Turismo
Domingo 30 de Julio de 2017

Ushuaia, la cautivante atracción del fin del mundo

La capital de Tierra del Fuego es la ciudad más austral del mundo, y la única de Argentina que se encuentra del otro lado de la cordillera. Es el escenario ideal para la práctica de deportes de invierno

El regreso disparó la pregunta esperada. La obvia. La de todos los retornos a casa. "¿Cómo te fue en Ushuaia?", fue el interrogante que se repitió en un par de oportunidades. Y en cada una, cuando ensayé algún esbozo de respuesta, sentí que me quedaba corto. Parecían intenciones livianas, infructuosas, que quedaban atrapadas y no podía exteriorizar. Y en realidad no había nada que ocultar, simplemente no lograba exponer ese caudal interior.
   Ante ese panorama, tenía en claro el ejercicio que debía realizar. Tenía que identificar aquello que no lograba transformar en palabras, y decodificarlo debidamente. Unos minutos después, tras analizar con más profundidad el asunto, conseguí comprender las causas. Es que viajar al fin del mundo toca las fibras más íntimas. Contemplar su magnitud moviliza. Emociona. Las sensaciones invaden el cuerpo y la mente advierte vibraciones muy profundas. Por eso se ganó el cartel de destino turístico consagrado a nivel mundial. Porque visitar uno de los puntos más recónditos del planeta probablemente no asome como una de las primeras opciones en la agenda, pero claramente, luego de hacerlo se convierte en una cita inolvidable, en una experiencia única, absolutamente cautivante, todo el año.
   Ushuaia es un lugar único. Una cantidad innumerable de argumentos validan esta inapelable sentencia. En gran parte por su ubicación geográfica. Se encuentra en uno de los extremos del planeta. Y también posee cualidades escénicas particulares por estar rodeada por la cordillera de Los Andes y el mar Atlántico Sur, uno de los más místicos del planeta. Ostenta una silenciosa pero atrapante historia. Desde la época de glaciares, pasando por un intento de evangelización de una familia inglesa que había llegado desde las Islas Malvinas, su conversión en una ciudad carcelaria, hasta lo que es hoy: un destino incomparable.
   La ciudad más austral del mundo es la única de Argentina que se encuentra del otro lado de la cordillera, ya que en esa latitud, se ubica de este a oeste. Está rodeada de cumbres y lagos helados. Ese es el marco que expone este lugar en donde el viento manda. Es un completo condicionante. "Si sopla desde la Antártida, es tremendo", explica la guía en el primer contacto con la naturaleza fueguina. Su voz suena mientras los dedos de las manos exhiben una inquietante rigidez por las bajas temperaturas.
   Así fue el ingreso a la Reserva Natural Alarkén, donde está enclavado el hotel Arakur Ushuaia, uno de los destinos más distinguidos de la ciudad, y cuya referencia más descriptiva es que fue el elegido por el actor Leonardo Di Caprio para hospedarse durante el rodaje de la película "El renacido".
   Pisada a pisada, uno se va transformando en parte del paisaje. Es inevitable sentirse insignificante al caminar por los senderos del bosque, donde los árboles de lenga se imponen por su tamaño y cantidad. Lentamente, el frío comienza a perder protagonismo. El entorno provoca que su injerencia quede en un segundo plano. Los picos nevados de los cordones montañosos que se ven a lo lejos, y la belleza que entregan la flora y la fauna, que gran parte de ella es difícil de divisar, acaparan toda la atención.
   La caminata por la reserva natural es atrapante. Y llegar a la cumbre del cerro potencia esa sensación. Es estar parado en una roca a más de 200 metros de altura sobre el nivel del mar, y tener el panorama más claro. Desde ahí se pueden observar los más importantes elementos de este ecosistema fueguino. Se ve cómo el canal Beagle reposa al pie de la ciudad, que es envuelta por un imponente cordón montañoso que tiene como protagonistas a los cerros Monte Olivia, Cinco Hermanos y Castor (donde se encuentra uno de los mejores centros de ski del mundo).

