva San Martín!¡Viva el Ejército de Los Andes!

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