Turismo
Domingo 17 de Septiembre de 2017

Laberintos de piedra

Las primeras noticias de la existencia de minerales preciosos en Lavalleja parecen haber sido originadas por un aventurero francés llamado Petitvenit, unos 40 años antes de la fundación de la Villa de la Concepción de las Minas. Este hombre recorrió parte de la región de la actual Cuchilla Grande, y las zonas aledañas al valle serrano allá por la década de 1740, y remitió a España lo que parecían ser, a su juicio, muestras de oro y piedras preciosas.
   La corona decidió comisionar al coronel de Dragones, Antonio de Escurruchea, quién primitivamente se dirigía al Potosí para verificar el aserto de Petitvenit. Al parecer resultó así, ya que pocos años después, precisamente en 1751, el rey de España decreta ayuda para los vecinos de Montevideo que desean explotar los yacimientos de la zona.
   En 1760 arribó a la zona Don Cosme Alvarez, vecino de Montevideo, español y emprendedor. Empeñado en su aventura, llegó decidido a jugarse por entero en pos de la ilusión de todos los buscadores: dar con la veta que, más que hacerlo un hombre rico, transformaría su vida. Don Cosme realizó las primeras excavaciones y se dio por vencido cinco o seis años después, sin haber alcanzado su sueño.
   Posteriormente, en los alrededores se localizaron algunos yacimientos, como los de Arroyo Campanero Chico y los de El Soldado, pero el más prometedor fue localizado en la que hoy se conoce como Minas Arrospide o más popularmente "Minas de Oro". En la misma se comprobó la existencia de cuarzo aurífero, con un tenor de nueve gramos del preciado metal por tonelada, valor que hacía rentable su extracción.
   Años después fueron otros quienes catearon la mina, iniciando el hoy llamado pozo de la Calavera. La excavación se encuentra a unos siete kilómetros al este del centro de la ciudad de Minas, y años más tarde fue adquirida por Arrospide, de quién adquirió su renombre.
   En el mencionado pozo de la Calavera, y al llegarse a una profundidad de catorce metros, se comenzó a extender una red de galerías y nuevos pozos que en 1938, ya superaban los mil metros de extensión. Fue en este año que se suspendieron los trabajos, quedando el lugar abandonando por décadas. Andando los años, y ante el peligro representaban algunas galerías precariamente apuntadas y profundos y pozos inundados, el ente estatal que arrendaba, UTE, decidió tapiar su entrada evitar accidentes a los aventureros que nunca faltaban en la zona.
   Pero la pasión por la aventura terminó por triunfar y se la acondicionó. Se apuntalaron algunas galerías, y se instaló una red de iluminación para que el público pudiera visitarla.


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