   Esa visión panorámica entrega imágenes imponentes. Pero también denota todo lo que esconde. Porque los tan conocidos lagos de la zona quedan ocultos. Como también sucede con el Paso Garibaldi, el punto más alto de la ruta 3 que comunica a Ushuaia con el resto del país. Y al mismo tiempo obliga a pensar cómo era la vida de los Yamanas, los indios que habitaron la zona por miles de años, según relata lo que ya parece una leyenda. Y cómo fue la misión del reverendo inglés Thomas Bridges, que en 1863 viajó desde las Islas Malvinas a Tierra del Fuego con el objetivo de evangelizar a las tribus de la zona.
   Trasladarse mentalmente a aquellos tiempos se hace más difícil al hacer base en el hotel Arakur. Pensar en eso y disfrutar de las comodidades del lugar promueve un contrapunto inmenso. El contraste entre cómo vivían los oriundos del lugar y el lujoso hotel y spa, que está ubicado a cinco kilómetros del centro de la ciudad, es clarísimo. Así lo establecen sus distintos espacios que evidencian lujos por doquier. Todos con impresionantes panorámicas que hacen de la estadía una irrenunciable invitación a la contemplación y la relajación.
   La panorámica de Ushuaia estaba clara. Entonces era el momento de meterse en el interior del lugar. El mismo en el que hace más de un siglo se construyó el Penal de Ushuaia, una cárcel destinada a albergar a los delincuentes más temidos y a presos políticos que funcionó hasta fines de la década del 50. Entre ellos el tan conocido Petiso Orejudo, uno de los mayores psociópatas de la historia argentina. Y una excursión por los lagos más emblemáticos del lugar en 4x4 es la mejor manera de hacerlo.
   Rápidamente, tomamos rumbo hacia el noroeste con destino al mirador del Lago Escondido. Atravesamos el viejo Paso Garibaldi, un camino que lleva ese nombre en homenaje a quien lo trazó. Se trató del hijo de un italiano y una india ona, que era un gran conocedor de la montaña. Y la tarea estuvo a cargo de presos de la cárcel del lugar que tardaron 18 años en abrir camino.
   Atravesar esa ruta fue todo un desafío. Así lo estableció la fisonomía del camino que fue abierto hace decenas de años para conectar a Ushuaia con el resto del país. Pero sorteado ese escollo, que no es una ruta obligatoria ya que se abrieron nuevos caminos, llegó el momento de la observación.
   La camioneta dejó de ser una coctelera y comenzó a bordear el lago Fagnano. Luego el lago Escondido, un lugar soñado para los amantes de la pesca. Y así van pasando distintos escenarios con sus diferentes protagonistas. El zorro colorado fue uno de los primeros en aparecer. Contrariamente a lo que indica su nombre, se mostró como un animal inofensivo, pero que siempre mantuvo cierta distancia, a sólo un puñado de metros.
   Fue imposible de divisar a los castores, aunque las inmensas represas o diques que construyen son una parte de la escena que se repite a cada momento y las marcas de sus mordiscos en los troncos. Porque este roedor semiacuático que fue traído desde Canadá se convirtió en una plaga. Simplemente porque su llegada tenía como fin comercializar su piel, pero cuando se adaptó a ese ecosistema su piel ya no servía para ese objetivo, y en Ushuaia no tiene depredadores.
   Esta situación, y el hecho de que se alimentan en el bosque, hizo que deban ser controlados periódicamente. Incluso en ciertos establecimientos gastronómicos, ante este panorama, comenzaron a ofrecerlo en la carta con procesos muy elaborados por cuestiones del tipo de carne de estos arquitectos de la naturaleza.
   La siguiente estación, "el fin del mundo". Tras hacer base en el hotel Los Cauquenes, ese fue el destino. A la bahía Ensenada, el punto más al sur al que se puede llegar por una ruta. En el camino otra vez aparece la historia de la penitenciaría. Porque cruzamos el río Pipo y bordeamos el monte Susana, por nombrar algunos. El primero lleva el nombre del único preso que logró escapar y no terminó siendo recapturado, o volviendo para sobrevivir. Y el segundo el de una cocinera del lugar que, según cuenta la leyenda, imponía un marcado respeto por su carácter. En esos tiempos había un dicho que decía, "Si se enoja Susana, preparate".
   A 17 mil kilómetros de Alaska espera el canal de Beagle. De fondo se observa el icónico cerro Cóndor, que marca el límite con Chile. Hasta la altura donde tiene árboles es territorio argentino, y de ahí para arriba es suelo chileno, que durante toda la recorrida por Ushuaia está a la vista. Y a orillas del canal interrumpe un sendero que sirve de entrada a un tupido bosque que forma parte del Parque Nacional.
   Sólo hacen falta un par de pasos para ingresar a otro ecosistema. Se destaca la presencia de la planta de Canelo, una especie siempre verde que es el árbol sagrado del pueblo mapuche. Y cuyas semillas se utilizan para preparar una pimienta muy fuerte. Además, es la planta que solían masticar los piratas porque contiene vitamina C. También llaman la atención las frutillas silvestres y la importante cantidad de líquenes (simbiosis entre un hongo y un alga que aparecen en lugares donde hay baja polución) que adornan el lugar.
   El recorrido continúa hacia el lago Roca y el río Lapataia. Con un stop obligado en el Centro de Visitantes Alakus, donde se encentra un museo dedicado a los yamanas, la comunidad originaria de la zona que se extinguió como producto del desembarco de los colonizadores.
   Ushuaia tiene un sinfín de atracciones naturales. Pero hay una que fácilmente puede catalogarse como única. Se trata de la navegación personalizada que ofrece el hotel Los Cauquenes. La embarcación Akawaia deja el muelle cuando empiezan a asomar las estrellas y llega el momento de contemplar un entorno distinto de este destino.
   La proa del navío apunta a las islas Bridges. Durante la navegación el capitán, Gabriel, se convierte en el anfitrión. Repasa rápidamente la historia de la ciudad, y brinda una clase magistral de cómo logra navegar gracias a las referencias que le dan las estrellas.
   No faltaron las anécdotas y la referencia al faro del fin del mundo. Los motores de la embarcación se detienen cuando las amarras se afirman sobre un pequeño muelle en la isla Olivia. La invitación es a descender y recorrerla bajo un cielo que brilla como en muy pocos lugares del mundo.
   Otra vez a bordo, llegó el momento de disfrutar de Ushuaia a través de otro sentido: el sabor. De entrada una ensalada de centolla, una cazuela de cordero como plato principal y una creme brulee de postre terminaron de redondear una experiencia imborrable. Fue un cierre ideal para un viaje distinto. Una impactante experiencia que movilizó todos mis sentidos. Vivencias únicas en el fin del mundo.

Alojamiento

Arakur Ushuaia
Resort & Spa
www.arakur.com reservas@arakur.com (2901) 44 2901 - (11) 4781 4777

Los Cauquenes
Resort + Spa + Experience
http://www.loscauquenes.com reservas@loscauquenes.com (2901) 441 300 - (11) 4735 2648

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