Turismo
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Venecia, ahogada por los cruceros

La ciudad vive una auténtica oleada de barcos que visitan cada día sus aguas. Algunas asociaciones luchan por mantenerla libre de las grandes embarcaciones que este año traerán más de un millón y medio de turistas.

Entrar en la laguna de Venecia en un crucero proveniente del Adriático superando el puerto del Lido (una alargada isla de 12 kilómetros), adentrarse en el bacino (cuenca) de San Marco y recorrer el canal de la Giudecca observando el centro histórico de la isla hasta atracar en la estación marítima es una experiencia inolvidable.
   Los datos del Terminal de Pasajeros de Venecia prevén que en 2017 un millón y medio de turistas de más de 450 cruceros disfrutarán de esta experiencia, en una temporada que comenzó en abril y que tiene su punto álgido a partir de julio, cuando atracan cada mes más de 70 cruceros de media.
   Pero una cosa es disfrutar de la ciudad de forma momentánea y otra convivir diariamente con la masiva llegada de turistas, hasta 25 millones anuales si se cuentan los que llegan y se van el mismo día, que son más de 15 millones, en un centro histórico que tiene 63.076 habitantes según el censo del ayuntamiento de 2016. "Es una presión que no podemos soportar", se lamenta Marco Gasparinetti, representante de la asociación 25 Aprile, una de las que pone voz a los venecianos que ven cómo los cruceros que entran en la laguna conllevan una serie de inconvenientes ambientales y económicos que amenazan con destruirla.
   Y es que se trata de embarcaciones que pueden llegar a medir hasta 270 metros de largo, 60 de alto, 35 de ancho, que alcanzan las 100.000 toneladas de peso y que se acercan a las orillas de la ciudad en lo que se conoce como un rozamiento molesto, testimoniadas por algunos angustiantes vídeos tomados en los últimos años.
   Además, la Agencia Regional para la Protección Ambiental redacta regularmente distintos informes sobre la contaminación del aire, que aumenta según lo hace el tonelaje de las embarcaciones, la contaminación acústica que éstas provocan o las hélices que mueven una masa de sedimentos que no se puede reconstituir. "Nosotros somos la única civilización que todavía vive en el agua: quien quiere verse con su madre, va en barco; cuando estamos enfermos necesitamos un barco que nos lleve al hospital; la basura se recoge con los barcos, los muertos también. Esto es Venecia", resume Gasparinetti sobre el uso de la laguna.
   En marzo de 2012, dos meses después del mediático naufragio del Costa Concordia frente a la costa italiana que dejó 32 muertos, el decreto Clini-Passera se propuso prohibir el tránsito de embarcaciones de más 40.000 toneladas por la cuenca de San Marco, pero hasta hoy el denominado Comitatone italiano todavía no ha elegido la vía alternativa.
   El Comitatone (creado en 1984 para la salvaguardia de Venecia) está compuesto por el primer ministro italiano, los de Infraestructuras y Transportes, Bienes Culturales y Ambientales y de la Instrucción, además del presidente de la Junta Regional del Véneto y los alcaldes de Venecia y Chioggia.
   En estos más de cinco años el ayuntamiento de Venecia ha reunido varias propuestas que los medios locales han ido recogiendo al principio con interés pero cada vez con más suspicacia porque ninguno es finalmente aprobado: desde una entrada en la laguna al sur del lido hasta la excavación de nuevos canales.
   Todos estos proyectos han sido desestimados "por motivos científicos u otros", explica la Autoridad Portuaria a Efe, que mantiene en secreto el último proyecto y sólo quiere confirmar que se trata de volver a excavar el canal ya existente Vittorio Emanuele, algo aceptado incluso por la Unesco.
   Sin embargo, este proyecto no es válido para las asociaciones ambientalistas de Venecia porque abrir el canal Vittorio Emanuele provocaría que las embarcaciones realizaran un recorrido por la laguna de unos 20 kilómetros, que haría aumentar la emisión de elementos contaminantes.
   Además, el canal debería ser duplicado en profundidad y anchura, lo que provocaría la erosión del fondo marino y la extracción de siete millones de metros cúbicos de un fango contaminado por la cercanía con Porto Marghera, un área industrial que en 2014 contaba con unas 1.000 empresas de sectores industriales.
   También Francesca Barbini, responsable de la delegación de Venecia del Fondo Ambiental Italiano (FAI), denuncia el riesgo del fango, que iría a parar a las conocidos como casse colmate, islas artificiales creadas en los años 60 para albergar los residuos provenientes de los nuevos canales industriales creados entonces.
   "La solución del canal que van a proponer es peor que lo que tenemos hoy", concluye Gasparinetti, porque con esta excavación, aunque se evitaría que las naves pasaran por la cuenca de San Marco, llegarían igualmente a una estación marítima que las asociaciones creen demasiado cercana a las casas.
   El pasado 2 de julio, coincidiendo con el comité anual de la Unesco, unas mil personas de unas 30 asociaciones marcharon por la ciudad para "retomar el derecho de vivir en Venecia" y protestar contra la postura de la organización de las Naciones Unidas de no tomar una decisión sobre la ciudad hasta 2019.
   Una solución alternativa es la que propone el comité No Grandes Naves, que el pasado 18 de junio organizó un referéndum popular que consiguió el sí del 98,7% de los votantes a la pregunta "¿Quieren que los barcos se vayan de la laguna y que no sean efectuadas nuevas excavaciones en el interior de la misma?". Votaron casi 18.000 personas (el 80 % venecianos) en un referéndum que no tiene vinculación oficial pero cuyo resultado se pretende presentar al gobierno italiano "para hacer saber qué piensan los venecianos", que no es otra cosa que los cruceros directamente no entren en la laguna.
   "Esta ha sido una demostración de que podemos retomar un bien común que nos ha sido robado", manifestó tras su recuento de votos el comité, nacido en 2012 y que se encuentra en las antípodas de lo que expone el alcalde de la ciudad, Luigi Brugnaro, que habla de "operación política y mentirosa".
   Pero los cruceros que siguen pasando por el canal de la Giudecca no son más que una parte del problema, porque del millón y medio de turistas anuales que bajan de las naves, la mayoría de ellos visita Venecia en la misma jornada, sin pernoctar, lo que provoca que económica y culturalmente tengan muy poca incidencia en la ciudad.
   "¿Qué pueden hacer los cruceristas en Venecia en tres horas?", se pregunta retóricamente Gasparinetti antes de responderse que "comprar baratijas y dejar basura", y es que "con este tipo de turismo todas las cosas acaban en el agua", explica para ilustrar el problema de los turistas de paso.


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